lunes, 8 de abril de 2019

Un fin de semana bastante provechoso


El fin de semana pasado no hice gran cosa, y sin embargo fue bueno. Al decir esto me refiero al sábado, en que pasé la mayor parte del día en la cama y solamente salí de la casa para ir a una tienda de conveniencia a comprar una de mis bebidas predilectas, un destilado de caña. Se me acabó la cerveza y no fui a comprar más. A propósito de esto, me he dado cuenta de que se ha elevado mi consumo de bebidas alcohólicas, algo que no me preocupa pues he estado tomando una cerveza de 355 mL con la cena, acompañándola de sorbos de destilado de caña y en consecuencia el consumo es bajo, pero en la madrugada despierto con mucha sed y estar tomando estas bebidas podría estar contribuyendo a una deshidratación que si bien no es seria, sí podría ser perjudicial en cierta medida. Además necesito tomar limonada por la vitamina C, importantísima porque he incrementado mi actividad física en las últimas semanas.

Volviendo al sábado pasado, 6 de abril, ni siquiera me bañé y después de hablar por teléfono con la psicóloga que me atiende, sentí que debía alejarme de ella por alguna razón que no puedo determinar. Es posible que se esté dando un involucramiento fuerte entre ella y yo, lo cual no necesariamente debería ser motivo de preocupación, pero puesto que no podemos llegar a nada, parece conveniente evitar un sufrimiento innecesario.

El domingo me levanté muy tarde (aunque me había acostado tarde también), sintiéndome muy cansado y al salir de la cama pensé que muy probablemente no me ejercitaría tampoco ese día y el kilometraje de la semana quedaría en 40 km, realizado el jueves sobre rodillos. Sin embargo, tomé dos tazas de café e inmediatamente me sentí mucho mejor. Subí a prepararme para ejercitarme en mi bicicleta de carreras sobre rodillos, pero regresé a la cocina a comerme mi plato de avena hervida en agua con pasitas. Una vez hecho esto, decidí tomar un baño y ponerme mis prendas de ciclismo; de pronto cobré conciencia de que si no salía a andar en bicicleta en carretera rompería una racha de tres semanas seguidas y entonces tomé mi bicicleta y me fui. Eran cerca de la una de la tarde.

Hice mi recorrido habitual, por la carretera a Nogales, entrando a la maxipista y dando media vuelta en la primera caseta, 30 km hasta ese punto. En el trayecto de regreso me sentí muy fuerte y al pasar por La Venta del Astillero, incrementé el ritmo, mismo que mantuve hasta que llegué al periférico y tomé la avenida por la que regreso a casa. Al terminar habría recorrido 60 km, quedándome en una lectura de 1490 km en el odómetro de mi Cyclocomputer, por lo que fui a recorrer los restantes 10 km en un trayecto cerca de mi casa.

Al terminar, ya en mi vivienda, tomé un baño y almorcé, después de lo cual llevé a mis mascotas al parque donde permanecimos alrededor de 40 minutos. Me dirigí a casa una vez más para salir rumbo a Walmart, a comprar el mandado de la semana. Al regresar le pedí a mi madre que me diera de comer y después me senté en la sala a ver la película “Sophie Scholl, los últimos días”, una obra extraordinariamente bien realizada. Me conmovieron las últimas escenas, cuando Sophie y  Hans Scholl, junto con Christoph Probst son juzgados y condenados a muerte, incluso lloré.

Subí a mi habitación antes de la media noche y después de tomar mis medicamentos (risperidona y pregabalina), pasé unas dos horas en la cama, con la luz apagada antes de poder conciliar el sueño. Había dejado como tarea pendiente lavar prendas de ropa, algo que no había hecho en las últimas tres semanas.

Cuando desperté intuí que ya era de día y al prender el radio, todavía en la oscuridad me di cuenta de que así era, pues ya había comenzado uno de los noticieros matutinos y debían ser un poco más de las seis de la mañana. Tomé muchas prendas de ropa sucia y bajé al patio trasero, a lavarlas a mano en compañía de mis perritas.

No leí nada este fin de semana, pero a pesar de ello lo consideré bueno principalmente porque mi estado de ánimo ha mejorado mucho a la par de mi forma física y ahora, por los recorridos ciclistas dominicales en carretera tengo la piel bronceada y una figura más delgada que me ayuda a proyectar la imagen de un hombre maduro en forma, en control de su vida.

Por lo menos eso es lo que yo quiero pensar.

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