El fin de semana pasado no hice gran cosa, y sin embargo fue
bueno. Al decir esto me refiero al sábado, en que pasé la mayor parte del día
en la cama y solamente salí de la casa para ir a una tienda de conveniencia a
comprar una de mis bebidas predilectas, un destilado de caña. Se me acabó la
cerveza y no fui a comprar más. A propósito de esto, me he dado cuenta de que
se ha elevado mi consumo de bebidas alcohólicas, algo que no me preocupa pues
he estado tomando una cerveza de 355 mL con la cena, acompañándola de sorbos de
destilado de caña y en consecuencia el consumo es bajo, pero en la madrugada
despierto con mucha sed y estar tomando estas bebidas podría estar
contribuyendo a una deshidratación que si bien no es seria, sí podría ser
perjudicial en cierta medida. Además necesito tomar limonada por la vitamina C,
importantísima porque he incrementado mi actividad física en las últimas
semanas.
Volviendo al sábado pasado, 6 de abril, ni siquiera me bañé
y después de hablar por teléfono con la psicóloga que me atiende, sentí que
debía alejarme de ella por alguna razón que no puedo determinar. Es posible que
se esté dando un involucramiento fuerte entre ella y yo, lo cual no
necesariamente debería ser motivo de preocupación, pero puesto que no podemos
llegar a nada, parece conveniente evitar un sufrimiento innecesario.
El domingo me levanté muy tarde (aunque me había acostado
tarde también), sintiéndome muy cansado y al salir de la cama pensé que muy
probablemente no me ejercitaría tampoco ese día y el kilometraje de la semana
quedaría en 40 km, realizado el jueves sobre rodillos. Sin embargo, tomé dos
tazas de café e inmediatamente me sentí mucho mejor. Subí a prepararme para
ejercitarme en mi bicicleta de carreras sobre rodillos, pero regresé a la
cocina a comerme mi plato de avena hervida en agua con pasitas. Una vez hecho
esto, decidí tomar un baño y ponerme mis prendas de ciclismo; de pronto cobré
conciencia de que si no salía a andar en bicicleta en carretera rompería una
racha de tres semanas seguidas y entonces tomé mi bicicleta y me fui. Eran
cerca de la una de la tarde.
Hice mi recorrido habitual, por la carretera a Nogales,
entrando a la maxipista y dando media vuelta en la primera caseta, 30 km hasta
ese punto. En el trayecto de regreso me sentí muy fuerte y al pasar por La
Venta del Astillero, incrementé el ritmo, mismo que mantuve hasta que llegué al
periférico y tomé la avenida por la que regreso a casa. Al terminar habría
recorrido 60 km, quedándome en una lectura de 1490 km en el odómetro de mi
Cyclocomputer, por lo que fui a recorrer los restantes 10 km en un trayecto
cerca de mi casa.
Al terminar, ya en mi vivienda, tomé un baño y almorcé,
después de lo cual llevé a mis mascotas al parque donde permanecimos alrededor
de 40 minutos. Me dirigí a casa una vez más para salir rumbo a Walmart, a
comprar el mandado de la semana. Al regresar le pedí a mi madre que me diera de
comer y después me senté en la sala a ver la película “Sophie Scholl, los
últimos días”, una obra extraordinariamente bien realizada. Me conmovieron las
últimas escenas, cuando Sophie y Hans
Scholl, junto con Christoph Probst son juzgados y condenados a muerte, incluso
lloré.
Subí a mi habitación antes de la media noche y después de
tomar mis medicamentos (risperidona y pregabalina), pasé unas dos horas en la
cama, con la luz apagada antes de poder conciliar el sueño. Había dejado como
tarea pendiente lavar prendas de ropa, algo que no había hecho en las últimas
tres semanas.
Cuando desperté intuí que ya era de día y al prender el
radio, todavía en la oscuridad me di cuenta de que así era, pues ya había
comenzado uno de los noticieros matutinos y debían ser un poco más de las seis
de la mañana. Tomé muchas prendas de ropa sucia y bajé al patio trasero, a
lavarlas a mano en compañía de mis perritas.
No leí nada este fin de semana, pero a pesar de ello lo
consideré bueno principalmente porque mi estado de ánimo ha mejorado mucho a la
par de mi forma física y ahora, por los recorridos ciclistas dominicales en
carretera tengo la piel bronceada y una figura más delgada que me ayuda a
proyectar la imagen de un hombre maduro en forma, en control de su vida.
Por lo menos eso es lo que yo quiero pensar.
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