Con motivo de haber comenzado a tomar el medicamento
antipsicótico (risperidona) para mi trastorno límite de la personalidad (TLP) a
mediados de 2011, teniendo 47 años de edad, subí mucho de peso en un tiempo
breve. Un día a finales del año (posiblemente en diciembre) me di cuenta de que
había ganado seis kilos, habiendo pasado de 75 a 81 kg.
Al comenzar el año siguiente me propuse perder ese peso
excedente, principalmente mediante mi deporte, el ciclismo de ruta pero
entonces comencé a sentir un cansancio muscular tremendo y sentirme con
sobrepeso, habiendo perdido la línea (mi cintura ya había quedado rebasada) y
con tejido adiposo en la parte superior del peso —que provocó que se perdiera
la definición de mi musculatura en pecho, brazos y abdomen— me sentía mal conmigo
mismo, como un pendejo común de esos que abundan en la sociedad en la que vivo,
que se pierden entre la multitud.
Así transcurrió el resto de ese año 2012 y tuvo que pasar
bastante tiempo (hasta el 2014) para que volviera a estar en peso, 75 kg o un
poco menos. Para abril de 2015 me hallaba en mi peso óptimo, pero obtuve un
empleo (lo más afortunado que me ha pasado) y por diversas causas como contar
con menos tiempo para ejercitarme, estados depresivos (distimia), falta de
motivación e ingerir más calorías de las que necesitaba por comer en la empresa
y después en mi casa, volví a ganar peso, si bien ese excedente no era
demasiado notorio.
Durante el año 2018 mantuve la actividad, si bien baja
debido a un cansancio crónico, pero en octubre (que fui separado de mi trabajo)
se redujo mi talla y al regresar se notaba mi adelgazamiento. Al comenzar este
año, decidí que no era necesario acudir al comedor de la empresa y eso, aunado
a un aumento drástico en mi actividad deportiva, dio lugar a una pérdida de
peso importante que me llevó a estar en este momento (y desde enero) debajo de
75 kg. Desde entonces, he tenido una especie de “conciencia corporal” en todo
momento, y mi fisonomía de individuo de raza blanca junto con una figura
caracterizada por una espalda relativamente amplia, una cintura pequeña y un
abdomen plano (además de una buena definición muscular) y la consciencia de que
hago un trabajo intelectual que da lugar a un reconocimiento por parte de
personas para mí significativas, ayudan mucho con mi autoestima, haciéndome
sentir que soy un hombre con cualidades poco comunes.
Reconozco que soy vanidoso, pero no creo que me aqueje un
narcisismo patológico pues no vivo imaginándome que muchas mujeres me desean y
me siguen con la mirada, me hacen insinuaciones, etc. De hecho pocas mujeres
muestran interés en mí, y así ha sido siempre. Me llama la atención que le dé
tanta importancia a la imagen que proyecto (en lo visual) cuando ninguna de las
parejas que he tenido se ha sentido atraía por mi físico, sino al interactuar
conmigo y descubrir ciertas cualidades de mi personalidad, mi nivel
intelectual, etc.
Al mismo tiempo, siento que con el paso del tiempo (sobre
todo el que he vivido en circunstancias difíciles) he ido progresando mediante
el avance en el kilometraje en la Ciclocomputadora montada en el manubrio de mi
bicicleta, mi pérdida de peso, mis progresos en condición física y cobrar conciencia
de mi realidad completa (quiero decir, desde el principio de mi existencia) y
todo esto me pone a las puertas de un cambio positivo que me va a conducir a
una nueva etapa de mi vida muy diferente a cualquier cosa que haya esperado
jamás y me hará sentir que valió la pena sobrevivir y no me espera un futuro de
decadencia provocado por el envejecimiento y las consecuencias de haber vivido
mal, sino a un fortalecimiento progresivo que hará posible que aflore mi
potencial, cualquiera que este sea.