jueves, 11 de abril de 2019

De gente obesa y agresiva


Poco antes de salir a comer (algo que en realidad no hago, más bien me tomo mi tiempo de descanso) fui al baño y al regresar, en el momento de ingresar a la oficina tuve que cederle el paso a una nueva compañera, de nombre Carmen que llegó hace dos semanas (de hecho menos) y ocupa el mismo puesto que yo, traductor. Su actitud hedía a hostilidad y encontrarme de frente con ella produce una sensación equiparable a recibir un puñetazo en el estómago, su cuerpo está lleno de grasa, de manteca; no hace contacto visual pero la expresión de su rostro proyecta un odio que para mí resulta incomprensible porque no le he hecho absolutamente nada; su actitud belicosa refleja la imagen de una aberración con patas (de cerdo) por dirigir su violencia contra un compañero de trabajo sin justificación alguna.

En las últimas semanas han llegado a la oficina nuevas compañeras de trabajo, cuatro, de las cuales el 75 por ciento (o sea tres) son obesas. Dos de ellas tienen actitudes correctas, de respeto, sin agredir ni ofender a nadie de ninguna manera. Las otras (la gorda mencionada en el párrafo anterior) y otra, la única delgada, dan rienda suelta a su amargura defecando (de manera metafórica) la senda que pisan. Es un hecho que como una generalidad, resulta más fácil para una mujer agredir a otros que a un hombre asumir ese tipo de conductas. Hablando con una psicóloga, al plantearle la pregunta quiénes son más conflictivos, hombres o mujeres, me respondió que ellas.

La gorda rabiosa se ha ido a comer desde el principio con una de las compañeras del escritorio múltiple mencionado en el párrafo anterior, gorda y extremadamente tonta muy amiga de un homosexual que pertenece a este departamento, de conducta atroz, que afortunadamente cambió de lugar a un área recién construida por necesidad de la empresa, porque se está contratando personal ante el aumento en la producción y el crecimiento de la compañía.

Ese homosexual es posiblemente la persona más detestada de todo el departamento (compuesto por más de 60 integrantes), y la razón no es homofobia, sino su costumbre de agredir verbalmente a otras personas y a abusar de su cercanía con la directora de esta división, que lo ha cobijado con impunidad, como a otros. La gorda recién llegada debe ser muy estúpida si la razón de su hostilidad, por la cual se defeca por donde pasa es haber escuchado a ese mal compañero hablar mal de mí (y muy probablemente de otros compañeros) que incluso tiene un aspecto de lo más desagradable, para mí repulsivo.

Además de estar hecha un cerdo (siendo a todas luces una persona joven), esa vieja babosa fuma, lo que habla de un estilo de vida destructivo pues la obesidad constituye un acto de autoagresión y por si eso no fuera suficiente, tiene que envenenar el aire que respira dañando sus pulmones y su corazón, reduciendo aún más su capacidad respiratoria y preparando el camino para algún tipo de cáncer.

Bueno, no le permitamos a la marrana que nos haga sentir mal, que le aproveche a la pobre idiota.

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