Un poco antes del amanecer del miércoles 17 de enero, volví a marcar el número de teléfono del Centro de Intervención en Crisis de SALME (Instituto Jalisciense de Salud Mental), una institución que desaparecerá en fecha próxima, o se fusionará con quién sabe qué cosa.
Hice eso con esperanza de comentar con alguien lo que
había sucedido el sábado anterior, poco antes de la media noche, en que una
psicóloga en turno me negó la atención, colgándome el teléfono, agrediendo así
a un usuario. Típico desempeño de un burócrata inútil, carente de ética que
además exhibe una indecencia con la más absoluta carencia de pudor.
Comenté el asunto con una psicóloga, que tomó la
llamada. No sé si era la misma que me agredió el sábado anterior, 13 de enero.
Parece probable porque el personal que cubre turno nocturno (de 12 horas, 8:00
pm a 8:am del día siguiente) trabaja en lunes-miércoles-viernes, o en
martes-jueves-sábado. Luego entonces, parecería esperar que esa psicóloga que
cubría el turno de las 20:00 horas del sábado a las 8:00 horas del domingo, haya
sido la misma que estuvo de la noche del martes a la mañana del miércoles
siguiente.
Haya sido o no la misma persona, esta mujer mostró un
comportamiento incorrecto, indecente —lo que se ha convertido en la regla en
esa institución pública, SALME— que nunca cumplió con su función, pero hubo una
época en que fue de utilidad, si bien en mínima medida.
La tipa acabó colgándome el teléfono. Durante el
tiempo que duró nuestro diálogo, le informé que hace muchos años, una psicóloga
que cubría un turno vespertino de lunes a viernes, que al terminar sus estudios
en la universidad había llegado a la Secretaría de Salud con palancas (influencias) y no como una ciudadana de a pie y por ello había
ocupado desde el principio puestos importantes (fue asistente personal del
primer director de esa institución podrida), se involucró sentimentalmente con
un usuario. Ella estaba casada, su relación marital no era buena, se sintió
atraída por un usuario y faltó a la ética y a la decencia más elemental,
estableciendo con él un romance telefónico. A todas luces, contemplaba la
posibilidad de poner fin a su vínculo matrimonial y comenzar otro con un hombre
por el que había sentido atraída, preguntándole incluso cuando lo atendía —durante
el ejercicio de sus funciones— si estaría dispuesta a tener un hijo con ella.
Poco tiempo después, una circunstancia cambió las
cosas y por la afectación tan severa que causó ese acto indebido (el
involucramiento sentimental de esa psicóloga con en el usuario frecuente de ese
servicio telefónico de intervención en crisis) él la buscó con desesperación y
ella manipuló a su cónyuge (un hombre violento) haciéndole creer que estaba
siendo acosada, dándole el número telefónico del supuesto acosador para que él
(su esposo) le llamara para amenazarlo, lo cual es un delito.
En los días que siguieron, el individuo agredido (que
era usuario de los servicios de SALME, y había sido tratado de forma terrible
por el personal, incluso por el director de Caisame Estancia Breve, un médico
psiquiatra que contaba con una reputación terrible) informó de lo ocurrido al
personal del instituto. Se investigó el asunto, pero las autoridades de la
institución encubrieron los actos gravísimos de esa psicóloga indecente,
lastimando así todavía más a un usuario que padecía una patología grave,
poniendo en serio peligro su integridad y su vida.
Informé de esto a esa psicóloga que tomó la llamada
poco antes del amanecer del pasado miércoles 17 de enero y ella me dijo: entonces tuviste un coqueteo con una psicóloga.
Eso sugiere que esta otra mujer inmoral, carente de decencia decidió
interpretar lo que se le había informado como si el usuario se hubiera
involucrado con la psicóloga que le prestaba la orientación confundiendo las
cosas para proceder a acosarla.
Honor entre mujerzuelas.
Ese Instituto Jalisciense de Salud Mental cuenta con
un historial terrible, su personal se dedica (con honrosas excepciones) a hacer
lo más opuesto a lo que sería su labor, tratan a los usuarios con la punta del
pie y los sueldos que se pagan son muy altos, por muy pocas horas de trabajo. Se
sirven con la cuchara grande, de recursos del erario, de los impuestos que
pagamos los contribuyentes.
No conozco a su director (de SALME), tampoco al
director de Caisame Estancia Breve, aunque su apellido suena familiar. Parece
muy probable que esté emparentado con el médico psiquiatra que era director de
la institución cuando sucedió lo arriba mencionado, un hombre cuya elevada
estatura que contrasta con su deficiente ética y valor pues se mostró
pusilánime y cobarde al encubrir los actos indecentes y de impudicia de esa
psicóloga, que además incurrió en conductas delictivas.
De ser acertada mi suposición, eso (que ese director
de Caisame Estancia Breve sea pariente de alguien importante en la burocracia
médica) sería otro ejemplo de influyentismo; algo que no sorprende a nadie que
no sea ingenuo o extremadamente tonto.
Así las cosas


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