Me enteré en fecha reciente (tal vez en noviembre de
2023) que esa institución pública de salud mental, SALME, va a desaparecer. Eso
parece muy acertado porque la mayoría de sus empleados no cumplen con su
función (aunque sí reciben remuneraciones bastante altas) y en lugar de ello,
se dedican a agredir a los usuarios.
Durante el año 2008, cuando yo hacía uso del servicio
de atención telefónica antes mencionado (el centro de intervención en crisis),
una psicóloga que me atendía cometió faltas extremadamente graves, incluso
conductas delictivas que la institución se encargó de encubrir. Eso puso en
grave riesgo mi integridad e incluso mi vida y yo procedí penalmente contra esa
psicóloga, mujer inmoral e indecente en extremo. Emprendí una serie de acciones
para que lo que hizo esa mujer no quedara impune y logré mi cometido, las
consecuencias para ella fueron bastante severas.
Seguí usando ese servicio de orientación telefónica
durante muchos años más, pero dejé de hacerlo a mediados del año 2019. Para ese
entonces yo había trabajado durante cuatro años en una empresa del ramo
farmacéutico, fabricante de productos genéricos intercambiables. Fue ahí donde
fui objeto de acoso laboral, y por supuesto, hablé mucho sobre esa violencia
con las psicólogas que me atendían, casi exclusivamente en fin de semana y en
días festivos. En junio de 2019 decidí dejar de usar ese servicio porque una
psicóloga que me atendía se vio en una muy mala situación, muy injusta
perpetrada por sus compañeros de trabajo pese a que su desempeño fue correcto y
en ningún momento hizo nada incorrecto. Me despedí de ella para que su
situación laboral mejorara y con ello perdí un recurso para mí muy necesario.
En ese empleo en una compañía del ramo farmacéutico,
fui objeto de acoso laboral (como decía antes) perpetrado por un individuo que
muy probablemente padece de psicopatía. Las psicólogas que me atendían en esa
institución, SALME, vía telefónica, se enteraron de eso y lo comunicaron a la
dirección o algo así. En enero de 2019, algo me hizo sospechar que personal de
SALME envió información sobre mí a esa empresa, describiéndome como un individuo
peligroso por haber conseguido que la injusticia que ellos perpetraron
(proteger a esa psicóloga carente de ética, incluso delincuente) no se
consumara, tras lo cual, ella enfrentó consecuencias graves, lo cual resultó
justo.
Si mi suposición es cierta, personal de SALME incurrió
en un delito, la violación a la ley de protección de datos personales. Y si
sucedió eso, se hizo lo mismo en esa empresa farmacéutica donde yo trabajaba al
no comunicármelo y hacer eso mismo ante la Secretaría de la Función Pública.
La agresión del sábado pasado, que consistió en que
esa psicóloga me colgara el teléfono (algo que ya había ocurrido antes, cuando
había intentado ser atendido, lo cual intenté muy esporádicamente) me hizo
sentir mal, pero ese malestar no fue tan intenso como lo habría sido en un
pasado bastante cercano. Sé bien que intentar poner una queja resultaría
absolutamente inútil, pues el empleado que encargado de atenderme incurriría en
fingir que hace su trabajo, o de plano se mofaría de mí, como sucede tanto en
la burocracia, si bien haría falta aclarar que lo mismo sucede en la iniciativa
privada. La podredumbre es ubicua y abrumadoramente frecuente.

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