lunes, 15 de enero de 2024

Atención en salud mental en una institución pública, segunda parte

 


Me enteré en fecha reciente (tal vez en noviembre de 2023) que esa institución pública de salud mental, SALME, va a desaparecer. Eso parece muy acertado porque la mayoría de sus empleados no cumplen con su función (aunque sí reciben remuneraciones bastante altas) y en lugar de ello, se dedican a agredir a los usuarios.

Durante el año 2008, cuando yo hacía uso del servicio de atención telefónica antes mencionado (el centro de intervención en crisis), una psicóloga que me atendía cometió faltas extremadamente graves, incluso conductas delictivas que la institución se encargó de encubrir. Eso puso en grave riesgo mi integridad e incluso mi vida y yo procedí penalmente contra esa psicóloga, mujer inmoral e indecente en extremo. Emprendí una serie de acciones para que lo que hizo esa mujer no quedara impune y logré mi cometido, las consecuencias para ella fueron bastante severas.

Seguí usando ese servicio de orientación telefónica durante muchos años más, pero dejé de hacerlo a mediados del año 2019. Para ese entonces yo había trabajado durante cuatro años en una empresa del ramo farmacéutico, fabricante de productos genéricos intercambiables. Fue ahí donde fui objeto de acoso laboral, y por supuesto, hablé mucho sobre esa violencia con las psicólogas que me atendían, casi exclusivamente en fin de semana y en días festivos. En junio de 2019 decidí dejar de usar ese servicio porque una psicóloga que me atendía se vio en una muy mala situación, muy injusta perpetrada por sus compañeros de trabajo pese a que su desempeño fue correcto y en ningún momento hizo nada incorrecto. Me despedí de ella para que su situación laboral mejorara y con ello perdí un recurso para mí muy necesario.

En ese empleo en una compañía del ramo farmacéutico, fui objeto de acoso laboral (como decía antes) perpetrado por un individuo que muy probablemente padece de psicopatía. Las psicólogas que me atendían en esa institución, SALME, vía telefónica, se enteraron de eso y lo comunicaron a la dirección o algo así. En enero de 2019, algo me hizo sospechar que personal de SALME envió información sobre mí a esa empresa, describiéndome como un individuo peligroso por haber conseguido que la injusticia que ellos perpetraron (proteger a esa psicóloga carente de ética, incluso delincuente) no se consumara, tras lo cual, ella enfrentó consecuencias graves, lo cual resultó justo.

Si mi suposición es cierta, personal de SALME incurrió en un delito, la violación a la ley de protección de datos personales. Y si sucedió eso, se hizo lo mismo en esa empresa farmacéutica donde yo trabajaba al no comunicármelo y hacer eso mismo ante la Secretaría de la Función Pública.

La agresión del sábado pasado, que consistió en que esa psicóloga me colgara el teléfono (algo que ya había ocurrido antes, cuando había intentado ser atendido, lo cual intenté muy esporádicamente) me hizo sentir mal, pero ese malestar no fue tan intenso como lo habría sido en un pasado bastante cercano. Sé bien que intentar poner una queja resultaría absolutamente inútil, pues el empleado que encargado de atenderme incurriría en fingir que hace su trabajo, o de plano se mofaría de mí, como sucede tanto en la burocracia, si bien haría falta aclarar que lo mismo sucede en la iniciativa privada. La podredumbre es ubicua y abrumadoramente frecuente.







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