jueves, 28 de febrero de 2019

Jueves, hablaré con la psicóloga Celia vía telefónica


Jueves, penúltimo día de la semana laboral, día en que toca hablar con Celia, vía telefónica. Esta dama es una psicóloga con especialidad en psicoanálisis, una mujer a todas luces muy inteligente, que sabe escuchar y sus respuestas o su retroalimentación arrojan luz en la penumbra que caracteriza mis trenes de pensamiento. He pensado que debo hablarle sobre la lectura de mi libro de TLP (Borderline Personality Disorder, Survival Guide), pero la verdad no encuentro mucho material que parezca relevante, salvo el hecho de que quienes padecemos ese trastorno vivimos nuestras emociones con más intensidad que el resto de las personas, y que vivir en un ambiente invalidante da lugar a esa patología.

Recuerdo aquella etapa de mi adolescencia, pasados los 14 años en que llegamos a la ciudad donde he vivido los últimos 40 años de mi vida. Teníamos por costumbre ir a una propiedad que mi padre tenía en un estado vecino, donde había un par de fincas, una de las cuales usábamos para pernoctar y pasar el día. Una mañana, al llegar al área de cocina, mi familia hablaba de algún asunto que tenía que ver con mi hermana Yolanda. Como sería de esperar, pregunté de qué se trataba y el cerdo abusivo e imbécil que tuve de padre respondió ‘is not your bussiness’, dando a entender que debía evitar meterme en donde no me llaman.

Además de la agresión que constituía una respuesta de este tipo, era una manifestación de estupidez, pues si yo estaba presente era natural que quisiera participar en la conversación, o por lo menos enterarme del tema del que se hablaba. Una de las principales razones del resentimiento contra mi madre, que no he sido capaz de superar es ese comportamiento suyo en que hallándose presente, al presenciar la violencia que mi padre me propinaba no se daba por enterada, algo que a mí me parece incomprensible independientemente de sus propios problemas derivados de sus experiencias con su familia de origen.

He tenido en mente que habiendo nacido con un daño neurológico que se manifestó como TDAH, además de que casi no veo con el ojo izquierdo y tengo rasgos Asperger, mi infancia fue una época de confusión casi absoluta pues mi padre era un individuo muy enfermo (algo no muy evidente porque parecía ser funcional, trabajaba y laboralmente logró mucho). Vivía obsesionado por la injusticia social, por el hecho de que existieran tantos niños viviendo en la pobreza, que no tenían el alimento diario asegurado y muchas veces incluso carecían de un techo mientras que yo (en su mente enferma) vivía como el Príncipe de Gales, disfrutando de todo aquello que el dinero pudiera comprar, con un ejército de sirvientes a mi servicio listos en todo momento a satisfacer el capricho que se me ocurriera.

Ese cerdo depravado e imbécil me hizo responsable de todo lo que estaba mal en su vida, y con el paso del tiempo me hizo responsable de todo lo que estaba mal en el mundo.

En 1975, siendo yo un niño que cursaba el quinto año de primaria, llegué a casa con un reporte de bajo aprovechamiento escolar. Vivíamos en el ‘pent house’ de un edificio que ocupaba un banco de crédito rural del que mi padre era gerente. Mis padres y yo nos encontrábamos en el dormitorio de ellos, con mi padre sentado en la cama recordando aquella época de su infancia (o más bien su llegada a la pubertad) en que habiendo quedado huérfano de madre, tras ser expulsado de su casa por su padre, se vio en la calle careciendo de alimento y de un lugar para pasar la noche. Narró su odisea con lujo de detalles, una verdadera tragedia griega, pero trasladada a la Cd. de México en la década de 1950.

Mi madre se hallaba ahí de pie, muda ante el horror de ver a su único hijo varón torturando al autor de sus días. Siendo un niño de once años, yo no alcanzaba a darme cuenta de que no podía ser responsable de algo que había sucedido unos 24 o 25 años antes. Los acontecimientos siguen una cronología, y nadie puede ser responsable por obra u omisión de algo que ocurrió en el pasado. Sin tener la menor conciencia de esto, yo me sentía terriblemente mal y guardaba silencio, presenciando una tragedia de la cual se me hacía responsable.

Si el hijo de puta (incestuoso) que tuve de padre creía el montón de sandeces que decía, mi madre debió haber intervenido para decirme a mí que yo no tenía nada que ver con la actuación ramplona y patética de ese individuo demente, en aquel entonces de 38 años de edad, ya alcohólico y henchido de odio hacia su hijo varón, que le resultaría muy útil para echarle la culpa de todos sus problemas y de su autodestrucción, que culminaría 32 años más tarde, en diciembre de 2007 cuando ya había arruinado mi vida y había mandado a la tumba Verónica, su hija menor, después incluso de haber tratado de abusar sexualmente de ella, de violarla.

Mi historia de vida es difícil y hasta el momento no me ha sido posible aceptar mi pasado. No sé si en este libro sobre TLP podré encontrar una estrategia para lograr esto, pero tener conciencia de que tengo un buen intelecto puede constituir un estímulo poderoso.

La mujer que amo, su hijo mayor


El hijo mayor de Laura nació unos días antes de que yo cumpliera 28 años, un mes y días después de que ella cumplió 21 años, en abril de 1992.

A mediados del año 2010 tuve internet en mi casa y pude ver el perfil de esta mujer a quien he amado en Facebook. Entre sus amigos aparecía ese muchacho, en ese momento con la cabeza rapada pues había perdido una apuesta respecto al resultado de un partido del campeonato mundial de futbol correspondiente a ese año, celebrado en Sud África. Los contendientes eran España y Alemania y el primero le ganó al segundo, para después quedar campeón venciendo en la final a Países Bajos. De esto, deduje que este muchacho, el hijo mayor de Laura tiene simpatía por, o admira a los alemanes.

En una de las ocasiones en que fui a desayunar con esta mujer bellísima, me dijo que su hijo había terminado su licenciatura en medicina en la universidad del estado, pero no estaba estudiando una especialidad, sino trabajando en un call center como médico, y estudiando alemán al mismo tiempo. De esto deduje que este muchacho tiene como objetivo irse a estudiar a ese país del centro de Europa, y muy probablemente quedarse allá, con intención de tomar esa ciudadanía.

Todo esto habla de un narcisismo muy patológico, que raya en la locura. De hecho yo había visto una foto de él en su perfil de Google, en que aparecía vistiendo camisa y corbata, sentado en un escritorio, con aires de persona muy importante. Ese rasgo tan patológico (el narcisismo exacerbado) es muy común entre la gente que estudia medicina (más en el sexo masculino), pero con todo y esto, en el caso del hijo de Laura el problema es demasiado evidente y ella parece cerrar los ojos a esto, cuando es ella quien tiene la mayor responsabilidad. ¿Qué espera que suceda?

Tiene sentido suponer que va a pasar el tiempo y este muchacho va a ver frustradas sus aspiraciones irreales, lo que puede tener como consecuencia que se vea envuelto en una espiral descendente hacia una vida desastrosa. No lo conozco y no sé mucho sobre él, pero su aspecto refleja nada más a un individuo con un cociente intelectual medio que le permite adquirir conocimientos y cuyo principal motor es la necesidad de sentirse importante. Esta es la clase de persona que se labra un fracaso vital cotidianamente a brazo partido. Laura es una psicóloga muy competente y parece no querer darse cuenta del peligro que se cierne sobre su hijo mayor, o mediante una actividad frenética busca evadirse también de esa realidad difícil.

Así las cosas en la vida de la mujer que amo.


La mujer que amo se fue de mi vida, y yo sigo pensando en ella


Termina el segundo mes de un año que tuvo un comienzo turbulento, secuela del final del anterior. El rompimiento con mi amiga Laura es ya un hecho y no hay posibilidad de volver atrás, sin embargo no he terminado de decirle adiós, esta mujer ocupa mis pensamientos la mayor parte del tiempo y más que tristeza, lo que siento es el deseo de estar con ella, dialogando en un lugar donde estemos solos (por ejemplo su consultorio), explicándole que el hecho de que haya estado perdidamente enamorado de ella nunca debió suponer un problema, pues siempre supe que ese es un amor platónico, irrealizable.

Volví a buscar a su cónyuge en internet y vi otra vez su perfil en Facebook. Iba a copiar imágenes donde aparece Laura, pero por alguna razón decidí no hacerlo. En una de las fotos más representativas (por el lugar que ocupa en ese perfil en Facebook) aparece Laura con su cónyuge, inclinándose hacia ella, sonriendo y mirando a la cámara. A su lado se encuentra su hijo menor, detrás de ella el mayor. Me llama la atención que ambos se ven de piel morena, cuando en sus perfiles de esa misma red social parecen tener la dermis blanca. El hijo menor tiene un aspecto muy mestizo, que mejoró con el paso de los años, pero el mayor usa el pelo bastante crecido y viste una camisa de manga larga, de apariencia formal, siendo un adolescente en un evento al que podría denominarse familiar.

Una vez que terminé de ver ese perfil de la cónyuge de Laura me di cuenta de que lo había configurado para que muchas imágenes no pudieran verse desde afuera, es decir, no pudiera verlas alguien que no está incluido como su amigo. De esto deduzco que se dio cuenta de que yo había visitado su perfil, cosa que hice aquel domingo 27 de enero, en una visita fallida al Seguro Social en que buscaba ser atendido por una intoxicación alimentaria.

Y en este momento me pregunto si la señora se sentirá celosa por lo que pudo haber sucedido entre su esposa y yo. Una tarde entre semana en el mes de diciembre pasado Laura me pidió vía WhatsApp que hablara con ella unos minutos, pues había gente en SALME siguiendo mi blog y ella creía que yo había puesto en mi espacio virtual información sobre ella (y por tanto sobre su esposa) como el viaje que ambas hicieron a Alaska a principios de diciembre. Laura me dijo que había cosas que no le decía a su cónyuge, dándome a entender que entre esa información se hallaba nuestra amistad. En ese blog que dejé de escribir en los primeros días de este año 2019 hay una entrada (una de las últimas) titulada “la mujer que amo…”, y en ella me refiero a ella, a esta dama que para mí es la mujer más hermosa del mundo. Esa entrada ha recibido más de 150 visitas, lo que me dice que un buen número de personas de esa institución pública de salud mental sospechan que se trata de Laura, cuya esposa trabaja ahí.

De esta mujer no sé casi nada aparte de su nombre y su profesión. Me han dicho que es muy agresiva y es la clase de persona de la que no quiero saber nada. Pienso en la posibilidad de que la razón por la que Laura ha llevado un ritmo de vida demasiado intenso, con un exceso de actividad, es porque se ha sometido voluntariamente a una esclavitud tácita ante su cónyuge, para tener a alguien que la quiera, lo que se ha extendido a la familia de su esposa. Además, sospecho que los padres de Laura son malas personas que le fallaron miserablemente y este conjunto de circunstancias constituyen violencia en la que Laura se ha sumergido por su propio pie, algo que está afectando su salud física (su sistema inmunológico está muy debilitado) y en algún momento podría traducirse en un impacto de gran magnitud para su psiquis.

Todo esto parece tener mucho de especulación, pero para mí tiene mucho sentido.

miércoles, 27 de febrero de 2019

El trabajo del día, tiempo de descanso y regresar a la oficina


Tomé mi tiempo de descanso y en lugar de leer mi libro de TLP me metí a la red del pajarito, misma que encuentro más vacía que de costumbre. Le eché un ojo a Laura en mi WhatsApp, que indicaba que se había conectado por última vez a unos minutos después de las 17:00 horas. Transcurrió el tiempo y dormité en una cómoda silla reclinable, desperté y volví a revisar mi cuenta de Twitter, encontrándola aburrida y repleta de tonterías. Mi incapacidad para ocuparme de perseguir mis objetivos parece ser parte de mi patología, sentirme permanentemente aburrido y vacío, sin interés en nada.

Pasé la mañana traduciendo un artículo médico, lo cual fue afortunado pues es una actividad interesante, sobre todo si la comparamos con el trabajo que hago cotidianamente, repetitivo y tedioso hasta el extremo. Logré terminarlo antes de salir a mi hora de descanso, lo cual constituye otro logro de esos que consigo con mucha frecuencia y que ha dado como resultado que se me considere un empleado con muy buenas características. Por esa razón he llegado a sentir tanta frustración y desprecio hacia un par de empleados de la empresa en la que trabajo, el director de RH y su subalterno el médico, que han optado por considerarme un problema por ser un paciente psiquiátrico.

Pero contemplando esta situación de una manera más objetiva, la postura de gente como esa, de ‘hombres’ cobardes cuya naturaleza es fielmente representada por su apariencia, no merece mucha atención. Basta con considerarlos individuos despreciables, que por lo demás no gozan del aprecio de nadie y en cambio viven padeciendo el dolor cotidiano de saberse fracasos errantes, condenados a una vida de frustración y ausencia de logros, catalogados como objetos animados que con el paso del tiempo envejecen, enferman y fallecen dejando un hedor a descomposición, a pobreza autoinfligida.

Pensé también en Laura y en lo mucho que la extraño, en el recuerdo de haber contemplado un buen número de imágenes en las que aparece mirando a la cámara mostrando una gran sonrisa, proyectando bienestar y felicidad y en esos momentos no tengo duda de que se trata de la mujer más hermosa del mundo. Imagino que ella y yo nos encontramos en un espacio cerrado, aislado del resto del mundo, tratando el tema que a ella le preocupa, la frustración que siento y que le haya dicho al mundo que la amo…

Al regresar de mi tiempo de descanso hay poca gente en la oficina, pero esta vez he tenido cerca de mí durante muchos minutos a compañeros  a los que detesto, como el baboso con puesto de jefatura que tiene una anatomía con un índice de masa corporal bastante alto, nula virilidad, aspecto de rata emasculada y una tendencia a enconcharse como un reptil metido en una llanta. Lo peor del caso es que lo tengo a mis espaldas. El pedazo de pendejo entabló un diálogo con su jefa en el que leyó en voz alta un texto que encontró en su computadora personal, como si no pudiera mostrárselo a ella para que lo leyera. Ello me motivó a activar mi reproductor mp3 para escuchar algún audio, lo que fuera con tal de no escuchar el parloteo incesante de este pedazo de porquería. Al despedirse dijo que traía su maleta de gimnasio porque no se había parado en ese lugar en no sé cuántos días. Para cambiar su aspecto repulsivo necesitaría volver a nacer.

No puedo saber si Laura piensa en mí, si algo le preocupa, si algo le inquieta, si siente afecto por mí o me tiene miedo o espera que en algún momento haga el intento de volver a aparecer en su vida. Al pensar en lo mucho que la quiero, de pronto cobro conciencia de que por lo que ella hizo, a mí se me considera un paciente peligroso en una institución pública de salud mental (algo que tampoco debería inquietarme más de la cuenta) mientras que la psicóloga inmoral y delincuente que atentó contra mí, tiene su expediente limpio porque Laura faltó a la verdad y le obsequió impunidad.

Amo a Laura, pero también siento furia contra ella. Creo que ya había expresado antes esa idea.


El empleo que ha cambiado mi vida y una referencia a Viktor Frankl


Hoy cumplo 46 meses en mi empleo, y en dos más cumpliré cuatro años de antigüedad laboral, y 51 de vida. Este trabajo ha cambiado mi vida, para bien. Pienso en mi bicicleta de carreras marca Cannondale de color rojo que compré usada el último sábado de octubre de 2016, a la que en el último año le he comprado rines nuevos, un juego de luces trasera y delantera base leds que se carga con conector USB, y un velocímetro (cyclocomputer) y un monitor de ritmo cardiaco, ambos marca Sigma, tecnología alemana.

Esto está muy presente en mi existencia cotidiana porque he vuelto a cobrar conciencia de que la actividad física definió mi vida en muchos aspectos, constituyó un mecanismo de evasión y mi salvación pues por medio de ella evité caer en el abuso de sustancias, entiéndase alcohol y drogas no legales. Sin ser un espécimen de cualidades sobresalientes, sí cuento con una genética razonablemente buena y mis buenas características anatómicas y orgánicas fueron desarrolladas y conservadas mediante una práctica deportiva constante y presente en mi vida durante los últimos 38 años, habiendo comenzado en la adolescencia.

Pero volviendo al empleo que desempeño, me da para vivir y tengo estabilidad económica, algo de lo que carecí toda mi vida pese a haberme esforzado mucho para conseguirla. Mucho de mi sufrimiento al contemplar mi pasado tiene que ver con la pobreza en que viví, en que no tenía siquiera recursos para procurarme alimento suficiente, algo verdaderamente muy injusto.

A principios del año 2014, a punto de cumplir 50 años comencé a tener ingresos, pues la amiga de una vecina comenzó a darme trabajo para hacer en casa. Un año más tarde ya me había peleado con ella, cansado de que me pagara una miseria por mi labor y además se tardara muchísimo tiempo para entregarme mi dinero. En abril de 2015 (acercándome a los 51 años) busqué empleo en internet, pensando que la posibilidad de encontrarlo era mínima (por mi edad y otras consideraciones), pero encontré una vacante, me comuniqué vía electrónica y se dio un proceso de contratación muy rápido. Mi fecha de ingreso coincidió con mi fecha de nacimiento, algo que me llamó mucho la atención, sobre todo por mi tendencia a pensar de una manera un tanto extraña, tal vez Asperger.

Mi situación económica cambió drásticamente, sobre todo cuando terminó el año 2016 en que recibí una cantidad significativa de dinero por concepto de mi fondo de ahorro. Sin embargo, el sufrimiento cotidiano cambió de forma y he tenido poca ocasión de disfrutar de mi vida. Hablándolo con otras personas, como Laura, esa mujer que durante cerca de tres años fue mi amiga, hago referencia al libro de Viktor Frankl “el hombre en busca de sentido” en que relata cómo al convertirse oficialmente en hombres libres, él y sus compañeros sobrevivientes al Holocausto salieron a caminar, esperando estallar de felicidad, solo para sentirse decepcionados y comentar entre ellos que no habían sentido nada.

Ese fenómeno, llamado entumecimiento psíquico, es lo que me ha aquejado la mayor parte del tiempo. He tenido problemas con malos compañeros de trabajo, inmerso en un clima laboral muy adverso, y en mi vida privada he sentido mucho resentimiento contra mi madre al recordar miles de vivencias en relación con el modo como transcurrieron mi infancia y mi adolescencia siendo violentado por mi padre, con la inconsciencia de mi madre que no se daba cuenta de nada, y su participación frecuente, sobre todo un enojo permanente hacia mí al comenzar cada día, que casi siempre se prolongaba para abarcar la totalidad del mismo.

En esa adversidad provocada por la violencia que mis padres me propinaron, participaron muchas personas, miembros de mi familia nuclear (como mis hermanas Mónica y Yolanda) y de mi familia extendida, hermanos de mis padres con sus cónyuges, etc. En los últimos meses mi soledad me ha dolido más que de costumbre y he cobrado conciencia de que yo sí soy muy asocial, sin ser mi naturaleza. Esa tendencia a aislarme de otras personas tiene mucho que ver con mi patología, pero ha estado presente desde que era un niño en que evité acercarme a mis compañeros de escuela porque temía ser rechazado por mi mal desempeño académico.

Ha pasado mucho tiempo desde que tuve una relación con una mujer que pudiera llamarse de pareja y lo que más quisiera es tenderme en un lecho con una dama, abrazarme a ella e intercambiar besos y caricias, platicar durante muchas horas y dejar que transcurriera así un tiempo muy prolongado. Nunca aspiré a hacer eso con Laura, la mujer que he amado durante años pues ella y yo solamente podíamos ser amigos, pero su partida sigue provocándome una gran tristeza que se funde con otros sentimientos como el enojo y en ocasiones la necesidad de comunicarle las razones de la furia que siento al pensar que faltó a la verdad y mi sufrimiento provocado por una psicóloga delincuente e inmoral, compañera de ella, no significó nada para ella.

¿Le dará Silvia mi mensaje? ‘Dile a Laura que la quiero mucho,’ le dije.

Venganza como un cauce natural


Anoche llegué a casa a la hora acostumbrada, un poco después de las nueve, y tras subir a mi habitación a quitarme la camisa y cambiarme los zapatos, le pedí a mi madre que me diera de cenar. Al terminar me dirigí otra vez a mi habitación y le eché un ojo a mi cuenta de Twitter desde mi Smartphone y me dispuse a llevar a caminar a mis mascotas, mis perritas Chora y Clara.

Regresé cerca de la media noche y tomé mis medicamentos, una dosis muy baja de risperidona y un cuarto de tableta de Clonazepam. Me quedé dormido y desperté poco después de las seis de la mañana, con sed, tomé agua y me quedé en la cama hasta cerca de las siete, después de lo cual bajé a la sala a ver videos en YouTube mientras tomaba una taza de café con una pieza de pan. Antes de las ocho subí a mi habitación e hice los preparativos para ejercitarme en mi bicicleta de carreras sobre rodillos, usando por segundo día consecutivo mi monitor cardiaco Sigma, de fabricación alemana, recibido el lunes pasado.

Tenía intenciones de hacer ejercicios con pesas pero al mismo tiempo deseaba completar una hora de pedaleo, por lo que al terminar eran casi las nueve de la mañana, hora de bajar a desayunar para después tomar un baño y salir de casa rumbo a mi lugar de trabajo. Antes de entrar en la regadera me dirigí a una habitación trasera donde tengo mis alteras, un banco para hacer el ejercicio denominado bench-press y una báscula. Me pesé y la lectura mostró 74 kg. Esto representa una satisfacción, pues me agrada sentirme delgado y un tanto atlético, tener una apariencia agradable a dos meses de cumplir 55 años. Me parece que existen niveles de vanidad bastante sanos y mi persona refleja un estilo de vida saludable, algo que tuve ocasión de meditar mientras ingería mi desayuno consistente en avena hervida en agua con pasitas, acompañada de una pera. Hace más de dos años incorporé ensaladas a mi dieta diaria y mi estado de salud parece óptimo, lo que supongo, ayuda a preservar mi salud mental por lo menos dentro de ciertos límites. Si me gusta lo que soy, lo  que he logrado (así parezca poco), resultará difícil hacerme daño, ya sea mediante hábitos destructivos o una agresión directa con intenciones de lastimarme seriamente o de acabar con mi vida.

He pensado mucho en mi hermana Yolanda, que desde hace más de tres años está residiendo en un área costera, turística, vendiendo bienes raíces. En agosto de 1993 contrajo nupcias con un individuo verdaderamente muy pobre, por su nula educación y su orientación en la vida encaminada a una existencia de holganza, creyéndose insoportablemente hermoso, por lo  que una mujer estaría dispuesta a mantenerlo. Eso es lo que Yolanda ha estado haciendo durante más de 25 años, arruinando su vida. Ella y él me agredieron una vez más hace cinco años, lo que tuvo una afectación grave por mi historia de vida, en que muchas personas significativas me han atacado, lo que ha tenido como efecto un dolor psíquico muy intenso, sintiendo que he vivido en la indefensión. Llamé a esto en entradas anteriores, una forma compleja de síndrome por estrés post-traumático.

Conversando con mi madre, mientras ceno, le he dicho que a ese vividor con el que se casó mi hermana le he estado rompiendo el hocico durante los últimos tres años y diez meses, siendo productivo y autosuficiente, con todo lo que ello implica. Ese lacra me atacó aprovechando mi condición de debilidad por no haber podido trabajar la mayor parte de mi vida, cuando esto ha sido consecuencia de una patología muy grave complicada por la violencia que padecí desde mi más temprana infancia; en cambio él, además de no trabajar (sin ninguna justificación para ello) ha pasado todos sus años de matrimonio tratando de guardar las apariencias, cuando su esposa (mi hermana) y sus hijos (mis sobrinos) saben muy bien que este señor es una vergüenza para ellos y participan en la simulación, fingiendo que las circunstancias no han ayudado para que su ‘jefe de familia’ cumpla con ninguna de sus responsabilidades.

En fecha reciente mi hermana recibió la visita de un primo paterno, de nombre Héctor al que yo no he visto en 40 o 41 años. En las imágenes que Yolanda le envió a mi mamá vía WhatsApp, aparece ella con Héctor y otras personas de las familias de ambos, con el cónyuge de mi hermana por un lado y al observarlo aparece en mi mente la idea de que este individuo impotente padece el dolor psíquico de saberse un paria, sin mucho éxito al tratar de suprimir ese sentimiento.

Hay una frase en inglés que tiene mucho sentido: Success is the best revenge. 

martes, 26 de febrero de 2019

Mi trastorno de personalidad, mi trastorno por déficit de atención, y la violencia intrafamiliar


Al leer sobre mi trastorno límite de la personalidad (TLP), he tenido en mente que nací con un aparente daño neurológico, y por ende con trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH). Este hecho, aunado a haber tenido padres extremadamente incompetentes, que me fallaron miserablemente y además mi padre era un sádico, posiblemente un psicópata y un individuo profundamente incestuoso y depravado, resultó una realidad demasiado difícil para mí, que no habría podido manejar de ninguna manera.

Mi madre cometió un acto de traición hace cerca de 21 años, a mediados de 1998 cuando me fui a una ciudad fronteriza en el norte del país a tratar de conseguir un empleo en la maquiladora electrónica, echándome la culpa del fracaso de su matrimonio, viajando a una ciudad en un estado vecino con intención de recuperar su relación conyugal, lo que implicó que yo me viera obligado a regresar a casa y vivir mucho tiempo solo, aislado de mi familia, sin atención médica y en la pobreza, en una situación que hizo prácticamente imposible que trabajara y representó la segunda caída de mi existencia, que al paso de ocho años me llevaría a volver a perder la voluntad de vivir.

El domingo pasado sentí mucha furia contra mi madre porque cuando iba a hacer uso del horno de microondas, ella se me adelantó para hacer lo propio, lo que ha sucedido muchísimas veces. No sé cómo le hace para usar ese aparato exactamente cuando yo me dispongo a hacerlo; no lo hace antes o después, es como si me leyera el pensamiento e hiciera eso con intención de fastidiarme.

Parecería que esto no tiene importancia, pero me provoca una furia que no puedo controlar porque despierta recuerdos del pasado, y la conciencia de que esta mujer me utilizó durante 25 años (a partir de 1973) en que llegamos a vivir a una ciudad vecina a la capital del país (yo tenía 9 años) y hasta ese fatídico 1998, en que yo cumplí 34. Entonces decidió que ya no me necesitaba y se deshizo de mí (o por lo menos lo intentó), echándome a la basura como si fuera un objeto inservible que tras muchos años de uso ya no tiene ningún sentido conservarlo.

Pensar en esto me trae a la mente el modo como crecí, con mi madre siempre enojada conmigo, sobre todo al comenzar el día, en que había que prepararnos para dirigirnos a la escuela y yo necesitaba más atención que mis hermanas. Mi madre recordaba entonces que yo tenía problemas de conducta y bajo rendimiento escolar y manifestaba su desprecio por su único hijo varón, argumentando que ella y mi padre siempre fueron los mejores estudiantes de su clase.

Me queda claro que lo mejor para mis padres (como para millones de parejas) era jamás haber tenido hijos, pero al par de malditos no se les ocurrió. Como perfectos idiotas decidieron obedecer los dictados de una sociedad patriarcal y autoritaria que dicta que todo hombre y toda mujer que no sean católicos religiosos (esto es, sacerdotes o monjas) deben unirse en matrimonio y criar una familia. Mis padres tenían muy buenos motivos para estar enojados con la vida y en sus hijos encontraron a quien manifestarles esa furia, más a unos que a otros. Como hijo mayor, yo fui el primer objeto de odio; años más tarde, mi hermana Verónica, la menor de los cuatro hijos, tomó el papel de segundo chivo expiatorio. La violencia en la que vivió la llevó a una tumba prematura el último día de abril del año 2006 a los 33 años y medio de edad, dejando tres hijos huérfanos, tres días después de que yo cumplí 42 años.

Parte de la vida sin sentido que he llevado, llena de violencia, en la que los principales incitadores fueron mis padres y con el paso del tiempo mis hermanas (sobre todo Mónica y Yolanda, con sus respectivos cónyuges) tomaron la estafeta.

Por eso la palabra familia y el mito que conlleva me revuelve el estómago.

Tomar mi tiempo de descanso, entrar a Twitter, encontrarme con que otra vieja me ha bloqueado


Ayer llegué a casa a la hora acostumbrada, las nueve de la noche y subí a mi habitación a cambiarme de ropa. Era un hecho que no llevaría a pasear a mis mascotas y me dirigí a la habitación de mi madre para pedirle que me diera de cenar. Olvidé el hecho de que había un paquete de amazon.com que había llegado durante la tarde, mi nuevo monitor de ritmo cardiaco (también llamado pulsómetro), marca Sigma, igual que un cyclocomputer adquirido también en amazon.com a finales de 2017, tecnología alemana.

Después de cenar hablé con la psicóloga Silvia, lo que definitivamente me hizo sentir mejor y al dirigirme a mi recámara recordé mi nuevo dispositivo y lo saqué de su envoltura y me encargué de configurarlo, algo bastante sencillo. La banda para el pecho, en la que va el sensor, que se coloca sobre el área cardiaca, cierra mejor que la del pulsómetro que usaba, marca Patito, de fabricación china. Hoy en la mañana lo usé poco tiempo (menos de 30 minutos) y su funcionamiento me dejó satisfecho; se ve bien montado en el manubrio de mi bicicleta, junto con el cyclocomputer y una luz potente, tecnología leds que se carga mediante conexión USB. Todo esto ayuda a motivarme para seguir con mi estilo de vida saludable.

Al salir de casa hoy en la mañana vi a mi pendejo vecino a quien le doy el mote de Pelochas, un poco más alto que yo, supuestamente cinco años más joven, un individuo de lo más desagradable a quien considero un pendejo bien hecho. Sin embargo no me cae tan mal como su esposa, típica vieja babosa de camioneta Town & Country que mira hacia la casa con una jeta de desagrado que no disimula, cuando mi madre y yo somos gente decente que vive de mi trabajo y jamás le hemos pedido nada. Es un hecho que esa mujer estúpida se ha sentido atraída por mí, pero yo jamás haría ningún intento por seducirla en primer lugar porque es una mujer casada, en segundo lugar porque representa todo aquello que yo considero indeseable por su orientación en la vida, el de gente metida en una competencia con el prójimo a ver quién tiene mayor capacidad de compra, mirando de manera despectiva a quien a todas luces se encuentra en una situación económica por debajo de la suya, etc.

Salí a tomarme mi tiempo de descanso y tomé mi Smartphone para meterme a la red social Twitter. Encontré que una vieja babosa de nombre Gabriela Emmanuelle, licenciada en derecho, me había bloqueado en mis dos cuentas, porque le reclamé que me ignorara. De sus diálogos con otro individuo me di cuenta de que esta señora está pasando por una situación de vida muy difícil, que involucra a un miembro de su familia (posiblemente su cónyuge) con una mala salud mental e implicaciones de otro tipo, posiblemente jurídicas, además de conflictos familiares muy serios.

Yo había tratado de participar en su conversación y ella se desentendió de mí, ignorándome, excluyéndome, lo que me hizo sentir muy mal. Le manifesté ese malestar de forma clara pero respetuosa y ella pareció no enterarse, hasta que de pronto intento ver su perfil y como dije antes, me encuentro con que me ha bloqueado. Bueno, que te aproveche, vieja babosa.

Mis sentimientos ambivalentes hacia Laura


Hoy he trabajado una barbaridad, las páginas han volado siguiendo su secuencia a diferencia de ayer que me quedé en menos de 20. Me he sentido bien tanto anímica como físicamente, pese a que al despertar (después de las 7:00 horas) sentía un cansancio bastante acusado. Ayer recibí un monitor de ritmo cardiaco (también llamado pulsómetro) marca Sigma (alemán) que compré en amazon.com y hoy no pensaba ejercitarme en mi bicicleta de carreras, pero decidí hacerlo nada más para estrenar mi dispositivo. Así lo hice durante un tiempo que no llegó a treinta minutos y mi ritmo cardiaco anduvo entre 130 y 140 pulsaciones por minuto, un ejercicio fácil.

Durante las horas que he estado trabajando he estado pensando en la llamada de anoche con la psicóloga Silvia en esa unidad de Cruz Verde, municipio de Guadalajara. Resultó que no fue ella quien me colgó el teléfono la noche del viernes al sábado pasado, sino “una compañera”. Hablamos otra vez de Laura, de lo mucho que me duele que se haya ido de mi vida, de mis sentimientos de afecto hacia ella que contrastan con el resentimiento porque en el conflicto con la psicóloga delincuente, su compañera en SALME, rompió la neutralidad a favor de ella y en contra mía, obsequiándole impunidad y demostrando que yo significaba muy poco para ella, tal vez nada.

Este malestar se intensificó el fin de semana pasado cuando hablé con una psicóloga (vía telefónica) de aquella institución que tiene un centro de intervención en crisis y ella me comentó que autoridades de ese instituto le habían dicho que tuviera cuidado conmigo, pues hay un antecedente de un conflicto con una psicóloga, que llegó muy lejos y tuvo consecuencias muy graves; en otras palabras, le dijeron que yo soy un paciente peligroso.

El problema de esto es que no le dijeron lo que hizo esa psicóloga delincuente e inmoral, no le contaron la parte completa de la historia y esto constituye otro ejemplo de la corrupción que impera en mi país. Esa psicóloga delincuente no recibió ningún castigo por lo que hizo porque tenía influencias entre gente importante de la Secretaría de Salud, que se encargaron de encubrir el hecho y Laura, esa mujer a la que he querido tanto durante los últimos once años, se encargó de obsequiarle impunidad a su compañera.

En la llamada de anoche, con la psicóloga Silvia (que por cierto es amiga de Laura y conoce a la psicóloga delincuente), le pregunté si tiene comunicación con Laura, no recuerdo qué me respondió. Yo le manifesté mi profundo malestar y le pedí que si se comunicaba con Laura le pasara el mensaje de que yo la quiero mucho, a lo que Silvia accedió añadiendo la pregunta “¿que vas a estar bien?”, a lo que yo respondí: “ojalá”.

Esto me hizo pensar que Silvia y Laura han hablado de mí y que esta última se ha preocupado por mí. Durante las horas de la mañana recordé aquella imagen tomada en el año 2016 en que aparece Laura usando un vestido de color negro, largo hasta los tobillos, con zapatillas del mismo color, recibiendo un diploma otorgado por la Secretaría de Salud, en el que se le reconoce como “profesionista sobresaliente”, algo con lo que estoy absolutamente de acuerdo. Si de mí dependiera, haría que se le diera un diploma de “bellísimo ser humano”.

En una imagen Laura posa de pie con una pared a sus espaldas y se ve increíblemente hermosa, pequeña, delgada, muy femenina pero de su rostro emana una expresión que parece proyectar la inocencia de la niñez y eso me despierta un amor inmenso y al mismo tiempo hace más dolorosa la tristeza que me aqueja.

Pasan unas cuantas horas y de pronto empiezo a sentir enojo al pensar que en la actualidad, en una institución pública de salud mental se me considera una persona peligrosa y no se toman en cuenta los actos (incluso delincuenciales) de la persona con la que tuve ese conflicto que acarreó graves consecuencias. Y esto es mérito de Laura.

Así, dentro de mí se albergan sentimientos de amor y de resentimiento hacia una misma persona, lo que representa un problema.

lunes, 25 de febrero de 2019

Una terapeuta, sentirme atraído por ella


Pienso en mi soledad, que ha sido una constante a lo largo de toda mi vida y no me acostumbro, sigue siendo un estilo de vida doloroso, pero no hago prácticamente nada para resolver el problema.

Paso mucho tiempo en Twitter, en parte porque constituye un juego en el que la interacción es por medio de la palabra escrita, algo que yo amo; en parte porque tengo la esperanza de encontrar a alguien, a una persona del sexo femenino con quien compartir mi vida diaria, una dama que quiera ser mi amiga o mejor aún mi pareja. El problema es que he usado esta red durante seis años y esto ha sucedido solamente una vez, con una linda mujer más joven que yo que resultó ser psicóloga y fuimos amigos durante un tiempo breve, en los últimos meses del año 2015. Ella se alejó de mí por mi inestabilidad, la sintomatología de mi trastorno, argumentando que soy muy violento. Es un hecho que la lastimé y lo lamento mucho.

En realidad preferiría una relación con una mujer que se diera de forma personal, que ella radicara en la ciudad donde yo vivo, de preferencia cerca, incluso con intenciones de vivir juntos en un plazo razonablemente cercano. Creo que tengo muy buenas características como hombre, que un buen número de mujeres considerarían deseables, pero también es un hecho que en un mundo gravemente sobrepoblado, cada vez existen más personas solas y esa condición se hace más intensa y dolorosa en las grandes ciudades, donde el individuo está rodeado de una gran cantidad de gente.

Siempre me he sentido muy atraído por mis terapeutas (psicólogas) y con más de una he llegado a pasar a otro tipo de relación, amistad, pero esto ha sido transitorio y he vuelto a mi condición de solitario, algo de veras muy triste. Una psicóloga ejerce una gran atracción en mí en gran parte porque parece ser la única mujer con probabilidades de entender el modo como he vivido, una condición muy anómala, de hecho muy patológica aún sin ser un enfermo psicótico, pero que ha afectado mi vida a tal grado que en dos ocasiones llegué a perder la voluntad de vivir.

Al mismo tiempo, una mujer que escoge una profesión de ayuda, específicamente psicología, parece mostrar una inclinación a la actividad intelectual, entiéndase cultura. Yo soy un deportista y me gustaría tener una compañera que también lo fuera, pero si tuviera que elegir entre una mujer con ese atributo y una mujer culta, elegiría a la segunda. En una persona con un nivel intelectual alto hay un gran potencial para seguir una senda en la que la intención es enriquecer la vida continuamente, sin caer en estados mórbidos de hastío o en perder el interés por el mundo en que vive, convirtiéndose en un objeto que respira, traga y defeca. Me disculpo por la crudeza de mi vocabulario.

He pensado en aquellas psicólogas por las que me he sentido atraído (omitiré sus nombres), mujeres inteligentes, con intereses en alguna manifestación artística, con un deseo genuino de ayudar a personas que sufren, con un dinamismo vital que parece intrínseco independientemente de que puedan tener historias de vida difíciles. Ahora que llevo varias semanas hablando vía telefónica con una psicóloga (mucho más joven que yo) de otra entidad del país en que vivo, me resulta difícil evitar pensar en la posibilidad de llegar a desarrollar un vínculo con ella que implicara que dejáramos de ser paciente y terapeuta, y nos convirtiéramos en buenos amigos, o en pareja. La voz de esta dama me despierta un sentimiento de admiración y afecto, su discurso refleja un cociente intelectual alto con un grado de preparación académica poco común, y su manera de dialogar conmigo me hace sentirme respetado y aceptado, algo muy valioso para mí pues de eso he recibido muy poco en mi vida.

Hablo con esta dama los días jueves y domingo, por la noche. Tengo intenciones de seguir leyendo mi libro de TLP (Borderline Personality Disorder, Survival Guide) mencionado en entradas anteriores y tomar notas que me parezcan relevantes en relación con mi persona y con mi existencia para comentarlos con Celia. No sé cuánto tiempo va a estar disponible mi consejera, pues trabaja en una dependencia de gobierno que por su naturaleza, no ofrece estabilidad laboral a sus empleados, independientemente de las cualidades que estos puedan tener.

Me gustaría decirle a esta bella dama que he comenzado a sentir amor por ella y quisiera poder abrazarla, besar su corazón.

El fin de semana pasado, 2a parte


Volví a dormir y cuando desperté había desaparecido el cansancio y decidí ejercitarme en mi bicicleta de carreras. Por mi obsesión con los números y la lectura del odómetro de mi cyclocomputer, decidí recorrer 43 km (una distancia considerable en rodillos), después de lo cual limpié el patio del frente de la casa (las heces de mis mascotas) y habiendo terminado mi sesión de ejercicio, siendo aprox. las 19:00 horas marqué un número de atención psicológica local buscando a una excelente psicóloga que me ha atendido durante poco más de dos años.

A esta psicóloga (omitiré su nombre) me recordó lo que yo le había comentado el día anterior que había vuelto a cobrar conciencia de mi fuerte tendencia a contemplar el lado negativo de mi vida, pasando por alto lo que hay de bueno en ella, haciéndome notar el contraste con este nuevo estado de ánimo. Yo le di la razón, y le mencioné el malestar tan intenso que he sentido a partir de que le dije adiós a mi amiga Laura, que  reavivó el dolor de haber sido traicionado por ella hace cerca de 10 años, en lo referente al conflicto que tuve con una psicóloga inmoral y delincuente que era su compañera.

Hablando con esta excelente terapeuta le expresé las traiciones de las que he sido objeto durante mi vida y el efecto tan devastador que he sufrido por ello. De ahí que al pensar en Laura afloren sentimientos encontrados, opuestos en apariencia como la gratitud y el afecto; con el resentimiento y la furia.

Hace 21 años, al comenzar 1998, un mal individuo al que yo consideré mi amigo me pegó por la espalda despojándome de mi empleo. Ahí comenzó una caída de la que siento que jamás me voy a recuperar. A mediados de ese año me fui a una ciudad del norte del país con intención de conseguir un empleo y entonces toda mi familia me atacó, en un esfuerzo coordinado por el monstruo que tuve por padre, pero lo más dañino fue la traición de mi madre, que al hacer eso se arrojó a un precipicio y me arrastró en la caída. Al terminar la llamada, sintiéndome mucho mejor, tomé un baño y me dispuse a buscar a otra psicóloga con la que hablo en jueves y domingo. Cuando pude hacerlo le hablé de temas parecidos y otros aún más importantes.

Esta psicóloga es otra mujer relativamente joven de otra entidad de la república, egresada de la UNAM, con una especialidad en psicoanálisis. Entre los temas que tratamos estuvo el de los conflictos que he tenido con personas que muestran un narcisismo patológico (casi siempre hombres) y el hecho de por mi historia de vida y la grave patología con la que he vivido, he hecho muy poco con mi vida, pareciera no haber conseguido nada (lo cual no es cierto).

Por ello, cuando encuentro una persona narcisista, represento un blanco fácil si lo que esa persona busca es manifestar superioridad, asumir actitudes de condescendencia, mirarme desde arriba. Eso fue lo que sucedió con ese ‘amigo’ de nombre David, que me contrató para un empleo en la maquiladora electrónica a mediados de noviembre de 1997 y dos meses y medio más tarde me echó a la calle, enloquecido de furia por no haber conseguido demostrar una superioridad intelectual infinita. Al hacer esto, me propinó un golpe devastador y lo considero la persona que más daño me ha hecho en toda mi vida, excepto por mis padres.

El 24 de diciembre pasado, traté de hablar con una psicóloga de Guanajuato y ella no escuchó lo que yo tenía intención de decirle y argumentó que si antes no tuve un empleo fue porque no lo busqué, y que para ella fue difícil conseguir trabajo por contar con una licenciatura; para quien cuenta con bachillerato (refiriéndose a mí) es más sencillo conseguir trabajo. Así, esta señora me puso por debajo del piso, pues la verdad es que mi nivel intelectual es más alto que el de muchos profesionistas con licenciaturas terminadas, titulados e incluso con postgrados. La aberración que dijo esta vieja dio lugar a una discusión que derivó en un conflicto y ella acabó colgándome el teléfono, acusándome de estar violentándola.

Le dije a Celia que me había dado cuenta de que esa psicóloga, en primer lugar es una idiota, y en segundo lugar está más enferma que yo. En el diálogo que siguió le expuse a Celia la idea de que esa necesidad de muchas personas de colocarse en posiciones de superioridad proviene de una carencia y ella estuvo de acuerdo. Le dije además que estoy consciente de que mi cociente intelectual está arriba del promedio, y por supuesto tengo conciencia de que hay personas más inteligentes que yo, pero no abundan. Una de esas personas podría ser ella, y si ese fuera el caso yo no tendría ninguna dificultad para reconocerlo y aceptarlo.

Celia creyó en la sinceridad de mi discurso y la llamada terminó bien. Eran cerca de las diez de la noche y me dispuse a cenar.

El fin de semana pasado, 1a parte


El principio del fin de semana pasado fue un tanto problemático. Desperté el sábado a las 3:00 horas, y sintiendo un malestar por acontecimientos recientes marqué un número de atención psicológica, de una unidad de Cruz Verde en el municipio de Guadalajara. Casi tengo la seguridad de que la psicóloga de turno, de nombre Silvia Álvarez, se negó, después de lo cual me colgó el teléfono. Esta psicóloga fue despedida hace algunos años de otra institución pública de salud mental (SALME), alguien me dijo que porque no hacía su trabajo. Tomando en cuenta lo antes mencionado, y que ya me había pasado antes con ella (hace muchos años, en el año 2007, antes de que muriera mi padre), esto tiene sentido.

He pensado en reportarla, pero tengo la seguridad de que sería una pérdida de tiempo. Como quiera que sea, regresé a la cama y dormí un poco más, levantándome a las nueve de la mañana. En una casa vecina, muy cercana a la mía había gente trabajando, quitando una herrería en una azotea a golpe de cincel y martillo, lo que me provocó un gran estrés. Después de tomar café, desayuné y me dirigí al barrio de Santa Tere a recoger mis zapatos que había dejado el sábado anterior para reparación. Pese a que no me había ejercitado más que un solo día en toda la semana (jueves), me sentí cansado y decidí no tener actividad física ese día. Pasé el resto de la tarde leyendo a ratitos (mi libro sobre TLP) y ya de noche me bañé y salí a pasear a mis mascotas.

El día siguiente tampoco comenzó bien, desayuné y me dirigí a WalMart a comprar el mandado, habiendo decidido comprar un regulador de voltaje, para línea blanca (para el horno de microondas) pues el que tenía ya estaba fallando mucho. Esto representó un gasto fuerte (casi 1200 pesos). Regresé a casa y lo puse en uso. Subí a mi habitación a cambiarme los zapatos y vaciar mis bolsillos y cuando bajé a la cocina, con intención de prepararme una taza de café, me encontré con que mi madre había hecho justamente eso, calentar agua para tomarse un café. Esto me provocó una tremenda furia, pese a estar consciente que es algo poco importante, pero se ha dado este fenómeno durante mucho tiempo, que en el momento en que voy a usar el horno de microondas, mi madre se me adelanta, teniendo muchísimo tiempo para hacer eso antes o después de que yo lo use.

Esto dice algo sobre la gravedad de la neurosis con la que vivo. Cuando fui joven, que vivía en casa sin trabajar, sin ningún ingreso, no podía tomar ningún alimento en presencia de mi padre, pues con su actitud me reclamaba, como diciéndome ‘¿por qué comes si no trabajas’. El maldito vivía en otra entidad del país, pero cuando venía a casa, en el momento en que yo iba a la cocina a tomar algún alimento, el hijo de puta llegaba, hacía acto de presencia. Si era de noche, así fueran la una o las tres o las cuatro de la mañana, si yo tenía hambre y me dirigía a la cocina a tomar algún alimento, el cerdo se levantaba y bajaba a la cocina. No fallaba, parecía un fenómeno sobrenatural, o una presencia demoniaca.

Ahora me pasa con mi madre, que no sé cómo le hace para provocarme contrariedades que parecerían poco importantes, pero me causan una tremenda furia y muy frecuentemente provocan que aflore el resentimiento que llevo contra ella, que raya en el odio.

Traté de dormir, cometí el error de dejar abierta la puerta de mi habitación y poco más tarde, mi madre se puso a acomodar los platos que había lavado, el ruido que produjo me despertó y me provocó otra vez un gran malestar. Bajé a la cocina, le reclamé, la violenté verbalmente y después de comer avena y tomarme una taza de café, subí a la habitación de mi madre a pedirle que me acompañara mientras me comía unas tostadas con atún.

Le expliqué entonces que tengo una patología muy grave y lo que ella hace (si bien involuntariamente) dispara reacciones que yo no puedo controlar. Parezco tener un trastorno por estrés post-traumático. Me referí a mi maldito padre y el hecho de que se aparecía cada vez que yo me disponía a tomar un alimento, el grandísimo hijo de puta, el modo como me agredió desde que nací, cómo arruinó mi vida y provocó que perdiera la voluntad de vivir en dos ocasiones, con gran ayuda de mi madre y el resto de mi familia.

Continúo en la siguiente entrada.

viernes, 22 de febrero de 2019

La razón de mi postura tan negativa ante la vida


El libro que estoy leyendo sobre mi trastorno límite de la personalidad (TLP) titulado: Borderline Personality Disorder, Survival Guide, en el capítulo 3 plantea la pregunta ¿Es el TLP una forma de trastorno por estrés post-traumático? En unos cuantos párrafos, responde (convincentemente) que no.

Al escribir la entrada anterior, pensé que si mi problema no es ese trastorno por estrés post-traumático, sí podría tener que ver con vivencias difíciles que han ocurrido muchísimas veces desde mi temprana infancia, y hasta años recientes.

Con esto me refiero a lo que sucedió en mi trabajo en octubre pasado, en que no cometí ninguna falta y se me separó del mismo, se me pidió que consiguiera un certificado de persona no peligrosa (en la institución pública donde recibo la atención psiquiátrica) y se me permitió regresar casi dos semanas más tarde, cuando a mí se me conoce como un empleado muy competente, confiable, sin problemas de disciplina, asistencia, puntualidad, etc. En cambio ese compañero con el que he tenido problemas, tiene malos antecedentes y él (hasta donde yo sé) no enfrentó ningún tipo de consecuencia por lo que sí hizo, hablar falsedades de mí a mis espaldas, intentar sembrar violencia en mi contra.

Durante los años 2013 y hasta mediados de 2014, vivieron en mi casa mi hermana Yolanda y su esposo, con sus hijos, y se dieron conflictos serios porque en primer lugar no debían haber estado ahí. De hecho, la casa es de mi madre (ya muerto el mal individuo que tuve por padre), pero si mi hermana estaba pasando por una mala situación económica, que no le permitía pagar renta para vivir en su casa con su familia, era por haber estado casada con un vividor, ya en aquel entonces durante 21 años.

Ella y su esposo se dedicaron a hablar mal de mí a mis espaldas, describiéndome como un hombre de 50 años que no trabajaba (de hecho sí lo hacía, estaba haciendo trabajo de traducción en casa, como free lance), omitiendo que he vivido muy enfermo y que mis pérdidas por mi existencia difícil (que yo no escogí) y la patología que desarrollé, me llevaron a perder la voluntad de vivir. Por supuesto, no le dijeron a nadie que yo no tenía ninguna responsabilidad en el hecho de que mi hermana haya arruinado su vida yéndose a casar con un padrote bueno para nada, cínico, desvergonzado e inmoral.

Dos años más tarde, un tío político (cuya esposa, hermana de mí mamá había muerto trágicamente en septiembre de 2014), se portó muy agresivo conmigo en una llamada telefónica, sin que yo le diera el menor motivo y acabó colgándome el teléfono. Esto tuvo relación con lo anterior, con que mi hermana y su esposo le dieron su versión de los hechos, hablando falsedades y omitiendo la parte que a ellos no les convenía que se supiera.

Esa violencia que he padecido y que nunca desapareció, pese a que mi padre murió en diciembre de 2007 (hace ya once años) es la clase de trauma que ha estado presente toda mi vida, algo para lo cual necesito algún tipo de terapia, o una estrategia para poder contemplarla de una manera objetiva y lograr así que desaparezca, tomando la dimensión que merece, y no el tamaño descomunal que yo (inconscientemente) le asigno, por supuesto.


Comunicación con una dama de Twitter, y un súbito insight


Me tomé mi tiempo de descanso y me metí a la red social del pajarito, en mi Smartphone. Una dama me había escrito un tweet en relación con la última entrada publicada en mi blog, diciéndome que se había preocupado por mí. Yo le respondí que no había motivo para ello, pues eran solo sentimientos.

Esta linda compañera de Twitter me escribió vía DM y tuvimos un breve diálogo. Esto, en combinación con comunicación oral que sostuve una hora antes con la directora de mi departamento me hizo cobrar conciencia de algo, una vez más: mi verdadero problema es que le presto demasiada atención al lado negativo de mi vida, y ello hace que pierda de vista lo positivo que hay en ella y en tanto que no la disfrute.

Esta noche, al llegar a casa disfrutaré de una suculenta cena, como hago todos los días. Esto es un regalo de mi madre, ya anciana, con quien comparto una historia difícil pero si nunca he dejado de quererla es porque tiene cualidades extraordinarias que sobrepasan cualquier cosa mala que haya hecho en el pasado. Una vez que haya disfrutado de ese último alimento del día, podré descansar unos minutos en mi habitación para más tarde llevar a caminar a mis perritas Chora y Clara, que en dos meses cumplirán dos años en casa, un regalo de la naturaleza pues el perro es un amigo incondicional, da tanto a cambio de tan poco, y jamás traiciona.

Mañana sábado deberé hacer algunos pendientes, como ir a recoger unos zapatos que dejé en un negocio para reparación. Lejos de ser una molestia, la vuelta será algo agradable, pues ese taller se encuentra en un barrio popular donde hay mucho comercio, buenos artículos, buenos precios y gente amable, agradable. Será un paseo más que otra cosa.

El resto del día puedo dedicarlo a mis actividades habituales, como la lectura (tanto de una novela catalogada  literatura inglesa, como mi libro de TLP, información de ayuda); hacer ejercicio (ahora más provechoso porque me he recuperado del accidente que sufrí hace casi seis semanas); visitaré a mi amigo Hugo en su tienda de bicicletas, y tendré ocasión de relajarme escuchando música en YouTube o disfrutando de alguna de las muchas películas que se han ido acumulando en forma de dvds en los últimos años.

El domingo podré continuar con cualquiera de esas actividades, o una combinación de varias de ellas, y algo muy provechoso sería  continuar con mi costumbre de escribir, de plasmar mis pensamientos con palabras, pero de una manera más positiva, revalorando mi existencia y estableciendo un plan para llevarlo en mente cotidianamente.

Algo importante serán las llamadas telefónicas del sábado y el domingo, con tres psicólogas como posibles interlocutoras. Es casi seguro que coincidiré con dos de ellas, y les expresaré esta intención de darle un giro a mi manera de encarar mi futuro a partir de ahora. Ya antes había cobrado conciencia de este fenómeno, de mi tendencia a no disfrutar de mis buenas condiciones por estar atrapado en mis problemas, la mayor parte de los cuales tienen raíces en un pasado difícil, pero pueden ser superados viviendo el ‘aquí y el ahora’

Prometo hacer mi mejor esfuerzo, y si sufro una recaída, no me daré por vencido.  


Momentos difíciles, pienso en Laura, tengo un duelo porque ella se fue de mi vida


Hoy me aplicaron la cuarta de cinco inyecciones de Bedoyecta, complejo B, mismas que decidí administrarme por un cansancio muy acusado que ha ido en aumento en las últimas semanas. De hecho, a partir de la caída en bicicleta del domingo 13 de enero, mi actividad física disminuyó mucho, no solamente por los golpes y sus efectos (aunque en realidad no fueron de consideración), sino por una pérdida de energía y una fatiga intermitente. De hecho hubo días en que me sentía muy fuerte y mis sesiones de ejercicio en bicicleta (la mayor parte del tiempo sobre rodillos) eran bastante intensas, lo que me resultaba satisfactorio y por la producción de endorfinas a nivel cerebral, me causaba euforia.

La otra parte, es que al día siguiente de una de estas sesiones, el cansancio muscular era considerable, pero en ningún momento me he arrepentido. Sin embargo, en las últimas dos semanas perdí ese nivel de energía intermitente y la ausencia de la misma se hizo permanente. De hecho, esta semana casi no he salido a pasear a mis perritas, pero ellas no han manifestado síntomas de estrés por ello. Es posible que estos animalitos tan extraordinarios intuyan que no me encuentro del todo bien.

Coincide esta baja de energía con el duelo por el que estoy pasando porque esa mujer que fue mi amiga, a quien quise tanto, se ha ido de mi vida. He tratado de analizar mis sentimientos hacia ella junto con los hechos, que esos tres años estuvimos muy distantes uno del otro, la única comunicación constante era por medio de WhatsApp, ocasionalmente yo le escribía un correo electrónico y si ella respondía lo hacía de una manera muy parca, muy escueta; casi nunca hablábamos por teléfono. En varias ocasiones estuve cerca de decirle adiós por impulso, pero llegado el momento decidí no hacerlo.

Pienso que en realidad fue Laura quien decidió alejarse de mí pero sin decírmelo de una manera directa, optando por evitarme en todo momento. Cuando yo aparecía en su WhatsApp ella respondía “hola, adiós”. Yo le enviaba algún mensaje expresando la esperanza de que pudiéramos platicar unos minutos y ella no se daba por enterada. Habiéndose mostrada afectuosa, de pronto adoptó una actitud de mucha frialdad, algo que me dolió mucho y cuando sucedió esto, como respuesta automática comencé a pensar en lo que ella hizo hace cerca de diez años, cuando violó la ética y faltó a la verdad en relación con un asunto muy delicado que involucraba a una psicóloga, compañera de ella, que el año anterior (2008) se había involucrado conmigo sentimentalmente para después arrepentirse, negarlo, manipular a su esposo e incitarlo a cometer un delito, hacerse la víctima en la institución y continuar haciéndose la víctima en la procuraduría.

El hecho es que una agresión de ese tamaño me provocó un sufrimiento tremendo que por mi trastorno límite de la personalidad (que Laura diagnosticó) puso en peligro mi integridad y mi vida. Laura faltó a la verdad cuando se le pidió una valoración sobre el efecto que habían tenido en mí las faltas gravísimas cometidas por su compañera, lo que le acarreó serias consecuencias para ella dentro de la institución, porque muchos de sus compañeros se sintieron defraudados al presenciar una vez más, otro ejemplo de impunidad. Cuando me enteré, escribí sobre eso en un blog y años más tarde, cuando el destino hizo que volviéramos a encontrarnos, Laura se negó a atenderme argumentando que había tenido problemas por eso que yo escribí, cuando en realidad, si tuvo problemas fue por lo que ella hizo, no por otra cosa.

Este tipo de asuntos constituyen una de mis obsesiones, más intensas en épocas difíciles.

jueves, 21 de febrero de 2019

Primera sesión de ejercicio de la semana, cansancio crónico y los problemas de mi mente


Esta mañana desperté después de las siete y bajé a tomar mi acostumbrada taza de café con una pieza de pan, haciendo esto en la cocina, sin dirigirme a la sala con intención de ver videos en Youtube por televisión. Una vez hecho esto, subí a mi habitación e hice los preparativos para mi sesión de ejercicio en mi bicicleta de carreras, sobre rodillos. Mi intención era usar mis rodillos Kreitler, comprados en abril de 2017, mismos que dejé de usar hace como seis meses porque se rompió una pieza de plástico, lo que provoca que al girar emita un ruido insoportable. El fin de semana traté de arreglar esto, pero no tuve éxito.

Por ello, hoy volví a usar mis rodillos de cilindros de 4 pulgadas de diámetro, mismos que compré hace más de 26 años. Fue mi primera sesión de ejercicio de la semana y aun así me sentí cansado y falto de energía. Hice apenas el mínimo (veintitantos kilómetros) y al terminar intenté hacer ejercicios con pesas pero me limité a usar las mancuernas, incluso para eso tuve que hacer acopio de fuerza de voluntad.

Salí de casa bastante temprano y en consecuencia llegué mucho antes de mi hora de entrada. Había pensado dirigirme a otro edificio a leer mi libro de TLP mientras transcurría el tiempo previo a mi inicio de labores, pero decidí irme directo a mi lugar de trabajo y empezar a trabajar 20 minutos antes, con intención de tomar una hora de descanso al caer la tarde. En el trayecto leí poco, en parte porque me resulta difícil concentrarme, y en parte porque pese a haber dormido bastante, mi cansancio se manifestaba en forma de somnolencia. No sé si esto sea otro síntoma de depresión, si bien debo recordar que en la llamada del domingo la psicóloga Celia me dijo que ella no me percibía muy deprimido.

Durante el trayecto sí hice algo que podría considerar importante: borrar de los archivos de imagen de mi Smartphone casi todas las fotos de Laura, esa mujer a la que quise tanto, a quien dije adiós en fecha reciente, cuya ausencia me ha llenado de tristeza, frustración y en ocasiones furia. Antes de quitar sus imágenes de mi galería en mi Smartphone, las envíe a algunas de mis cuentas de correo electrónico, porque no quiero perderlas. Durante las primeras horas de mi turno laboral pensé en esta mujer, sintiendo que había dejado de quererla y que iba a dejar de extrañarla, pero de pronto volví a pensar en ella con afecto y sentí una súbita tristeza.

Contrastan estos cambios en mi estado de ánimo con lo que leí en mi libro sobre TLP (Borderline Personality Disorder, Survival Guide) en relación con comportamiento suicida y daño auto infligido de forma deliberada. Ese capítulo explica de forma muy clara las diferencias entre estos actos y la importancia que revisten, ya que implican mucho peligro, aun cuando no siempre la intención sea quitarse la vida. De pronto recordé una película sobre la trágica vida de una mujer canadiense, que pasó tiempo en la cárcel y acostumbraba cortarse en los brazos con objetos punzocortantes. En una escena ella argumenta que al correr la sangre, el dolor se va. Al escuchar sus palabras comprendí por qué mostré ese comportamiento en el año 1995, el más terrible de toda mi vida (por lo menos de la parte que llevo recorrida). Hacerme incisiones en el brazo izquierdo con una navaja de rasurar no era muy doloroso, la hemorragia era más o menos abundante, y el alivio era considerable. El color tan bello de la sangre constituía un regalo visual.

¿Y cómo se relaciona esto con Laura, la amiga que se fue de mi vida? Tiene que ver en lo que he mencionado antes en este blog, que ella me atendió durante los meses en que me relacioné sentimentalmente con otra psicóloga, compañera de ella, que después dio marcha atrás y manipuló a su violento marido para que profiriera amenazas en mi contra, lo que dio inicio a una guerra que tuvo consecuencias muy graves para esa mujer desvergonzada e inmoral. El hecho es que en algún momento durante el año 2009 (cuando Laura estaba a punto de irse de esa institución de salud mental), cuando le pidieron una opinión profesional sobre los efectos que tuvo en mí como paciente la serie de faltas gravísimas que su compañera cometió, Laura faltó a la verdad, regalándole impunidad a su compañera, faltando a la ética y pegándome por la espalda.

Lo que no me puedo explicar es qué fue lo que motivó a Laura a faltar así a la verdad, y qué significó mi sufrimiento para ella, habiendo presentado en varias ocasiones crisis en las que manifestaba mi intención de quitarse la vida; crisis detonadas por esa agresión tan brutal de esa psicóloga delincuente, compañera de Laura, que a todas luces había quedado impune.

Este hecho nunca ha dejado de molestarme, aun cuando llegué a querer mucho a Laura, pero ahora que me he dado cuenta de que ella ha hecho de su vida un tinglado de mentiras y sospecho que acepta la corrupción en su vida (por lo menos en cierta medida), me pregunto qué tan honesta es. Mi interrogante es si Laura ha evitado cometer actos cuestionables, o incorrectos motivada por evitar posibles consecuencias, o porque la honestidad es un valor internalizado.

Empiezo a cobrar conciencia de mi fuerte tendencia a idealizar a otras personas, conociéndolas poco, contando con información insuficiente sobre ellas mientras que al mismo tiempo gasto una barbaridad de energía psíquica pensando en ellas y en el modo como me perciben. Con esto me refiero a que entre los profesionales de salud mental que me han atendido, parece haber un consenso respecto a considerarme un individuo violento y posiblemente peligroso. No sé bien cuál es la razón de esto, pues si bien no puedo negar que le he hecho daño a algunas personas, cuando esto ha sucedido, ha sido siempre porque fui agredido sin justificación y el ataque fue lesivo para mí.

Esa percepción de otras personas representa un problema para mí porque estoy muy solo y cuando intento acercarme a alguien (a una mujer, con intención de iniciar una relación de amistad o de pareja) casi invariablemente soy rechazado y eso redunda en un sufrimiento mayor. Esa soledad es uno de mis mayores problemas, y no sé cómo voy a resolverlo.

miércoles, 20 de febrero de 2019

Mi libro sobre TLP, mi diagnóstico y mi papel en mi lugar de trabajo


Desperté de madrugada y salí a pasear a mis mascotas, evento un tanto estresante por el comportamiento de mis perritas, pero más que nada por mi neurosis. En realidad ellas se comportan como lo que son, animalitos y yo les exijo que no se detengan a husmear, que no caminen en la dirección errónea (por ejemplo para evitar enredar la correa en un poste o en un árbol), etc.

Como quiera que sea, una vez en casa subí a mi habitación y me puse mi piyama para volver a dormir. Seguí en la cama hasta las 8:30 horas, me levanté y bajé a tomar mi acostumbrada taza de café con un pedazo de pan, mientras miraba videos en youtube. Esta vez busqué desnudos femeninos, pero no fue posible contemplarlos por la restricción de edad, el modo de eliminarla parece bastante confuso. Terminé viendo un par de videos musicales, de esos que ya me aburren.

Después de desayunar y bañarme, salí de casa a una hora bastante temprana (en relación con mi hora de entrada al trabajo) y llegando con media hora de anticipación, me dirigí a otro edificio. Esperé a la médico, pero la puerta del consultorio estaba cerrada y decidí dirigirme a mi edificio, checar la entrada y comenzar a trabajar. Unos minutos más tarde le envié un mail interno a la médico (de nombre Mónica) y ella me contestó amablemente que estaría disponible a las 11:30 horas. Acudí al consultorio a esa hora y Mónica me hizo el favor de aplicarme la tercera inyección de cinco de Complejo B (Bedoyecta).

Esta dama (unos veinte años más joven que yo) me resulta muy agradable, una persona muy educada, amable, con buena presencia y un bonito carácter. Se me ha ocurrido que podría intentar entablar algún tipo de relación con ella, pero no sé si esto sea factible. Lo que sí es un hecho es que necesito alguien dentro de la empresa en quien confiar, alguien con quien pueda dialogar ocasionalmente. Como había mencionado en entradas anteriores, el director de RH me resulta repulsivo por su naturaleza traidora y cobarde, ya no puedo confiar en el médico, me he alejado de la directora de mi departamento, etc.

De hecho, tengo muy poco contacto con otras personas, que hasta hace unas cuantas semanas se limitaba a hablar por teléfono con una o dos psicólogas en fin de semana, pero en tiempos más recientes, lo hago también con otra psicóloga (de nombre Celia) un día entre semana, jueves. Vivo con mi madre y platico con ella más que antes, pero por razones obvias (edad, diferencias entre nosotros por nuestra vida en común, bastante difícil) esta comunicación es bastante limitada, por ejemplo, no puedo hablar más a fondo de temas de sexualidad, sobre todo porque algunos los vivo en secreto y por tanto, puedo tratarlos únicamente con algunos profesionales de la salud mental.

Mi libro sobre TLP (The borderline personality disorder, Survival Guide) dedica el capítulo seis a “comportamiento suicida y auto-daño deliberado”, haciendo énfasis en la importancia de saber distinguirlos, pues muchas veces un paciente con TLP se hace daño a propósito (por ejemplo, se causa algún tipo de lesión) pero sin intenciones de quitarse la vida, mientras que en otras ocasiones, la intención es matarse y un error de apreciación por parte de un médico puede tener consecuencias letales.

Menciona el caso de un hombre joven, de nombre Michael, que después de una sesión de terapia difícil se cortó en el inodoro. Recordando el plan de emergencia acordado con su terapeuta, se dirigió en su auto al área de urgencias de un hospital y le dijo al doctor “necesito ayuda, traté de quitarme la vida y todavía tengo la idea”. El médico decidió que la herida no parecía grave y que Michael nada más quería ser atendido (en otras palabras, llamar la atención), por lo que lo dio de alta, al día siguiente Michael se suicidó.

No sé si ese médico era un pendejo, o un hijo de puta, o las dos cosas. Leer esto me produce mucho malestar porque en diferentes épocas de mi vida mostré comportamientos suicidas, posiblemente (o seguramente) como una manera de expresar la desesperación y el sufrimiento tan intenso que me aquejaba y recibí respuestas terribles de médicos psiquiatras, o de miembros de mi familia.

En relación con esto, he sentido en las últimas semanas que en la empresa donde trabajo me están utilizando para ignorar los graves problemas que se han dado en el departamento al que pertenezco, por ejemplo, que tiene el peor clima laboral de toda la compañía. De hecho se dice que en el papel, el departamento al que pertenezco es parte de la empresa, pero en la práctica, es autónomo, pues no se rige por los reglamentos de la compañía, sino por la voluntad de su directora, que en realidad es el poder detrás del trono. El director general (hijo del dueño y fundador de la empresa) es el jefe en la teoría, pero en los hechos, él hace lo que la directora de mi departamento quiere. Esto porque esa señora le ha dado a ganar mucho dinero a la compañía, y se ha convertido en una persona con mucho poder a quien mucha gente (incluso de su mismo nivel corporativo) teme.

Si yo no me siento bien, mi malestar se atribuye a que padezco una patología grave, o sea que tengo una percepción alterada de la realidad (algo absolutamente falso, y por demás perverso) y las encuestas y sus resultados hacen de esta aseveración un disparate, pero esto no se toma en cuenta.

Así, el director de RH (que tiene menos de un año en su puesto), optó por la cobardía y aceptó convertirse en una figura decorativa. Ahora, su aspecto me parece grotesco y evito siquiera mirarlo, pues para mí representa el epítome del hombre deleznable, carente del mínimo respeto que todo ser humano debe de tener por sí mismo.

Escribir esto constituye una forma de terapia, y una catarsis.

martes, 19 de febrero de 2019

Edad madura, aspecto físico y antagonismo con personas miserables


Me tomé mi tiempo de descanso y me dirigí a otro edificio, a sentarme en una cómoda silla reclinable con intención de continuar con la lectura de mi libro sobre TLP, pero en lugar de ello tomé mi Smartphone y le eché un ojo a mi cuenta de Twitter, que encontré poco interesante. Entonces dirigí una mirada a mi WhatsApp y sin saber cómo fui a la configuración, donde aparecían más de 20 números bloqueados, uno de los cuales era el de una compañera de trabajo, de muy corta estatura con la que romí en agosto del año pasado porque se portó agresiva y grosera conmigo, por segunda vez. Ahora no le doy ni los buenos días.

Vi la foto de su avatar a la distancia (sin amplificarla) en la que aparece con su cónyuge y no supe quiénes eran esas personas. Al agrandar la imagen pude reconocer a esa tipa junto con su marido (al que no conozco en persona, ni me interesa en lo más absoluto), lo que me trajo a la mente la jodidez de tantas personas, que se refleja en su aspecto físico. Esta tipa presenta sobrepeso (lo que no resulta demasiado evidente) pero al observarla se percibe una proporción muy alta de tejido adiposo en relación con su constitución física, un rostro abotagado, hinchado, y una sonrisa llena de fealdad posiblemente por lo falsa que resulta viniendo de una persona que escupe amargura y despide un hedor a hiel.

Se hace difícil ir por la vida topándose con tanta gente con tan mal aspecto físico, sobre todo porque la mayoría de las veces va acompañado por una fealdad interior, por un odio que llevan dentro cuyo origen parece ser una historia de vida difícil que deciden no enfrentar, optando por fugarse de diversas maneras. Ahora que he conseguido llegar a mi peso ideal, y mi índice de masa corporal es un poco inferior a 24, pienso en lo importante que ha sido mi aspecto físico desde la adolescencia, lo cual fue una de las motivaciones para convertirme en un deportista serio, aprender sobre nutrición y optar por un estilo de vida muy sano pese a padecer una patología muy grave.

Es un hecho que mi genética es buena, tengo el aspecto de una persona de raza blanca, un nivel de energía poco común incluso en hombres más jóvenes que yo y la conciencia de que nunca fue mi intención cultivar una sola característica (mis capacidades físicas, más bien modestas) sino conseguir un desarrollo integral, estudiando y aprendiendo por medio de la lectura. Mi falta de logros es en buena parte aparente y una prueba de ello es la animadversión que despierto en hombres que necesitan compararse conmigo, percibiéndome como un adversario débil y al no salir favorecidos de tal comparación, comienzan a sentir un profundo odio contra mí, lo que no sería fácil entender tomando en cuenta que se consideran tan superiores.

Hay un antagonismo entre hombres como yo e individuos del sexo masculino con características sexuales no muy definidas, independientemente de su estatura o su nivel socioeconómico o la preparación con la que cuenten. Había mencionado al médico de la empresa en una entrada reciente, junto con su jefe el director de RH, describiendo al primero como un sujeto de estatura apenas mediana, sin sobrepeso aparente pero con una espalda angosta, una carencia de masa muscular casi absoluta, adicto al tabaco, con actitud generalizada de hostilidad no muy encubierta y una ausencia de expresividad en su rostro que parece proyectar anedonia, o un estado depresivo crónico, posiblemente incurable.

Esa condición de vida es absolutamente incompatible con la mía, y eso parece colocarnos en bandos opuestos; en lugar de percibirnos como hombres distintos, nuestras diferencias nos convierten en antagonistas.

Yo no tengo intenciones de hacerle ningún daño a ese individuo débil que ante mis ojos no es otra cosa que un ratón emasculado. Seguir con mi vida es motivo suficiente para provocarle un sufrimiento intenso que acelerará el término de su existencia, en un periodo de lapso muy doloroso para él, por cierto.

Son mis cualidades, más que mis defectos los que provocan hostilidad en otras personas, algo que no me resulta fácil de entender, pero que empiezo a aceptar.

Así la naturaleza humana.  


El fin de semana pasado, domingo


El domingo fue un día sin mucha actividad, pero pude hablar con una psicóloga, vía telefónica, algo que evité hacer el día anterior. Hablar con esta dama, relativamente joven me proporciona un gran bienestar porque me da la oportunidad de exponer mis ideas de una manera clara, ante una interlocutora inteligente, que sabe escuchar y todo esto me ayuda a aclarar mis ideas, me tranquiliza y en parte me sirve como catarsis.

Me enteré que en SALME soy una persona conocida (no quisiera decir importante), y que están al pendiente de mi blog, por lo menos de uno que dejé de escribir en los primeros días de enero, dejándolo en 240 entradas escritas a partir del inicio del año 2018.

Como decía en la entrada anterior, el sábado evité ejercitarme en mi bicicleta de carreras porque el cansancio era muy acusado y resultaba fácil comprender que tener actividad en esas condiciones resultaría dañino, indeseable. El domingo no me sentí recuperado del todo, pero pude hacer un buen número de kilómetros en rodillos y al hacer un paréntesis, para tomar aire, decidí salir y hacer un recorrido por mi circuito acostumbrado, de 4000 m, de los cuales aproximadamente la mitad son cuesta arriba. Mi desempeño fue menos intenso que en otras ocasiones, y el recorrido total fue menor al acostumbrado porque no quise provocarme un agotamiento que me complicara el día siguiente, primer día laboral de la semana.

Al salir de casa vi a mi vecino Pelochas, al que detesto, barriendo las hojas que caen de los árboles, con su aspecto tan desagradable. Evité hacer contacto visual con él y una vez que hube colocado el candado en la reja, me subí a mi bicicleta y me alejé pedaleando. Más tarde mi madre me dijo que había observado la escena desde la ventana de su dormitorio y Pelochas se había percatado de ello, optando por bajar la mirada.

Una de mis tareas pendientes era lavar algunas prendas de ropa, pero no lo hice. En lugar de ello comí poco después de regresar de mi recorrido ciclista para continuar con la lectura del libro “The Borderline Personality Disorder, Survival Guide”, del que tomé notas mentales para la llamada con la psicóloga Celia, especialista en psicoanálisis, programada para la noche del domingo.

Cuando busqué a Celia, a la hora acordada, traté más o menos los mismos temas que con su colega, la psicóloga con la que había hablado en la mañana, en relación con los mitos asociados al TLP y lo mucho que me llamó la atención que en mi caso, a diferencia de la generalidad de quienes presentan este trastorno, sí tiendo a violentar a otras personas (jamás sin provocación) y rara vez dirijo la agresión hacía mí, lo que explica que pocas veces en mi vida recurrí a comportamientos de automutilación, y jamás incurrí en abuso de sustancias.

Algo posiblemente más importante es el hecho de que no soy un manipulador, e incluso en aquella época en que me atendió una psicóloga de nombre Leticia, en varias ocasiones tuve que hacer enormes esfuerzos para evitar ponerme a llorar al mencionar a mi hermana menor (fallecida dos años antes), y otro tipo de vivencias difíciles.

Dejando estos temas a un lado, le dije a Celia que estaba tremendamente deprimido y la razón más aparente era el término de mi amistad con Laura. Hablé bastante sobre esta bella mujer, y la tristeza que siento al tomar conciencia de que ya no la voy a volver a ver, y el sentimiento de profundo malestar que me provoca cobrar conciencia una vez más que hace cerca de 10 años rompió la neutralidad a favor de una compañera de trabajo de ella (y colega) que me agredió de una manera terrible y puso en peligro mi integridad y mi vida.

Tocamos otros temas, en apariencia menos importantes. Le pregunté si cree en Dios y ella me respondió que sí. Ante la interrogante sobre si es católica (respuesta negativa) le pregunté si es judía, y la respuesta también fue no. ¿Alguna vertiente del cristianismo? De nuevo una respuesta negativa. Dios sin religión, concluí. Esta vez la respuesta fue un sí.

Le mencioné entonces el campo de extermino en Auschwitz Bierkenau, en Polonia, convertido en un museo donde se exhiben fotografías de algunas de las víctimas (incluso de niños), prendas de ropa, zapatos, los hornos crematorios, etc. y le pregunté a Celia si ella visitaría ese lugar. Su respuesta fue negativa y en eso coincidimos. Le dije entonces que yo no le veía ningún sentido a hacer algo así, sabiendo lo que sucedió ahí y no me explico cómo puede haber gente de cometer actos tan terribles.

Una de muchas razones por las que no creo en Dios.

Celia me dijo que no parezco estar muy deprimido, sino más bien tengo la mente demasiado ocupada, con un exceso de información, algo que me sorprendió pues nunca se me ocurrió que esta fuera una posibilidad. Escribir esto me trae a la mente que anoche pasé mucho tiempo en la cama, ya con la luz apagada, en mi tren de pensamientos enloquecedoramente repetitivos y obsesivos, lo que parece ser un impedimento para conciliar el sueño y hace falta hacerme el propósito de conseguir eliminar esa agitación, y poner mi mente en calma.

Seguiré en comunicación con Celia, otra persona muy fuera de lo común. Es una tendencia mía, establecer vínculos con psicólogas, sin rebasar la relación terapéutica, aunque sí es mi intención hacerlo en algunos casos, o por lo menos intentarlo.

lunes, 18 de febrero de 2019

Fin de semana pasado, sábado


El fin de semana pasado fue un tanto difícil, sobre todo el sábado. Comenzó mal por el estrés que me causó estar escuchando ruido proveniente de la casa de mi vecino Ricardo (al que llamo despectivamente ‘Pelochas’), porque había gente sacando escombro de un cuarto que se encuentra en la parte posterior de su vivienda, al que su esposa llama su ‘estudio’. Salí de casa para dirigirme a un barrio popular a dejar un par de zapatos en un negocio de reparación y de ahí dirigirme a cortarme el pelo, en el mismo rumbo. Después de esto —y contra mi costumbre— comí tres tacos de barbacoa y dos quesadillas en un restaurant de la misma zona, acompañándolos con dos cervezas de 355 mL. Fue un alimento exquisito, pero me provocó una colitis que permaneció conmigo el resto del día.

Me dirigí a otro rumbo de la ciudad, bastante lejano a recoger una película que había encargado y comprar otras. Regresé a casa sintiéndome mal anímicamente, padeciendo mucho estrés (en parte por el calor desacostumbrado en esta época del año) y como resultado de esto, pensando en gente de mi lugar de trabajo con muy malas características, como el director de RH de quien tuve una muy buena opinión y resultó ser un individuo pusilánime y cobarde, igual que su subalterno el médico.

Estos dos tipos tienen en común una mala apariencia, ‘hombres’ con poca testosterona y mal aspecto, poca inteligencia y un nivel intelectual bastante deficiente; la clase de gente que se pierde entre la multitud. Yo confié en el gerente de RH y en la primera oportunidad que tuvo usó la información que yo le di sobre mí voluntariamente (cometiendo un error garrafal) para descalificarme, argumentando que mi percepción del mal clima laboral que priva en mi departamento se debe a mi patología, a que soy paciente psiquiátrico.

En el médico creí haber encontrado a una persona empática y respetuosa, que parecía saber escuchar sin interrumpir, con intención de hacer lo correcto, pero en un momento de dificultad para mí (en octubre pasado, cuando fui separado de mis labores porque temieron que representara un peligro para un mal compañero) mostró una gran falta de carácter y meses más tarde (hace dos semanas) dio un giro de 180 grados a su posición ante lo mal que está la situación en mi departamento (clima laboral) afirmando que mi compañero  (una persona muy dañina) es un individuo como cualquier otro, sin grandes virtudes ni grandes defectos.

Esto me mostró una realidad de lo más desagradable, que la mayoría de la gente opta con toda conciencia por vivir en la cobardía, agachar la cabeza, engañarse y aceptar lo inaceptable, llegando incluso a defender lo indefendible.

A este respecto, lo que a mí me toca hacer es adaptarme, aceptar estos hechos como una realidad amarga pero no por ello convertirme en una de esas personas a las que yo considero despreciables, y en cambio tomar conciencia de que tengo que seguir adelante a pesar de la pobreza de un buen número de gentes con las que me voy encontrando, tomando distancia de ellas en la medida de lo posible (como se dice coloquialmente ‘pintar mi raya’), sin dejarme contaminar por su pobreza como seres humanos y encontrar actividades que me interesen y constituyan un estímulo diario que supere por mucho esos aspectos negativos de mi existencia.

Como mencioné en una entrada anterior, una de tales motivaciones podría ser mi interés en la escritura, encontrar la manera de darle un cauce positivo, incluso una terapia y un posible método de sanación.

Seguiré en la búsqueda.



viernes, 15 de febrero de 2019

Contemplando a mi querida Laura, que se ha ido de mi vida


Vi en una red social el perfil que creó Laura para ofrecer sus servicios de psicología, y las diferentes imágenes que ha colocado durante unos cinco años, tal vez un poco más.

En algunas aparece asistiendo a la entrega de diplomas como reconocimiento por un buen desempeño. Lleva puesto un vestido de color oscuro (posiblemente negro) lo que hace resaltar su feminidad, y ante mis ojos, una mujer bellísima. Contemplo otras imágenes y vuelvo a percatarme de que su rostro no es bonito, ni el color de su piel, ni su pelo; y sin embargo, entre más la contemplo más hermosa la encuentro.

En lo que aparece publicado en su ‘biografía’, lo que ella escribe, encuentro muchas faltas de ortografía, como sucede con tantísimas personas (mayoría), lo que habla de una educación incompleta, de gente que no le da a la redacción y la escritura la importancia que merece, pero todavía más importante, aparecen imágenes con monitos, una de las cuales dice que lo que hagas con tu vida (o lo que haya de negativo en ella) no es culpa de tus padres.

Me parece inaceptable que un psicólogo diga una aberración de ese tamaño, esta es la clase de pendejada que esperaría escuchar de un farsante como Carlos Cuauhtémoc Sánchez o uno de sus similares, que son legión, pero no de esa psicóloga a quien he considerado tan competente y tan humana.

Es un hecho que durante la niñez se forma el carácter y las fortalezas y las debilidades que tendrán efectos a lo largo de toda la vida. Los infantes son impotentes ante padres violentos y abusivos y muchas personas padecemos los efectos devastadores del abuso físico, emocional o incluso sexual recibido en la infancia. De hecho, mi trastorno límite de la personalidad tuvo como principales causas un ambiente invalidante, un abuso emocional sistemático, una falta de atención ante los problemas de aprendizaje que presenté desde que inicié mi educación, y una violencia que nunca disminuyó, simplemente fue cambiando de forma.

Un detalle como este me refuerza la suposición de que Laura fue víctima de muy malos padres, me parece muy probable que le hayan fallado miserablemente y una vez que se fue de casa (estando bastante joven) se alejó de forma casi permanente hasta que su madre le pidió que los visitara periódicamente. De ahí mentir sobre sí misma, describiéndose como asocial, a todas luces una característica muy ajena a ella.

He notado esos apegos insanos a la familia en personas muy religiosas, y por eso me extraña encontrar esas ideas en Laura (que no es creyente), que los vínculos familiares son un baluarte en nuestras vidas. ¿Estará también cerrando los ojos al posible riesgo que representa no alejarse de personas dañinas? Ese fue el error que cometió mi madre en 1973 (cuando yo tenía nueve años) y cambiamos de ciudad, yendo a vivir a la capital del Estado de México, a una hora de la capital del país, donde radicaban sus padres y hermanos. Al volver a acercarse a esa gente tan destructiva, se expuso al riesgo considerable que sus padres representaban para ella, pero lo más grave es que expuso a sus hijos a una forma de violencia no muy sutil, no muy encubierta que no necesitábamos porque con la que se cultivaba en casa era más (mucho más) que suficiente.

Y pensando en todo esto (en relación con Laura), me duele otra vez que se aleje de mí y me expulse de su vida, cuando yo le he valorado y la he querido de una manera absolutamente correcta; siento que hacer tal cosa podría tener una ganancia para ella, argumentando que se deshace de quien la violenta, engañándose ante el hecho de quienes le hacen daño son su familia de origen.

Una vez más debo aclarar que en todo esto hay mucho de especulación.

Centro de Intervención en Crisis, SALME

  Un poco antes del amanecer del miércoles 17 de enero, volví a marcar el número de teléfono del Centro de Intervención en Crisis de SALME (...