viernes, 22 de febrero de 2019

Momentos difíciles, pienso en Laura, tengo un duelo porque ella se fue de mi vida


Hoy me aplicaron la cuarta de cinco inyecciones de Bedoyecta, complejo B, mismas que decidí administrarme por un cansancio muy acusado que ha ido en aumento en las últimas semanas. De hecho, a partir de la caída en bicicleta del domingo 13 de enero, mi actividad física disminuyó mucho, no solamente por los golpes y sus efectos (aunque en realidad no fueron de consideración), sino por una pérdida de energía y una fatiga intermitente. De hecho hubo días en que me sentía muy fuerte y mis sesiones de ejercicio en bicicleta (la mayor parte del tiempo sobre rodillos) eran bastante intensas, lo que me resultaba satisfactorio y por la producción de endorfinas a nivel cerebral, me causaba euforia.

La otra parte, es que al día siguiente de una de estas sesiones, el cansancio muscular era considerable, pero en ningún momento me he arrepentido. Sin embargo, en las últimas dos semanas perdí ese nivel de energía intermitente y la ausencia de la misma se hizo permanente. De hecho, esta semana casi no he salido a pasear a mis perritas, pero ellas no han manifestado síntomas de estrés por ello. Es posible que estos animalitos tan extraordinarios intuyan que no me encuentro del todo bien.

Coincide esta baja de energía con el duelo por el que estoy pasando porque esa mujer que fue mi amiga, a quien quise tanto, se ha ido de mi vida. He tratado de analizar mis sentimientos hacia ella junto con los hechos, que esos tres años estuvimos muy distantes uno del otro, la única comunicación constante era por medio de WhatsApp, ocasionalmente yo le escribía un correo electrónico y si ella respondía lo hacía de una manera muy parca, muy escueta; casi nunca hablábamos por teléfono. En varias ocasiones estuve cerca de decirle adiós por impulso, pero llegado el momento decidí no hacerlo.

Pienso que en realidad fue Laura quien decidió alejarse de mí pero sin decírmelo de una manera directa, optando por evitarme en todo momento. Cuando yo aparecía en su WhatsApp ella respondía “hola, adiós”. Yo le enviaba algún mensaje expresando la esperanza de que pudiéramos platicar unos minutos y ella no se daba por enterada. Habiéndose mostrada afectuosa, de pronto adoptó una actitud de mucha frialdad, algo que me dolió mucho y cuando sucedió esto, como respuesta automática comencé a pensar en lo que ella hizo hace cerca de diez años, cuando violó la ética y faltó a la verdad en relación con un asunto muy delicado que involucraba a una psicóloga, compañera de ella, que el año anterior (2008) se había involucrado conmigo sentimentalmente para después arrepentirse, negarlo, manipular a su esposo e incitarlo a cometer un delito, hacerse la víctima en la institución y continuar haciéndose la víctima en la procuraduría.

El hecho es que una agresión de ese tamaño me provocó un sufrimiento tremendo que por mi trastorno límite de la personalidad (que Laura diagnosticó) puso en peligro mi integridad y mi vida. Laura faltó a la verdad cuando se le pidió una valoración sobre el efecto que habían tenido en mí las faltas gravísimas cometidas por su compañera, lo que le acarreó serias consecuencias para ella dentro de la institución, porque muchos de sus compañeros se sintieron defraudados al presenciar una vez más, otro ejemplo de impunidad. Cuando me enteré, escribí sobre eso en un blog y años más tarde, cuando el destino hizo que volviéramos a encontrarnos, Laura se negó a atenderme argumentando que había tenido problemas por eso que yo escribí, cuando en realidad, si tuvo problemas fue por lo que ella hizo, no por otra cosa.

Este tipo de asuntos constituyen una de mis obsesiones, más intensas en épocas difíciles.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Centro de Intervención en Crisis, SALME

  Un poco antes del amanecer del miércoles 17 de enero, volví a marcar el número de teléfono del Centro de Intervención en Crisis de SALME (...