viernes, 19 de enero de 2024

Centro de Intervención en Crisis, SALME

 



Un poco antes del amanecer del miércoles 17 de enero, volví a marcar el número de teléfono del Centro de Intervención en Crisis de SALME (Instituto Jalisciense de Salud Mental), una institución que desaparecerá en fecha próxima, o se fusionará con quién sabe qué cosa.

Hice eso con esperanza de comentar con alguien lo que había sucedido el sábado anterior, poco antes de la media noche, en que una psicóloga en turno me negó la atención, colgándome el teléfono, agrediendo así a un usuario. Típico desempeño de un burócrata inútil, carente de ética que además exhibe una indecencia con la más absoluta carencia de pudor.

Comenté el asunto con una psicóloga, que tomó la llamada. No sé si era la misma que me agredió el sábado anterior, 13 de enero. Parece probable porque el personal que cubre turno nocturno (de 12 horas, 8:00 pm a 8:am del día siguiente) trabaja en lunes-miércoles-viernes, o en martes-jueves-sábado. Luego entonces, parecería esperar que esa psicóloga que cubría el turno de las 20:00 horas del sábado a las 8:00 horas del domingo, haya sido la misma que estuvo de la noche del martes a la mañana del miércoles siguiente.

Haya sido o no la misma persona, esta mujer mostró un comportamiento incorrecto, indecente —lo que se ha convertido en la regla en esa institución pública, SALME— que nunca cumplió con su función, pero hubo una época en que fue de utilidad, si bien en mínima medida.

La tipa acabó colgándome el teléfono. Durante el tiempo que duró nuestro diálogo, le informé que hace muchos años, una psicóloga que cubría un turno vespertino de lunes a viernes, que al terminar sus estudios en la universidad había llegado a la Secretaría de Salud con palancas (influencias) y no como una ciudadana de a pie y por ello había ocupado desde el principio puestos importantes (fue asistente personal del primer director de esa institución podrida), se involucró sentimentalmente con un usuario. Ella estaba casada, su relación marital no era buena, se sintió atraída por un usuario y faltó a la ética y a la decencia más elemental, estableciendo con él un romance telefónico. A todas luces, contemplaba la posibilidad de poner fin a su vínculo matrimonial y comenzar otro con un hombre por el que había sentido atraída, preguntándole incluso cuando lo atendía —durante el ejercicio de sus funciones— si estaría dispuesta a tener un hijo con ella.



Poco tiempo después, una circunstancia cambió las cosas y por la afectación tan severa que causó ese acto indebido (el involucramiento sentimental de esa psicóloga con en el usuario frecuente de ese servicio telefónico de intervención en crisis) él la buscó con desesperación y ella manipuló a su cónyuge (un hombre violento) haciéndole creer que estaba siendo acosada, dándole el número telefónico del supuesto acosador para que él (su esposo) le llamara para amenazarlo, lo cual es un delito.

En los días que siguieron, el individuo agredido (que era usuario de los servicios de SALME, y había sido tratado de forma terrible por el personal, incluso por el director de Caisame Estancia Breve, un médico psiquiatra que contaba con una reputación terrible) informó de lo ocurrido al personal del instituto. Se investigó el asunto, pero las autoridades de la institución encubrieron los actos gravísimos de esa psicóloga indecente, lastimando así todavía más a un usuario que padecía una patología grave, poniendo en serio peligro su integridad y su vida.

Informé de esto a esa psicóloga que tomó la llamada poco antes del amanecer del pasado miércoles 17 de enero y ella me dijo: entonces tuviste un coqueteo con una psicóloga. Eso sugiere que esta otra mujer inmoral, carente de decencia decidió interpretar lo que se le había informado como si el usuario se hubiera involucrado con la psicóloga que le prestaba la orientación confundiendo las cosas para proceder a acosarla.

Honor entre mujerzuelas.

Ese Instituto Jalisciense de Salud Mental cuenta con un historial terrible, su personal se dedica (con honrosas excepciones) a hacer lo más opuesto a lo que sería su labor, tratan a los usuarios con la punta del pie y los sueldos que se pagan son muy altos, por muy pocas horas de trabajo. Se sirven con la cuchara grande, de recursos del erario, de los impuestos que pagamos los contribuyentes.

No conozco a su director (de SALME), tampoco al director de Caisame Estancia Breve, aunque su apellido suena familiar. Parece muy probable que esté emparentado con el médico psiquiatra que era director de la institución cuando sucedió lo arriba mencionado, un hombre cuya elevada estatura que contrasta con su deficiente ética y valor pues se mostró pusilánime y cobarde al encubrir los actos indecentes y de impudicia de esa psicóloga, que además incurrió en conductas delictivas.

De ser acertada mi suposición, eso (que ese director de Caisame Estancia Breve sea pariente de alguien importante en la burocracia médica) sería otro ejemplo de influyentismo; algo que no sorprende a nadie que no sea ingenuo o extremadamente tonto.

 

Así las cosas







lunes, 15 de enero de 2024

Atención en salud mental en una institución pública, segunda parte

 


Me enteré en fecha reciente (tal vez en noviembre de 2023) que esa institución pública de salud mental, SALME, va a desaparecer. Eso parece muy acertado porque la mayoría de sus empleados no cumplen con su función (aunque sí reciben remuneraciones bastante altas) y en lugar de ello, se dedican a agredir a los usuarios.

Durante el año 2008, cuando yo hacía uso del servicio de atención telefónica antes mencionado (el centro de intervención en crisis), una psicóloga que me atendía cometió faltas extremadamente graves, incluso conductas delictivas que la institución se encargó de encubrir. Eso puso en grave riesgo mi integridad e incluso mi vida y yo procedí penalmente contra esa psicóloga, mujer inmoral e indecente en extremo. Emprendí una serie de acciones para que lo que hizo esa mujer no quedara impune y logré mi cometido, las consecuencias para ella fueron bastante severas.

Seguí usando ese servicio de orientación telefónica durante muchos años más, pero dejé de hacerlo a mediados del año 2019. Para ese entonces yo había trabajado durante cuatro años en una empresa del ramo farmacéutico, fabricante de productos genéricos intercambiables. Fue ahí donde fui objeto de acoso laboral, y por supuesto, hablé mucho sobre esa violencia con las psicólogas que me atendían, casi exclusivamente en fin de semana y en días festivos. En junio de 2019 decidí dejar de usar ese servicio porque una psicóloga que me atendía se vio en una muy mala situación, muy injusta perpetrada por sus compañeros de trabajo pese a que su desempeño fue correcto y en ningún momento hizo nada incorrecto. Me despedí de ella para que su situación laboral mejorara y con ello perdí un recurso para mí muy necesario.

En ese empleo en una compañía del ramo farmacéutico, fui objeto de acoso laboral (como decía antes) perpetrado por un individuo que muy probablemente padece de psicopatía. Las psicólogas que me atendían en esa institución, SALME, vía telefónica, se enteraron de eso y lo comunicaron a la dirección o algo así. En enero de 2019, algo me hizo sospechar que personal de SALME envió información sobre mí a esa empresa, describiéndome como un individuo peligroso por haber conseguido que la injusticia que ellos perpetraron (proteger a esa psicóloga carente de ética, incluso delincuente) no se consumara, tras lo cual, ella enfrentó consecuencias graves, lo cual resultó justo.

Si mi suposición es cierta, personal de SALME incurrió en un delito, la violación a la ley de protección de datos personales. Y si sucedió eso, se hizo lo mismo en esa empresa farmacéutica donde yo trabajaba al no comunicármelo y hacer eso mismo ante la Secretaría de la Función Pública.

La agresión del sábado pasado, que consistió en que esa psicóloga me colgara el teléfono (algo que ya había ocurrido antes, cuando había intentado ser atendido, lo cual intenté muy esporádicamente) me hizo sentir mal, pero ese malestar no fue tan intenso como lo habría sido en un pasado bastante cercano. Sé bien que intentar poner una queja resultaría absolutamente inútil, pues el empleado que encargado de atenderme incurriría en fingir que hace su trabajo, o de plano se mofaría de mí, como sucede tanto en la burocracia, si bien haría falta aclarar que lo mismo sucede en la iniciativa privada. La podredumbre es ubicua y abrumadoramente frecuente.







Atención en salud mental en una institución pública, primera parte

 


Escribir ha sido para mí un recurso. He usado esta actividad para comunicar acontecimientos —principalmente de carácter negativo, adversos— en diversos entornos.

Durante el año 2008, en que cumplí 44 años, tras la muerte de mi padre (acontecida en diciembre de 2007) seguí viviendo solo, desempleado, en pobreza incluso alimentaria, padeciendo una patología muy grave y sin siquiera estar al tanto de eso. Dos años antes había muerto mi hermana menor, el último día de abril de 2006, lo cual me hizo cobrar conciencia de que había perdido la voluntad de vivir, por segunda vez, y a partir de entonces (desde hace 17 años y ocho meses) he sentido que eso ya no va a cambiar.

Han pasado 26 meses desde que se consumó una injusticia enorme, se me despojó de un empleo (fui despedido sin justificación) por haberme negado a aceptar la injusticia. Un mal individuo (que padece una patología narcisista, muy probablemente un psicópata), bien conocido en la empresa como una persona muy dañina, con abundantes antecedentes de acoso laboral, hizo eso contra mí, acoso laboral e incurrió incluso en conductas delictivas. Se manejó el asunto como si nadie me hubiera hecho nada, como si mi percepción de haber sido violentado hubiera sido imaginaria, manifestación de mi patología. Eso fue una verdadera vileza.

A partir de que se consumó esa injusticia, cuando fui despedido de ese empleo en la industria farmacéutica (agosto de 2021), viví un estrés postraumático que dificultó (prácticamente imposibilitó) hacer cualquier cosa que tuviera que ver con volver a llevar una vida productiva, trabajar y ganarme la vida, y superar el evento adverso, la enorme injusticia.

Me propuse estudiar la gramática del idioma inglés, escribir cotidianamente para convertir esos apuntes en un libro en el que relatara mi historia de vida, la violencia que dio lugar a mi patología, la destructividad de mis padres y mi entorno familiar, y finalmente, propuestas para evitar la enfermedad mental, o para quien ya cayó en ella, superarla, conseguir la recuperación, sanar.

Pero ese estrés postraumático resultó superior a mis fuerzas y solamente fui capaz de hacer aquello que no podía evitar hacer, además de ejercitarme de manera un tanto patológica, realizar esfuerzos físicos excesivos, y caminar con mi mascota cotidianamente.

Mi aislamiento se intensificó (en parte por las secuelas de la supuesta pandemia Covid 19, en mi opinión el engaño más grande de toda la historia) y mi malestar se vio agravado por la dificultad para hablar con otras personas. Expresar lo que siento, lo que pienso, me proporciona un gran alivio y por ello, hablar con psicólogas (siempre del género femenino) brinda la posibilidad de que se dé una comunicación profunda, algo poco probable con personas que no conocen la psiquis y la naturaleza humana y eso dificulta entender muchas cosas. Hace falta señalar aquí que para que se dé esa comunicación profunda (pareciera innecesario decirlo), la profesional en psicología debe contar con características desafortunadamente poco comunes (no basta con que cuente con una licenciatura en psicología, incluso con una especialidad) como un alto nivel intelectual, buena disposición —o que involucra, por supuesto que ella goce de una buena salud mental— y que sepa escuchar.

Desafortunadamente ese tipo de personas son siempre una minoría (en todas las profesiones, oficios y actividades humanas) y por ello, a pesar de que existen diversos recursos de asesoría emocional vía telefónica, resulta difícil conseguir un servicio competente, útil. Frecuentemente, la persona que atiende no es apta para la profesión que realiza y en el mejor de los casos, la atención no sirve; en el peor de los casos, hace lo más opuesto a lo que sería su función y agrede al usuario, sabotea la llamada con intención de incrementar el malestar y el sufrimiento de la persona que solicitó la orientación en la mayor medida posible.

Esto me sucedió el sábado pasado, 13 de enero del año en curso, cerca de la media noche cuando intenté hacer uso del Centro de Intervención en Crisis, un servicio que ofrece el Instituto Jalisciense de Salud Mental.

La psicóloga que tomó la llamada me preguntó cuál era el motivo de la llamada. Le respondí que había padecido un estrés postraumático durante un periodo de tiempo muy prolongado y entonces ella dijo que debía buscar a un psicólogo. Yo le dije que necesitaba hablar con alguien en ese momento y ella exclamó ah no, platicar no, y procedió a colgar el teléfono.

Esto fue una agresión flagrante, algo que sucede cada vez más en ese servicio y como sucede tanto en la burocracia, no hay nada qué hacer. Yo en ningún momento dije que quisiera platicar (lo que se interpretaría “cotorreo”, una charla informal, de temas irrelevantes). Esa psicóloga deformó lo que yo dije con toda intención, incurriendo en una conducta incorrecta, mal intencionada, deshonesta e indecente. Este es el tipo de personas que laboran en instituciones, algo que saben muy bien los directivos, quienes se limitan a organizar todo tipo de farsas y simulaciones, a dar cuentas alegres sobre el cumplimiento de sus funciones y sus supuestos logros.






martes, 16 de abril de 2019

Cambios físicos, en el umbral de una nueva realidad, salir del túnel


Con motivo de haber comenzado a tomar el medicamento antipsicótico (risperidona) para mi trastorno límite de la personalidad (TLP) a mediados de 2011, teniendo 47 años de edad, subí mucho de peso en un tiempo breve. Un día a finales del año (posiblemente en diciembre) me di cuenta de que había ganado seis kilos, habiendo pasado de 75 a 81 kg.

Al comenzar el año siguiente me propuse perder ese peso excedente, principalmente mediante mi deporte, el ciclismo de ruta pero entonces comencé a sentir un cansancio muscular tremendo y sentirme con sobrepeso, habiendo perdido la línea (mi cintura ya había quedado rebasada) y con tejido adiposo en la parte superior del peso —que provocó que se perdiera la definición de mi musculatura en pecho, brazos y abdomen— me sentía mal conmigo mismo, como un pendejo común de esos que abundan en la sociedad en la que vivo, que se pierden entre la multitud.

Así transcurrió el resto de ese año 2012 y tuvo que pasar bastante tiempo (hasta el 2014) para que volviera a estar en peso, 75 kg o un poco menos. Para abril de 2015 me hallaba en mi peso óptimo, pero obtuve un empleo (lo más afortunado que me ha pasado) y por diversas causas como contar con menos tiempo para ejercitarme, estados depresivos (distimia), falta de motivación e ingerir más calorías de las que necesitaba por comer en la empresa y después en mi casa, volví a ganar peso, si bien ese excedente no era demasiado notorio.

Durante el año 2018 mantuve la actividad, si bien baja debido a un cansancio crónico, pero en octubre (que fui separado de mi trabajo) se redujo mi talla y al regresar se notaba mi adelgazamiento. Al comenzar este año, decidí que no era necesario acudir al comedor de la empresa y eso, aunado a un aumento drástico en mi actividad deportiva, dio lugar a una pérdida de peso importante que me llevó a estar en este momento (y desde enero) debajo de 75 kg. Desde entonces, he tenido una especie de “conciencia corporal” en todo momento, y mi fisonomía de individuo de raza blanca junto con una figura caracterizada por una espalda relativamente amplia, una cintura pequeña y un abdomen plano (además de una buena definición muscular) y la consciencia de que hago un trabajo intelectual que da lugar a un reconocimiento por parte de personas para mí significativas, ayudan mucho con mi autoestima, haciéndome sentir que soy un hombre con cualidades poco comunes.

Reconozco que soy vanidoso, pero no creo que me aqueje un narcisismo patológico pues no vivo imaginándome que muchas mujeres me desean y me siguen con la mirada, me hacen insinuaciones, etc. De hecho pocas mujeres muestran interés en mí, y así ha sido siempre. Me llama la atención que le dé tanta importancia a la imagen que proyecto (en lo visual) cuando ninguna de las parejas que he tenido se ha sentido atraía por mi físico, sino al interactuar conmigo y descubrir ciertas cualidades de mi personalidad, mi nivel intelectual, etc.

Al mismo tiempo, siento que con el paso del tiempo (sobre todo el que he vivido en circunstancias difíciles) he ido progresando mediante el avance en el kilometraje en la Ciclocomputadora montada en el manubrio de mi bicicleta, mi pérdida de peso, mis progresos en condición física y cobrar conciencia de mi realidad completa (quiero decir, desde el principio de mi existencia) y todo esto me pone a las puertas de un cambio positivo que me va a conducir a una nueva etapa de mi vida muy diferente a cualquier cosa que haya esperado jamás y me hará sentir que valió la pena sobrevivir y no me espera un futuro de decadencia provocado por el envejecimiento y las consecuencias de haber vivido mal, sino a un fortalecimiento progresivo que hará posible que aflore mi potencial, cualquiera que este sea.


En el segundo y penúltimo día laboral de esta semana


Desperté poco después de las seis de la mañana sintiéndome muy cansado, pese a haber dormido muchísimo el fin de semana y no haber hecho ejercicio desde el jueves. La semana pasada me ejercité los días martes, miércoles y jueves, en mi bicicleta de carreras sobre rodillos y haciendo además ejercicios con pesas (dos de esos tres días), después siguieron cuatro días de inactividad que no me hicieron sentir ningún malestar pues decidí escuchar a mi cuerpo y concluí que si sentía mucho sueño y cansancio había que dormir bastante y no preocuparme porque el avance de la lectura de mi Ciclocomputadora se detenga temporalmente.

Bajé a tomar mi taza de café con pan mirando videos musicales en YouTube para después iniciar mi sesión de ejercicio en mi bicicleta de carreras. Tenía planeado recorrer 10 km como calentamiento y después salir a la calle a mi circuito acostumbrado de 4000 m de los cuales la mitad son cuesta arriba, pero al abrir la puerta, ya con mi casco y guantes puestos, percibí un fuerte olor a basura quemada y regresé a mi habitación con mi bicicleta para continuar ahí mi entrenamiento del día. Acabé recorriendo 40 km, terminando temprano con tiempo suficiente para hacer ejercicios de musculación, bajar a desayunar y meterme a bañar.

Finalmente encontré un prospecto de pareja en una red social a la que ingresé recientemente, una mujer de mi edad de un rumbo de la ciudad donde vivo caracterizado por pobreza y delincuencia, es decir un lugar peligroso. A todas luces ella cuenta con poca educación y carece de cultura, seguramente somos muy diferentes pero sexualmente parecemos ser muy afines. Tenemos planeado vernos el próximo sábado y pasar el día juntos, involucrándonos sexualmente. Independientemente del aspecto erótico, contar con una persona me ayuda a enfrentar las diferentes dificultades cotidianas, pues me motiva tener a alguien con quien compartir mi vida (por lo menos en ciertos aspectos) y resulta natural darle a cada cosa la importancia que merece.

Con esto último me refiero a que la semana antepasada había vuelto a cobrar conciencia de que no vivo en el aquí y el ahora, sino en un pasado difícil, lleno de sufrimiento que es necesario dejar atrás y me propuse cambiar eso, incluso lo hablé con la psicóloga que me atiende y ella estuvo de acuerdo conmigo. Sin embargo, la semana pasada la actitud hostil de dos compañeras de recién ingreso me hizo sentir muy mal, aunque no me provocó una crisis. La soledad en que vivo agrava mis problemas e intensifica el dolor de acontecimientos que no debería de considerar tan importantes.

Pensando en esas dos personas (a quienes les dediqué una entrada en este blog) pienso en la muy alta probabilidad de que se hayan dejado influenciar (sería más correcto decir manipular, como buenas marionetas) por malos compañeros de la oficina, pero una vez que ambas optaron por asumir esa actitud, la mía —de rechazo— va a ser permanente a diferencia de lo que sucedió antes con compañeras (todas mujeres) que llegaron a causar problemas. Además, si al finalizar el año todavía estoy aquí, seguiré ausente en la comida de mi departamento pues odio la hipocresía y convivir con gente estúpida y mal intencionada en situaciones voluntarias como son los eventos sociales.

lunes, 15 de abril de 2019

Posible violación a la protección de datos personales


He pensado en la alta probabilidad de que algún empleado de SALME haya enviado información sobre mí a la empresa donde trabajo, seguramente mediante un anónimo o usando una identidad falsa, pues eso sería violar la ley, quebrantando la protección de datos personales.

Bueno, pues si tuviera razón, esa persona debería saber que lo que hizo fue inútil, no tuvo ningún efecto y tal vez haya conseguido lo contrario, fortalecer mi situación dentro de mi entorno laboral.

Para explicar esta última idea, debo decir que en ocasiones ocurren cosas en la vida que uno no esperaría. Sin ánimo de manipular a nadie, me ha ido muy mal en mi historia personal, desde el principio; en últimas fechas (y pese a lo mucho que han mejorado mis circunstancias en los últimos cuatro años) me he dado cuenta de la magnitud de la adversidad que tuve que enfrentar desde que era un niño y que no pude haberla tenido más difícil. Pese a todo, decidí enfrentar mi realidad mediante un esfuerzo honesto, poniendo los pies en la tierra y haciendo un auto-diagnóstico de todo aquello que constituía una carencia tanto en mi desarrollo físico, como  intelectual. Así, teniendo más de 20 años de edad cuando se suponía que ya había terminado mis estudios de licenciatura, me encerré en mi habitación y me puse a estudiar cotidianamente (me convertí en un autodidacta), pasando muchas horas metido en los libros, padeciendo una patología muy grave, sin diagnóstico, sin atención médica (psiquiátrica), en un ambiente familiar horrible y con mi padre como mi peor enemigo, bajo el mismo techo.

Por algo desarrollé una patología tan grave, un trastorno límite de la personalidad que pese a lo terrible que es, no me orilló a buscar refugio al dolor en el abuso de sustancias, sino que me dio por hacer deporte y mi actividad física fue tanta que el agotamiento se convirtió en una forma de vida. Un día, teniendo 38 años de edad leí en una revista estadounidense, la historia de un ciclista escocés de alto rendimiento que rompió el récord de la hora, y padecía trastorno bipolar; su vida también había sido una pesadilla. Entonces me di cuenta de que el deporte se había convertido para mí en un mecanismo de evasión y durante 22 años me había estado provocando agotamiento para anestesiar el dolor psíquico.

Pese a tener conciencia de esto último, no pude cambiar mi comportamiento hasta que llegué otra vez a enfrentarme con que ya no quería vivir y seguí en este mundo solamente porque no me atreví a quitarme la vida.

Si personas importantes de la empresa donde trabajo recibieron información sobre mí proveniente de SALME (entre ella que se me considera un paciente peligroso, el antecedente de una empleada de esa institución que pagó un precio muy alto por haberme atacado), que he pasado la mayor parte de mi vida sin trabajar, etc., pudieron haberse dado cuenta de que quien mandó la información violó la ley y que por no tener un origen lícito no puede ser usada en mi contra. Todavía más importante, esas personas (empleados de la empresa donde trabajo, o al menos algunas de ellas) podrían haberse portado empáticas y respetuosas, dándose cuenta de que esa condición de vida (no ser productivo) fue lo más terrible que me sucedió y eso me puso al borde del precipicio pese a mis esfuerzos por evitar verme en una situación tan extrema.

Mi historial laboral en mi lugar de trabajo es considerado excelente por mi desempeño, mi comportamiento (nunca he cometido una falta de disciplina), puntualidad y asistencia, productividad, etc. Si alguien importante en la empresa se enteró de mi historia de vida, pudo haber concluido acertadamente que si no fui productivo fue porque no se me dio la oportunidad, porque otras personas me atacaron con intención de hacerme el mayor daño posible y porque padezco una patología muy grave.

Sea quien sea el infame que cometió una bajeza de ese tamaño —el intento de arruinarme haciendo uso de información protegida— falló en su objetivo, pero sí logró hacer una buena contribución a la corrupción y la podredumbre que permea tantas instituciones en nuestro país, revolcándose además en el lodo.

Concedámosle eso; punto a su favor.

El fin de semana pasado, cansancio, inactividad y postración


A diferencia de los fines de semana pasados, esta vez fui a comprar el mandado de la semana a Walmart en sábado por la mañana (en fechas recientes, lo había hecho en domingo por la tarde, algo problemático por la cantidad de gente que hace lo mismo, las aglomeraciones). Busqué el medicamento Tradea (metilfenidato) tanto en Sams como en Walmart, pero no hubo en ninguno de los dos comercios. Más tarde lo busqué en una Farmacia del Ahorro, donde sí lo trabajan, pero no lo tenían en existencia.

Antes de dirigirme a comprar el mandado, sábado por la mañana marqué el número de atención psicológica y hablé con la psicóloga que me atiende. Para mi sorpresa ella no se encontraba preocupada y eso me tranquilizó. Sin embargo, esta dama sí expresó cierta preocupación porque pueda llegar a darse una dependencia, de usuario hacia su terapeuta  y yo le respondí que aunque así sucediera, ella no tendría motivos para preocuparse pues yo jamás la buscaría fuera de ese lugar (vía telefónica), no haría ningún intento por localizarla ni hablar con ella; simplemente se habría ido de mi vida y la recordaría con gratitud y afecto.

Pasé muchas horas de ese día, sábado, acostado en mi cama, durmiendo. En muchos días no había tendido la cama y me cubría con una cobija, pues pese al clima caluroso, dentro de la casa sentía una temperatura baja, sobre todo al quedarme dormido.

El domingo no fue muy diferente, pero además del cansancio sentí una tremenda tristeza, incomodidad y desesperación, pese a que al comenzar el día había tenido comunicación con una mujer que conocí en una red social, y platicando vía telefónica le hablé de mí y principalmente de mis intereses en lo referente a sexualidad, algo que a ella le gustó y ya acordamos vernos esta semana.

Sin embargo, este buen prospecto no impidió que me sintiera muy mal anímicamente el resto del día pues he pensado mucho en una mujer de la que me he enamorado, más joven que yo, con grandes cualidades en todos aspectos, desde su belleza física hasta su nivel intelectual; el tipo de persona que parece tenerlo todo. Pensé entonces en el desastre que ha sido mi vida, en lo prolongados que fueron esos periodos en que estuve solo, viviendo en la pobreza, desempleado, muy enfermo y sin atención médica, etc., y en el tiempo que se perdió, en todo ese sufrimiento y en que mis pérdidas son enormes.

De la mano con todo esto viene la conciencia (dolorosa pero necesaria) de que tuve padres atroces, que todo lo hicieron mal y los más perjudicados de los cuatro hijos fuimos mi hermana Verónica (que murió hace casi 13 años) y yo. Mi padre y mi madre no solamente no identificaron que yo tenía problemas neurológicos y de salud mental desde mi más temprana infancia, sino que una vez que hube llegado a la edad adulta y para cualquier padre habría sido demasiado evidente que algo andaba muy mal conmigo, me utilizaron para eternizar su relación destructiva, y en el caso de mi padre para justificar su autodestrucción, y el daño tan tremendo que le hizo a toda su familia.

Cuando tuve una oportunidad de recuperarme, el infame David (que se decía mi amigo) me pegó una puñalada por la espalda (enero de 1998), dando el primer paso para mandarme de regreso al infierno y esto representó para mis padres una oportunidad para seguir contando conmigo como el origen de todos sus problemas, que no desaprovecharon y se encargaron de arruinarme casi absolutamente.

No sé qué tan frecuente es que la gente haga esto (destruir la vida de uno de sus hijos, o de varios de ellos) pero sí sé que cuando lo hacen, no les importa que estén arruinando a un ser humano, a uno que ellos trajeron al mundo.

Sin embargo, es un hecho que por méritos propios, he logrado sobrevivir y en ciertos aspectos he manejado mi vida de una manera ejemplar. Si todavía estoy aquí tengo que encontrar la manera de superar mis problemas, aceptar mi pasado para poder dejar de contemplarlo y mirar hacia adelante.

Voy a mantener ese objetivo fijado en fecha reciente: vivir en el aquí y el ahora.

viernes, 12 de abril de 2019

Y si se me descubriera..., ¿qué sucedería?


Esa psicóloga que me ha atendido los fines de semana, vía telefónica me recomendó que buscara la manera de tomar el metilfenidato (Tradea), ya conseguí la receta y he dudado sobre comprar el fármaco, principalmente porque en últimas fechas he tenido problemas para dormir, y tratándose de una metanfetamina, pudiera agravar el problema.

Eso me pasó anoche, desperté poco después de la una de la mañana y dormité hasta cerca de las cuatro, en que tomé un cuarto de Clonazepam y finalmente pude volver a dormir, saliendo de la cama a las ocho y media, sintiéndome tremendamente cansado.

Las primeras horas de la jornada laboral fueron difíciles porque además del cansancio me sentía indigesto y anímicamente indispuesto. He pensado en la posibilidad de que la directora de mi departamento haya visto aquel blog que terminé de escribir los primeros días de este año, en que aparece información sobre mí, sobre el modo como he vivido (privado de una labor productiva) y además que alguien de SALME le haya hecho llegar (a ella y otras personas importantes de la empresa) información sobre mí, por ejemplo antecedentes míos que han provocado que se me considere un individuo peligroso.

La paranoia es un síntoma de mi trastorno, tal vez por eso cuando la directora cierra la puerta de su oficina para hacer una llamada telefónica, pienso que el tema que podría estar tratando con su interlocutor tiene que ver conmigo. Tener malos compañeros cerca de mí no ayuda, ni la soledad en la que vivo, pero veo la necesidad de tranquilizarme y contemplar las ideas aquí expresadas (sobre mis escritos publicados en internet y la información que esa institución haya emitido sobre mí) como poco probables. Y además, si sucediera eso, no podrían hacer nada porque las autoridades de la empresa no pueden meterse con mis redes sociales, ni con lo que yo publique en internet, a menos que pudiera identificarse a empleados de la empresa o a la compañía misma, y no hay posibilidad de que esto ocurra.

En cambio, en la remota posibilidad de que estuvieran al pendiente de este blog, no les haría daño contar con una panorámica de cómo se les ve, tanto en lo individual como en lo colectivo, ideas que muchas personas comparten pero no se atreverían a comunicarles.

La verdad no hace daño, pero sí provoca mucha inquietud, y mucho miedo.  

Pensamientos diversos, al terminar la semana laboral


Último día de la semana laboral, última hora, mi mente se mantiene ocupada con pensamientos inconexos, cada uno de los cuales trae aparejados sentimientos, la mayoría de los cuales son negativos como tristeza, frustración o furia.

Vi en Twitter el perfil del esposo de mi hermana Yolanda, con quien se casó en agosto de 1993 arruinando su vida. El tipo tiene el aspecto de un paria, de un vividor burdo y cínico. En momentos de enojo e incomodidad (que son tan frecuentes en mí) le he dicho a mi madre que con lo que he estado haciendo los últimos cuatro años (que llevo en mi empleo) le he estado rompiendo el hocico a ese lacra. No he tenido comunicación con esa hermana, pero tengo la sensación de que está muy cansada de llevar sola el peso de la manutención de una familia, sin ayuda de su esposo y la situación empieza a quebrantarle el alma. Siento pena por ella, pero al mismo tiempo creo que es una condición merecida pues lo que me hizo en abril de 2014 (hablar mal de mí a mis espaldas, mencionándome como el responsable de sus problemas, continuando con la labor iniciada por nuestro maldito padre) me lastimó mucho y me provocó crisis muy dolorosas, recurrentes, heridas que tardaron mucho en sanar.

También he pensado en esa psicóloga con la que he llegado a involucrarme de quien no sé mucho, solamente generalidades pero sí sé que tiene una inteligencia poco común y que es una mujer bellísima. El sábado pasado de pronto sentí la necesidad de alejarme de ella, porque si mi involucramiento sigue creciendo, ante la imposibilidad de que haya nada entre ella y yo, me veo en riesgo de caer en un sufrimiento tremendo y eso es algo que no necesito, algo a lo que de veras temo.

Por otra parte me he dado cuenta de que en SALME, Instituto Jalisciense de Salud Mental, soy una persona importante (aunque la mayoría de sus empleados no me conocen) y me consideran un usuario peligroso. Yo rechazo esa noción, pero sí tengo conciencia de que lo que he hecho (escribir sobre gente que trabaja ahí) he provocado conmoción, y posiblemente una afectación seria a ciertas personas en particular. Una de ellas, una psicóloga de nombre Rosy, por la sencilla razón de que con el paso del tiempo siguió agrediéndome, algo que era su obligación evitar y yo no le di motivos para que hiciera eso.

De manera análoga, he afectado a un psiquiatra de nombre Flavio (que no trabaja en esa institución, sino en una que se encuentra a un lado de la misma), un mal individuo que me hizo mucho daño en un periodo discontinuo de once años, que comenzó en 1995 cuando yo ya no quería vivir (incluso tenía conductas de mucho peligro, suicidas y de automutilación) y continuó hasta 2006, cuando mi hermana menor acababa de morir, tiempo durante el cual mostró indiferencia por mí, no me dio el tratamiento que requería mi trastorno de personalidad (muy grave), ni siquiera me informó que padecía esa patología y terminó agrediéndome verbalmente, pegándome donde más me dolía.

No se debe subestimar el efecto que tiene la verdad en gente que ha optado por vivir en el engaño, huyendo de una realidad dolorosa, asumiendo una actitud cobarde ante la vida, optando por culpar a otros de sus carencias y de sus debilidades y buscando a quién hacer daño para desahogar su frustración.

Al escribir este último párrafo se me vienen a la cabeza el médico de la empresa y su jefe, el director de RH. Yo decidí no volver a tratar con ninguno de ellos y los considero gente despreciable, habiéndome traicionado en un momento en el que se me señaló como un peligro potencial sabiendo que no había una justificación para ello. Me abruma pensar en la cantidad de gente cobarde que hay en mi entorno  y pienso en la posibilidad de que así sea en gran parte del mundo. De ahí mi admiración por gente como Hans y Sophie Scholl, y Christoph Probst, miembros de la Rosa Blanca ejecutados en la Alemania nazi un 22 de febrero de 1943.

Hay principios que rigen mi vida y la cobardía no es uno de ellos.

jueves, 11 de abril de 2019

De gente obesa y agresiva


Poco antes de salir a comer (algo que en realidad no hago, más bien me tomo mi tiempo de descanso) fui al baño y al regresar, en el momento de ingresar a la oficina tuve que cederle el paso a una nueva compañera, de nombre Carmen que llegó hace dos semanas (de hecho menos) y ocupa el mismo puesto que yo, traductor. Su actitud hedía a hostilidad y encontrarme de frente con ella produce una sensación equiparable a recibir un puñetazo en el estómago, su cuerpo está lleno de grasa, de manteca; no hace contacto visual pero la expresión de su rostro proyecta un odio que para mí resulta incomprensible porque no le he hecho absolutamente nada; su actitud belicosa refleja la imagen de una aberración con patas (de cerdo) por dirigir su violencia contra un compañero de trabajo sin justificación alguna.

En las últimas semanas han llegado a la oficina nuevas compañeras de trabajo, cuatro, de las cuales el 75 por ciento (o sea tres) son obesas. Dos de ellas tienen actitudes correctas, de respeto, sin agredir ni ofender a nadie de ninguna manera. Las otras (la gorda mencionada en el párrafo anterior) y otra, la única delgada, dan rienda suelta a su amargura defecando (de manera metafórica) la senda que pisan. Es un hecho que como una generalidad, resulta más fácil para una mujer agredir a otros que a un hombre asumir ese tipo de conductas. Hablando con una psicóloga, al plantearle la pregunta quiénes son más conflictivos, hombres o mujeres, me respondió que ellas.

La gorda rabiosa se ha ido a comer desde el principio con una de las compañeras del escritorio múltiple mencionado en el párrafo anterior, gorda y extremadamente tonta muy amiga de un homosexual que pertenece a este departamento, de conducta atroz, que afortunadamente cambió de lugar a un área recién construida por necesidad de la empresa, porque se está contratando personal ante el aumento en la producción y el crecimiento de la compañía.

Ese homosexual es posiblemente la persona más detestada de todo el departamento (compuesto por más de 60 integrantes), y la razón no es homofobia, sino su costumbre de agredir verbalmente a otras personas y a abusar de su cercanía con la directora de esta división, que lo ha cobijado con impunidad, como a otros. La gorda recién llegada debe ser muy estúpida si la razón de su hostilidad, por la cual se defeca por donde pasa es haber escuchado a ese mal compañero hablar mal de mí (y muy probablemente de otros compañeros) que incluso tiene un aspecto de lo más desagradable, para mí repulsivo.

Además de estar hecha un cerdo (siendo a todas luces una persona joven), esa vieja babosa fuma, lo que habla de un estilo de vida destructivo pues la obesidad constituye un acto de autoagresión y por si eso no fuera suficiente, tiene que envenenar el aire que respira dañando sus pulmones y su corazón, reduciendo aún más su capacidad respiratoria y preparando el camino para algún tipo de cáncer.

Bueno, no le permitamos a la marrana que nos haga sentir mal, que le aproveche a la pobre idiota.

Vivir el aquí y el ahora, una actitud acertada, pero que no resulta fácil


La semana pasada, durante el transcurso de un día de trabajo me di cuenta de pronto de que necesito romper con mi pasado, no olvidarlo, sino dejarlo atrás y en cambio vivir el aquí y el ahora. De eso hablé hoy en la mañana, vía telefónica con la psicóloga Leticia mientras me dirigía a mi trabajo en la unidad del transporte público, una persona a quien yo considero excepcional, a quien conocí hace poco más de 10 años y por quien siento mucha gratitud y afecto.

Pasan las horas del turno laboral y escucho los diálogos de las compañeras que ocupan un escritorio múltiple muy cercano al mío, plagados de tonterías, caracterizados por una seria carencia de inteligencia y cargados de ignorancia y de estulticia. Las dos responsables principales tienen sobrepeso, anatomías horribles y por si esto fuera poco, son gente mal intencionada. Acompañando esta realidad aparece la conciencia del tedio, la vida diaria en un tono gris, monótono, aburrido, sin alegría. ¿Le es común esta percepción a muchas personas, o  la experimento yo así por mi patología, por mi existencia difícil?

Me inclino a pensar que se trata de lo primero. Aparecen correos electrónicos en mi cuenta de Outlook (de la empresa, de comunicación interna) con faltas de ortografía, por ejemplo el deporte más popular en mi país (que yo detesto) escrito como fútbol, cuando por el modo como lo pronunciamos en México no es una palabra grave, sino aguda y por lo tanto no lleva tilde. Otro correo presenta imágenes de empleados que cumplieron años el mes pasado, y aparece escrita la palabra ‘marzo’ con mayúscula, cuando en el idioma español los nombres de los días y los meses (lunes, martes, miércoles…, enero, febrero, marzo…) son nombres comunes y por lo tanto se escriben con minúscula. Me pregunto si la molestia que esto me provoca es parte de mi neurosis, o es simplemente una postura ante la vida, esperar que otras personas se exijan más a sí mismas y no se la vivan exhibiendo su pobreza, lo cual raya en la impudicia.

En la llamada telefónica de esta mañana con la psicóloga Leticia, le dije que el mal compañero que me atacó difamándome, hablando falsedades de mí a mis espaldas con una saña incomprensible podría estar metido en un problema serio. El último día de noviembre del año pasado (que fue viernes) alguien le preguntó si iba a ir al evento de fin de año, que se celebraría al día siguiente sábado 1 de diciembre aprovechando que por la toma de posesión del nuevo presidente de mi país no sería hábil. Este tipejo respondió ‘no sé, surgió algo’. Desde entonces, me ha parecido percibir que se ha sentido muy mal, presa de un malestar intenso del cual  me hace a mí responsable pues al pasar junto a mi lugar, me ha dirigido muchas veces una mirada de reproche.

Le decía a Leticia (ella ya tenía antecedentes de este asunto desde principios de octubre, en que la busqué en su lugar de trabajo en un momento de crisis) que es posible que durante los días de ese mes que no estuve en mi trabajo, que me dieron días de descanso y estuve ausente casi dos semanas, se haya conducido una investigación acordando hacer lo procedente respecto a las faltas cometidas por este infame, sin que yo me enterara. Sé que hay mucho de especulación en todo esto, pero parece tener sentido. Tengo razones para pensar que puede ser así.

La primera es que a la directora de mi departamento (que tiene el peor clima laboral de toda la empresa) se le han ido acumulando problemas por las renuncias de mucha de su gente, que se fueron de la compañía cansados de tanto conflicto con allegados a ella. De esto surge la necesidad de ponerle el hasta aquí a uno de sus subalternos al que muchos ven como un intocable, que tiene muy malos antecedentes y que parece haberle tomado la medida pues ella le había dicho que me dejara en paz cuando se enteró de mi malestar por la actitud de hostilidad y agresividad pasiva que él mostraba hacia mí. 

Había una invitación para acudir hoy al comedor de la empresa, para los empleados que cumplimos años en abril, que yo ignoré. Los encargados de organizar ese convivio son gente de recursos humanos, contra quienes no tengo nada (de hecho tengo buen trato con algunos de ellos) pero no quiero encontrarme con su director, una persona que me despierta rechazo porque utilizó la información que yo le di voluntariamente sobre mí, confiando en él, para pegarme por la espalda en la primera oportunidad que tuvo, igual que su subalterno, el médico de la empresa. Además, muchos de mis compañeros de trabajo son gente de la que prefiero mantenerme apartado y entre ellas podrían estar algunos de quienes como yo, cumplen años en este mes de abril.

¿Qué hay de positivo en mi cotidianidad? Habrá que pensar en una respuesta, pues pese a la mejoría en aspectos importantes de mi vida diaria, sigo sintiéndome solo, aburrido y triste buena parte del tiempo.

Centro de Intervención en Crisis, SALME

  Un poco antes del amanecer del miércoles 17 de enero, volví a marcar el número de teléfono del Centro de Intervención en Crisis de SALME (...