martes, 16 de abril de 2019

Cambios físicos, en el umbral de una nueva realidad, salir del túnel


Con motivo de haber comenzado a tomar el medicamento antipsicótico (risperidona) para mi trastorno límite de la personalidad (TLP) a mediados de 2011, teniendo 47 años de edad, subí mucho de peso en un tiempo breve. Un día a finales del año (posiblemente en diciembre) me di cuenta de que había ganado seis kilos, habiendo pasado de 75 a 81 kg.

Al comenzar el año siguiente me propuse perder ese peso excedente, principalmente mediante mi deporte, el ciclismo de ruta pero entonces comencé a sentir un cansancio muscular tremendo y sentirme con sobrepeso, habiendo perdido la línea (mi cintura ya había quedado rebasada) y con tejido adiposo en la parte superior del peso —que provocó que se perdiera la definición de mi musculatura en pecho, brazos y abdomen— me sentía mal conmigo mismo, como un pendejo común de esos que abundan en la sociedad en la que vivo, que se pierden entre la multitud.

Así transcurrió el resto de ese año 2012 y tuvo que pasar bastante tiempo (hasta el 2014) para que volviera a estar en peso, 75 kg o un poco menos. Para abril de 2015 me hallaba en mi peso óptimo, pero obtuve un empleo (lo más afortunado que me ha pasado) y por diversas causas como contar con menos tiempo para ejercitarme, estados depresivos (distimia), falta de motivación e ingerir más calorías de las que necesitaba por comer en la empresa y después en mi casa, volví a ganar peso, si bien ese excedente no era demasiado notorio.

Durante el año 2018 mantuve la actividad, si bien baja debido a un cansancio crónico, pero en octubre (que fui separado de mi trabajo) se redujo mi talla y al regresar se notaba mi adelgazamiento. Al comenzar este año, decidí que no era necesario acudir al comedor de la empresa y eso, aunado a un aumento drástico en mi actividad deportiva, dio lugar a una pérdida de peso importante que me llevó a estar en este momento (y desde enero) debajo de 75 kg. Desde entonces, he tenido una especie de “conciencia corporal” en todo momento, y mi fisonomía de individuo de raza blanca junto con una figura caracterizada por una espalda relativamente amplia, una cintura pequeña y un abdomen plano (además de una buena definición muscular) y la consciencia de que hago un trabajo intelectual que da lugar a un reconocimiento por parte de personas para mí significativas, ayudan mucho con mi autoestima, haciéndome sentir que soy un hombre con cualidades poco comunes.

Reconozco que soy vanidoso, pero no creo que me aqueje un narcisismo patológico pues no vivo imaginándome que muchas mujeres me desean y me siguen con la mirada, me hacen insinuaciones, etc. De hecho pocas mujeres muestran interés en mí, y así ha sido siempre. Me llama la atención que le dé tanta importancia a la imagen que proyecto (en lo visual) cuando ninguna de las parejas que he tenido se ha sentido atraía por mi físico, sino al interactuar conmigo y descubrir ciertas cualidades de mi personalidad, mi nivel intelectual, etc.

Al mismo tiempo, siento que con el paso del tiempo (sobre todo el que he vivido en circunstancias difíciles) he ido progresando mediante el avance en el kilometraje en la Ciclocomputadora montada en el manubrio de mi bicicleta, mi pérdida de peso, mis progresos en condición física y cobrar conciencia de mi realidad completa (quiero decir, desde el principio de mi existencia) y todo esto me pone a las puertas de un cambio positivo que me va a conducir a una nueva etapa de mi vida muy diferente a cualquier cosa que haya esperado jamás y me hará sentir que valió la pena sobrevivir y no me espera un futuro de decadencia provocado por el envejecimiento y las consecuencias de haber vivido mal, sino a un fortalecimiento progresivo que hará posible que aflore mi potencial, cualquiera que este sea.


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