Desperté poco después de las seis de la mañana sintiéndome
muy cansado, pese a haber dormido muchísimo el fin de semana y no haber hecho
ejercicio desde el jueves. La semana pasada me ejercité los días martes,
miércoles y jueves, en mi bicicleta de carreras sobre rodillos y haciendo
además ejercicios con pesas (dos de esos tres días), después siguieron cuatro
días de inactividad que no me hicieron sentir ningún malestar pues decidí
escuchar a mi cuerpo y concluí que si sentía mucho sueño y cansancio había que
dormir bastante y no preocuparme porque el avance de la lectura de mi
Ciclocomputadora se detenga temporalmente.
Bajé a tomar mi taza de café con pan mirando videos
musicales en YouTube para después iniciar mi sesión de ejercicio en mi
bicicleta de carreras. Tenía planeado recorrer 10 km como calentamiento y
después salir a la calle a mi circuito acostumbrado de 4000 m de los cuales la
mitad son cuesta arriba, pero al abrir la puerta, ya con mi casco y guantes
puestos, percibí un fuerte olor a basura quemada y regresé a mi habitación con
mi bicicleta para continuar ahí mi entrenamiento del día. Acabé recorriendo 40
km, terminando temprano con tiempo suficiente para hacer ejercicios de
musculación, bajar a desayunar y meterme a bañar.
Finalmente encontré un prospecto de pareja en una red social
a la que ingresé recientemente, una mujer de mi edad de un rumbo de la ciudad
donde vivo caracterizado por pobreza y delincuencia, es decir un lugar
peligroso. A todas luces ella cuenta con poca educación y carece de cultura,
seguramente somos muy diferentes pero sexualmente parecemos ser muy afines.
Tenemos planeado vernos el próximo sábado y pasar el día juntos,
involucrándonos sexualmente. Independientemente del aspecto erótico, contar con
una persona me ayuda a enfrentar las diferentes dificultades cotidianas, pues
me motiva tener a alguien con quien compartir mi vida (por lo menos en ciertos
aspectos) y resulta natural darle a cada cosa la importancia que merece.
Con esto último me refiero a que la semana antepasada había
vuelto a cobrar conciencia de que no vivo en el aquí y el ahora, sino en un
pasado difícil, lleno de sufrimiento que es necesario dejar atrás y me propuse
cambiar eso, incluso lo hablé con la psicóloga que me atiende y ella estuvo de
acuerdo conmigo. Sin embargo, la semana pasada la actitud hostil de dos
compañeras de recién ingreso me hizo sentir muy mal, aunque no me provocó una
crisis. La soledad en que vivo agrava mis problemas e intensifica el dolor de
acontecimientos que no debería de considerar tan importantes.
Pensando en esas dos personas (a quienes les dediqué una
entrada en este blog) pienso en la muy alta probabilidad de que se hayan dejado
influenciar (sería más correcto decir manipular, como buenas marionetas) por
malos compañeros de la oficina, pero una vez que ambas optaron por asumir esa
actitud, la mía —de rechazo— va a ser permanente a diferencia de lo que sucedió
antes con compañeras (todas mujeres) que llegaron a causar problemas. Además,
si al finalizar el año todavía estoy aquí, seguiré ausente en la comida de mi
departamento pues odio la hipocresía y convivir con gente estúpida y mal
intencionada en situaciones voluntarias como son los eventos sociales.
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