He pensado en la alta probabilidad de que algún empleado de
SALME haya enviado información sobre mí a la empresa donde trabajo, seguramente
mediante un anónimo o usando una identidad falsa, pues eso sería violar la ley,
quebrantando la protección de datos personales.
Bueno, pues si tuviera razón, esa persona debería saber que
lo que hizo fue inútil, no tuvo ningún efecto y tal vez haya conseguido lo
contrario, fortalecer mi situación dentro de mi entorno laboral.
Para explicar esta última idea, debo decir que en ocasiones
ocurren cosas en la vida que uno no esperaría. Sin ánimo de manipular a nadie,
me ha ido muy mal en mi historia personal, desde el principio; en últimas
fechas (y pese a lo mucho que han mejorado mis circunstancias en los últimos
cuatro años) me he dado cuenta de la magnitud de la adversidad que tuve que
enfrentar desde que era un niño y que no pude haberla tenido más difícil. Pese
a todo, decidí enfrentar mi realidad mediante un esfuerzo honesto, poniendo los
pies en la tierra y haciendo un auto-diagnóstico de todo aquello que constituía
una carencia tanto en mi desarrollo físico, como intelectual. Así, teniendo más de 20 años de
edad cuando se suponía que ya había terminado mis estudios de licenciatura, me
encerré en mi habitación y me puse a estudiar cotidianamente (me convertí en un
autodidacta), pasando muchas horas metido en los libros, padeciendo una
patología muy grave, sin diagnóstico, sin atención médica (psiquiátrica), en un
ambiente familiar horrible y con mi padre como mi peor enemigo, bajo el mismo
techo.
Por algo desarrollé una patología tan grave, un trastorno
límite de la personalidad que pese a lo terrible que es, no me orilló a buscar
refugio al dolor en el abuso de sustancias, sino que me dio por hacer deporte y
mi actividad física fue tanta que el agotamiento se convirtió en una forma de
vida. Un día, teniendo 38 años de edad leí en una revista estadounidense, la
historia de un ciclista escocés de alto rendimiento que rompió el récord de la
hora, y padecía trastorno bipolar; su vida también había sido una pesadilla.
Entonces me di cuenta de que el deporte se había convertido para mí en un
mecanismo de evasión y durante 22 años me había estado provocando agotamiento
para anestesiar el dolor psíquico.
Pese a tener conciencia de esto último, no pude cambiar mi
comportamiento hasta que llegué otra vez a enfrentarme con que ya no quería
vivir y seguí en este mundo solamente porque no me atreví a quitarme la vida.
Si personas importantes de la empresa donde trabajo recibieron
información sobre mí proveniente de SALME (entre ella que se me considera un
paciente peligroso, el antecedente de una empleada de esa institución que pagó
un precio muy alto por haberme atacado), que he pasado la mayor parte de mi
vida sin trabajar, etc., pudieron haberse dado cuenta de que quien mandó la
información violó la ley y que por no tener un origen lícito no puede ser usada
en mi contra. Todavía más importante, esas personas (empleados de la empresa
donde trabajo, o al menos algunas de ellas) podrían haberse portado empáticas y
respetuosas, dándose cuenta de que esa condición de vida (no ser productivo)
fue lo más terrible que me sucedió y eso me puso al borde del precipicio pese a
mis esfuerzos por evitar verme en una situación tan extrema.
Mi historial laboral en mi lugar de trabajo es considerado
excelente por mi desempeño, mi comportamiento (nunca he cometido una falta de
disciplina), puntualidad y asistencia, productividad, etc. Si alguien
importante en la empresa se enteró de mi historia de vida, pudo haber concluido
acertadamente que si no fui productivo fue porque no se me dio la oportunidad,
porque otras personas me atacaron con intención de hacerme el mayor daño
posible y porque padezco una patología muy grave.
Sea quien sea el infame que cometió una bajeza de ese tamaño
—el intento de arruinarme haciendo uso de información protegida— falló en su
objetivo, pero sí logró hacer una buena contribución a la corrupción y la
podredumbre que permea tantas instituciones en nuestro país, revolcándose
además en el lodo.
Concedámosle eso; punto a su favor.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario