jueves, 11 de abril de 2019

Vivir el aquí y el ahora, una actitud acertada, pero que no resulta fácil


La semana pasada, durante el transcurso de un día de trabajo me di cuenta de pronto de que necesito romper con mi pasado, no olvidarlo, sino dejarlo atrás y en cambio vivir el aquí y el ahora. De eso hablé hoy en la mañana, vía telefónica con la psicóloga Leticia mientras me dirigía a mi trabajo en la unidad del transporte público, una persona a quien yo considero excepcional, a quien conocí hace poco más de 10 años y por quien siento mucha gratitud y afecto.

Pasan las horas del turno laboral y escucho los diálogos de las compañeras que ocupan un escritorio múltiple muy cercano al mío, plagados de tonterías, caracterizados por una seria carencia de inteligencia y cargados de ignorancia y de estulticia. Las dos responsables principales tienen sobrepeso, anatomías horribles y por si esto fuera poco, son gente mal intencionada. Acompañando esta realidad aparece la conciencia del tedio, la vida diaria en un tono gris, monótono, aburrido, sin alegría. ¿Le es común esta percepción a muchas personas, o  la experimento yo así por mi patología, por mi existencia difícil?

Me inclino a pensar que se trata de lo primero. Aparecen correos electrónicos en mi cuenta de Outlook (de la empresa, de comunicación interna) con faltas de ortografía, por ejemplo el deporte más popular en mi país (que yo detesto) escrito como fútbol, cuando por el modo como lo pronunciamos en México no es una palabra grave, sino aguda y por lo tanto no lleva tilde. Otro correo presenta imágenes de empleados que cumplieron años el mes pasado, y aparece escrita la palabra ‘marzo’ con mayúscula, cuando en el idioma español los nombres de los días y los meses (lunes, martes, miércoles…, enero, febrero, marzo…) son nombres comunes y por lo tanto se escriben con minúscula. Me pregunto si la molestia que esto me provoca es parte de mi neurosis, o es simplemente una postura ante la vida, esperar que otras personas se exijan más a sí mismas y no se la vivan exhibiendo su pobreza, lo cual raya en la impudicia.

En la llamada telefónica de esta mañana con la psicóloga Leticia, le dije que el mal compañero que me atacó difamándome, hablando falsedades de mí a mis espaldas con una saña incomprensible podría estar metido en un problema serio. El último día de noviembre del año pasado (que fue viernes) alguien le preguntó si iba a ir al evento de fin de año, que se celebraría al día siguiente sábado 1 de diciembre aprovechando que por la toma de posesión del nuevo presidente de mi país no sería hábil. Este tipejo respondió ‘no sé, surgió algo’. Desde entonces, me ha parecido percibir que se ha sentido muy mal, presa de un malestar intenso del cual  me hace a mí responsable pues al pasar junto a mi lugar, me ha dirigido muchas veces una mirada de reproche.

Le decía a Leticia (ella ya tenía antecedentes de este asunto desde principios de octubre, en que la busqué en su lugar de trabajo en un momento de crisis) que es posible que durante los días de ese mes que no estuve en mi trabajo, que me dieron días de descanso y estuve ausente casi dos semanas, se haya conducido una investigación acordando hacer lo procedente respecto a las faltas cometidas por este infame, sin que yo me enterara. Sé que hay mucho de especulación en todo esto, pero parece tener sentido. Tengo razones para pensar que puede ser así.

La primera es que a la directora de mi departamento (que tiene el peor clima laboral de toda la empresa) se le han ido acumulando problemas por las renuncias de mucha de su gente, que se fueron de la compañía cansados de tanto conflicto con allegados a ella. De esto surge la necesidad de ponerle el hasta aquí a uno de sus subalternos al que muchos ven como un intocable, que tiene muy malos antecedentes y que parece haberle tomado la medida pues ella le había dicho que me dejara en paz cuando se enteró de mi malestar por la actitud de hostilidad y agresividad pasiva que él mostraba hacia mí. 

Había una invitación para acudir hoy al comedor de la empresa, para los empleados que cumplimos años en abril, que yo ignoré. Los encargados de organizar ese convivio son gente de recursos humanos, contra quienes no tengo nada (de hecho tengo buen trato con algunos de ellos) pero no quiero encontrarme con su director, una persona que me despierta rechazo porque utilizó la información que yo le di voluntariamente sobre mí, confiando en él, para pegarme por la espalda en la primera oportunidad que tuvo, igual que su subalterno, el médico de la empresa. Además, muchos de mis compañeros de trabajo son gente de la que prefiero mantenerme apartado y entre ellas podrían estar algunos de quienes como yo, cumplen años en este mes de abril.

¿Qué hay de positivo en mi cotidianidad? Habrá que pensar en una respuesta, pues pese a la mejoría en aspectos importantes de mi vida diaria, sigo sintiéndome solo, aburrido y triste buena parte del tiempo.

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