La semana pasada, durante el transcurso de un día de trabajo
me di cuenta de pronto de que necesito romper con mi pasado, no olvidarlo, sino
dejarlo atrás y en cambio vivir el aquí y el ahora. De eso hablé hoy en la
mañana, vía telefónica con la psicóloga Leticia mientras me dirigía a mi
trabajo en la unidad del transporte público, una persona a quien yo considero
excepcional, a quien conocí hace poco más de 10 años y por quien siento mucha
gratitud y afecto.
Pasan las horas del turno laboral y escucho los diálogos de
las compañeras que ocupan un escritorio múltiple muy cercano al mío, plagados
de tonterías, caracterizados por una seria carencia de inteligencia y cargados
de ignorancia y de estulticia. Las dos responsables principales tienen
sobrepeso, anatomías horribles y por si esto fuera poco, son gente mal
intencionada. Acompañando esta realidad aparece la conciencia del tedio, la
vida diaria en un tono gris, monótono, aburrido, sin alegría. ¿Le es común esta
percepción a muchas personas, o la
experimento yo así por mi patología, por mi existencia difícil?
Me inclino a pensar que se trata de lo primero. Aparecen
correos electrónicos en mi cuenta de Outlook (de la empresa, de comunicación
interna) con faltas de ortografía, por ejemplo el deporte más popular en mi
país (que yo detesto) escrito como fútbol, cuando por el modo como lo
pronunciamos en México no es una palabra grave, sino aguda y por lo tanto no
lleva tilde. Otro correo presenta imágenes de empleados que cumplieron años el
mes pasado, y aparece escrita la palabra ‘marzo’ con mayúscula, cuando en el
idioma español los nombres de los días y los meses (lunes, martes, miércoles…,
enero, febrero, marzo…) son nombres comunes y por lo tanto se escriben con
minúscula. Me pregunto si la molestia que esto me provoca es parte de mi
neurosis, o es simplemente una postura ante la vida, esperar que otras personas
se exijan más a sí mismas y no se la vivan exhibiendo su pobreza, lo cual raya
en la impudicia.
En la llamada telefónica de esta mañana con la psicóloga
Leticia, le dije que el mal compañero que me atacó difamándome, hablando
falsedades de mí a mis espaldas con una saña incomprensible podría estar metido
en un problema serio. El último día de noviembre del año pasado (que fue
viernes) alguien le preguntó si iba a ir al evento de fin de año, que se
celebraría al día siguiente sábado 1 de diciembre aprovechando que por la toma
de posesión del nuevo presidente de mi país no sería hábil. Este tipejo
respondió ‘no sé, surgió algo’. Desde entonces, me ha parecido percibir que se
ha sentido muy mal, presa de un malestar intenso del cual me hace a mí responsable pues al pasar junto a
mi lugar, me ha dirigido muchas veces una mirada de reproche.
Le decía a Leticia (ella ya tenía antecedentes de este
asunto desde principios de octubre, en que la busqué en su lugar de trabajo en
un momento de crisis) que es posible que durante los días de ese mes que no
estuve en mi trabajo, que me dieron días de descanso y estuve ausente casi dos
semanas, se haya conducido una investigación acordando hacer lo procedente
respecto a las faltas cometidas por este infame, sin que yo me enterara. Sé que
hay mucho de especulación en todo esto, pero parece tener sentido. Tengo
razones para pensar que puede ser así.
La primera es que a la directora de mi departamento (que
tiene el peor clima laboral de toda la empresa) se le han ido acumulando
problemas por las renuncias de mucha de su gente, que se fueron de la compañía
cansados de tanto conflicto con allegados a ella. De esto surge la necesidad de
ponerle el hasta aquí a uno de sus subalternos al que muchos ven como un
intocable, que tiene muy malos antecedentes y que parece haberle tomado la
medida pues ella le había dicho que me dejara en paz cuando se enteró de mi
malestar por la actitud de hostilidad y agresividad pasiva que él mostraba
hacia mí.
Había una invitación para acudir hoy al comedor de la
empresa, para los empleados que cumplimos años en abril, que yo ignoré. Los encargados
de organizar ese convivio son gente de recursos humanos, contra quienes no
tengo nada (de hecho tengo buen trato con algunos de ellos) pero no quiero
encontrarme con su director, una persona que me despierta rechazo porque
utilizó la información que yo le di voluntariamente sobre mí, confiando en él,
para pegarme por la espalda en la primera oportunidad que tuvo, igual que su
subalterno, el médico de la empresa. Además, muchos de mis compañeros de
trabajo son gente de la que prefiero mantenerme apartado y entre ellas podrían
estar algunos de quienes como yo, cumplen años en este mes de abril.
¿Qué hay de positivo en mi cotidianidad? Habrá que pensar en
una respuesta, pues pese a la mejoría en aspectos importantes de mi vida
diaria, sigo sintiéndome solo, aburrido y triste buena parte del tiempo.
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