El libro que estoy leyendo sobre mi trastorno límite de la
personalidad (TLP) titulado: Borderline Personality Disorder, Survival Guide,
en el capítulo 3 plantea la pregunta ¿Es el TLP una forma de trastorno por
estrés post-traumático? En unos cuantos párrafos, responde (convincentemente)
que no.
Al escribir la entrada anterior, pensé que si mi problema no
es ese trastorno por estrés post-traumático, sí podría tener que ver con
vivencias difíciles que han ocurrido muchísimas veces desde mi temprana infancia,
y hasta años recientes.
Con esto me refiero a lo que sucedió en mi trabajo en
octubre pasado, en que no cometí ninguna falta y se me separó del mismo, se me
pidió que consiguiera un certificado de persona no peligrosa (en la institución
pública donde recibo la atención psiquiátrica) y se me permitió regresar casi
dos semanas más tarde, cuando a mí se me conoce como un empleado muy
competente, confiable, sin problemas de disciplina, asistencia, puntualidad,
etc. En cambio ese compañero con el que he tenido problemas, tiene malos
antecedentes y él (hasta donde yo sé) no enfrentó ningún tipo de consecuencia
por lo que sí hizo, hablar falsedades de mí a mis espaldas, intentar sembrar
violencia en mi contra.
Durante los años 2013 y hasta mediados de 2014, vivieron en
mi casa mi hermana Yolanda y su esposo, con sus hijos, y se dieron conflictos
serios porque en primer lugar no debían haber estado ahí. De hecho, la casa es
de mi madre (ya muerto el mal individuo que tuve por padre), pero si mi hermana
estaba pasando por una mala situación económica, que no le permitía pagar renta
para vivir en su casa con su familia, era por haber estado casada con un
vividor, ya en aquel entonces durante 21 años.
Ella y su esposo se dedicaron a hablar mal de mí a mis
espaldas, describiéndome como un hombre de 50 años que no trabajaba (de hecho
sí lo hacía, estaba haciendo trabajo de traducción en casa, como free lance),
omitiendo que he vivido muy enfermo y que mis pérdidas por mi existencia
difícil (que yo no escogí) y la patología que desarrollé, me llevaron a perder
la voluntad de vivir. Por supuesto, no le dijeron a nadie que yo no tenía
ninguna responsabilidad en el hecho de que mi hermana haya arruinado su vida
yéndose a casar con un padrote bueno para nada, cínico, desvergonzado e
inmoral.
Dos años más tarde, un tío político (cuya esposa, hermana de
mí mamá había muerto trágicamente en septiembre de 2014), se portó muy agresivo
conmigo en una llamada telefónica, sin que yo le diera el menor motivo y acabó
colgándome el teléfono. Esto tuvo relación con lo anterior, con que mi hermana
y su esposo le dieron su versión de los hechos, hablando falsedades y omitiendo
la parte que a ellos no les convenía que se supiera.
Esa violencia que he padecido y que nunca desapareció, pese
a que mi padre murió en diciembre de 2007 (hace ya once años) es la clase de
trauma que ha estado presente toda mi vida, algo para lo cual necesito algún
tipo de terapia, o una estrategia para poder contemplarla de una manera
objetiva y lograr así que desaparezca, tomando la dimensión que merece, y no el
tamaño descomunal que yo (inconscientemente) le asigno, por supuesto.
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