viernes, 22 de febrero de 2019

La razón de mi postura tan negativa ante la vida


El libro que estoy leyendo sobre mi trastorno límite de la personalidad (TLP) titulado: Borderline Personality Disorder, Survival Guide, en el capítulo 3 plantea la pregunta ¿Es el TLP una forma de trastorno por estrés post-traumático? En unos cuantos párrafos, responde (convincentemente) que no.

Al escribir la entrada anterior, pensé que si mi problema no es ese trastorno por estrés post-traumático, sí podría tener que ver con vivencias difíciles que han ocurrido muchísimas veces desde mi temprana infancia, y hasta años recientes.

Con esto me refiero a lo que sucedió en mi trabajo en octubre pasado, en que no cometí ninguna falta y se me separó del mismo, se me pidió que consiguiera un certificado de persona no peligrosa (en la institución pública donde recibo la atención psiquiátrica) y se me permitió regresar casi dos semanas más tarde, cuando a mí se me conoce como un empleado muy competente, confiable, sin problemas de disciplina, asistencia, puntualidad, etc. En cambio ese compañero con el que he tenido problemas, tiene malos antecedentes y él (hasta donde yo sé) no enfrentó ningún tipo de consecuencia por lo que sí hizo, hablar falsedades de mí a mis espaldas, intentar sembrar violencia en mi contra.

Durante los años 2013 y hasta mediados de 2014, vivieron en mi casa mi hermana Yolanda y su esposo, con sus hijos, y se dieron conflictos serios porque en primer lugar no debían haber estado ahí. De hecho, la casa es de mi madre (ya muerto el mal individuo que tuve por padre), pero si mi hermana estaba pasando por una mala situación económica, que no le permitía pagar renta para vivir en su casa con su familia, era por haber estado casada con un vividor, ya en aquel entonces durante 21 años.

Ella y su esposo se dedicaron a hablar mal de mí a mis espaldas, describiéndome como un hombre de 50 años que no trabajaba (de hecho sí lo hacía, estaba haciendo trabajo de traducción en casa, como free lance), omitiendo que he vivido muy enfermo y que mis pérdidas por mi existencia difícil (que yo no escogí) y la patología que desarrollé, me llevaron a perder la voluntad de vivir. Por supuesto, no le dijeron a nadie que yo no tenía ninguna responsabilidad en el hecho de que mi hermana haya arruinado su vida yéndose a casar con un padrote bueno para nada, cínico, desvergonzado e inmoral.

Dos años más tarde, un tío político (cuya esposa, hermana de mí mamá había muerto trágicamente en septiembre de 2014), se portó muy agresivo conmigo en una llamada telefónica, sin que yo le diera el menor motivo y acabó colgándome el teléfono. Esto tuvo relación con lo anterior, con que mi hermana y su esposo le dieron su versión de los hechos, hablando falsedades y omitiendo la parte que a ellos no les convenía que se supiera.

Esa violencia que he padecido y que nunca desapareció, pese a que mi padre murió en diciembre de 2007 (hace ya once años) es la clase de trauma que ha estado presente toda mi vida, algo para lo cual necesito algún tipo de terapia, o una estrategia para poder contemplarla de una manera objetiva y lograr así que desaparezca, tomando la dimensión que merece, y no el tamaño descomunal que yo (inconscientemente) le asigno, por supuesto.


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