El principio del fin de semana pasado fue un tanto
problemático. Desperté el sábado a las 3:00 horas, y sintiendo un malestar por
acontecimientos recientes marqué un número de atención psicológica, de una
unidad de Cruz Verde en el municipio de Guadalajara. Casi tengo la seguridad de
que la psicóloga de turno, de nombre Silvia Álvarez, se negó, después de lo
cual me colgó el teléfono. Esta psicóloga fue despedida hace algunos años de
otra institución pública de salud mental (SALME), alguien me dijo que porque no
hacía su trabajo. Tomando en cuenta lo antes mencionado, y que ya me había
pasado antes con ella (hace muchos años, en el año 2007, antes de que muriera
mi padre), esto tiene sentido.
He pensado en reportarla, pero tengo la seguridad de que
sería una pérdida de tiempo. Como quiera que sea, regresé a la cama y dormí un
poco más, levantándome a las nueve de la mañana. En una casa vecina, muy
cercana a la mía había gente trabajando, quitando una herrería en una azotea a
golpe de cincel y martillo, lo que me provocó un gran estrés. Después de tomar
café, desayuné y me dirigí al barrio de Santa Tere a recoger mis zapatos que
había dejado el sábado anterior para reparación. Pese a que no me había
ejercitado más que un solo día en toda la semana (jueves), me sentí cansado y
decidí no tener actividad física ese día. Pasé el resto de la tarde leyendo a
ratitos (mi libro sobre TLP) y ya de noche me bañé y salí a pasear a mis
mascotas.
El día siguiente tampoco comenzó bien, desayuné y me dirigí
a WalMart a comprar el mandado, habiendo decidido comprar un regulador de
voltaje, para línea blanca (para el horno de microondas) pues el que tenía ya
estaba fallando mucho. Esto representó un gasto fuerte (casi 1200 pesos).
Regresé a casa y lo puse en uso. Subí a mi habitación a cambiarme los zapatos y
vaciar mis bolsillos y cuando bajé a la cocina, con intención de prepararme una
taza de café, me encontré con que mi madre había hecho justamente eso, calentar
agua para tomarse un café. Esto me provocó una tremenda furia, pese a estar
consciente que es algo poco importante, pero se ha dado este fenómeno durante
mucho tiempo, que en el momento en que voy a usar el horno de microondas, mi
madre se me adelanta, teniendo muchísimo tiempo para hacer eso antes o después
de que yo lo use.
Esto dice algo sobre la gravedad de la neurosis con la que
vivo. Cuando fui joven, que vivía en casa sin trabajar, sin ningún ingreso, no
podía tomar ningún alimento en presencia de mi padre, pues con su actitud me
reclamaba, como diciéndome ‘¿por qué comes si no trabajas’. El maldito vivía en
otra entidad del país, pero cuando venía a casa, en el momento en que yo iba a
la cocina a tomar algún alimento, el hijo de puta llegaba, hacía acto de
presencia. Si era de noche, así fueran la una o las tres o las cuatro de la
mañana, si yo tenía hambre y me dirigía a la cocina a tomar algún alimento, el
cerdo se levantaba y bajaba a la cocina. No fallaba, parecía un fenómeno
sobrenatural, o una presencia demoniaca.
Ahora me pasa con mi madre, que no sé cómo le hace para
provocarme contrariedades que parecerían poco importantes, pero me causan una
tremenda furia y muy frecuentemente provocan que aflore el resentimiento que
llevo contra ella, que raya en el odio.
Traté de dormir, cometí el error de dejar abierta la puerta
de mi habitación y poco más tarde, mi madre se puso a acomodar los platos que
había lavado, el ruido que produjo me despertó y me provocó otra vez un gran
malestar. Bajé a la cocina, le reclamé, la violenté verbalmente y después de
comer avena y tomarme una taza de café, subí a la habitación de mi madre a
pedirle que me acompañara mientras me comía unas tostadas con atún.
Le expliqué entonces que tengo una patología muy grave y lo
que ella hace (si bien involuntariamente) dispara reacciones que yo no puedo
controlar. Parezco tener un trastorno por estrés post-traumático. Me referí a
mi maldito padre y el hecho de que se aparecía cada vez que yo me disponía a
tomar un alimento, el grandísimo hijo de puta, el modo como me agredió desde
que nací, cómo arruinó mi vida y provocó que perdiera la voluntad de vivir en
dos ocasiones, con gran ayuda de mi madre y el resto de mi familia.
Continúo en la siguiente entrada.
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