viernes, 15 de febrero de 2019

Contemplando a mi querida Laura, que se ha ido de mi vida


Vi en una red social el perfil que creó Laura para ofrecer sus servicios de psicología, y las diferentes imágenes que ha colocado durante unos cinco años, tal vez un poco más.

En algunas aparece asistiendo a la entrega de diplomas como reconocimiento por un buen desempeño. Lleva puesto un vestido de color oscuro (posiblemente negro) lo que hace resaltar su feminidad, y ante mis ojos, una mujer bellísima. Contemplo otras imágenes y vuelvo a percatarme de que su rostro no es bonito, ni el color de su piel, ni su pelo; y sin embargo, entre más la contemplo más hermosa la encuentro.

En lo que aparece publicado en su ‘biografía’, lo que ella escribe, encuentro muchas faltas de ortografía, como sucede con tantísimas personas (mayoría), lo que habla de una educación incompleta, de gente que no le da a la redacción y la escritura la importancia que merece, pero todavía más importante, aparecen imágenes con monitos, una de las cuales dice que lo que hagas con tu vida (o lo que haya de negativo en ella) no es culpa de tus padres.

Me parece inaceptable que un psicólogo diga una aberración de ese tamaño, esta es la clase de pendejada que esperaría escuchar de un farsante como Carlos Cuauhtémoc Sánchez o uno de sus similares, que son legión, pero no de esa psicóloga a quien he considerado tan competente y tan humana.

Es un hecho que durante la niñez se forma el carácter y las fortalezas y las debilidades que tendrán efectos a lo largo de toda la vida. Los infantes son impotentes ante padres violentos y abusivos y muchas personas padecemos los efectos devastadores del abuso físico, emocional o incluso sexual recibido en la infancia. De hecho, mi trastorno límite de la personalidad tuvo como principales causas un ambiente invalidante, un abuso emocional sistemático, una falta de atención ante los problemas de aprendizaje que presenté desde que inicié mi educación, y una violencia que nunca disminuyó, simplemente fue cambiando de forma.

Un detalle como este me refuerza la suposición de que Laura fue víctima de muy malos padres, me parece muy probable que le hayan fallado miserablemente y una vez que se fue de casa (estando bastante joven) se alejó de forma casi permanente hasta que su madre le pidió que los visitara periódicamente. De ahí mentir sobre sí misma, describiéndose como asocial, a todas luces una característica muy ajena a ella.

He notado esos apegos insanos a la familia en personas muy religiosas, y por eso me extraña encontrar esas ideas en Laura (que no es creyente), que los vínculos familiares son un baluarte en nuestras vidas. ¿Estará también cerrando los ojos al posible riesgo que representa no alejarse de personas dañinas? Ese fue el error que cometió mi madre en 1973 (cuando yo tenía nueve años) y cambiamos de ciudad, yendo a vivir a la capital del Estado de México, a una hora de la capital del país, donde radicaban sus padres y hermanos. Al volver a acercarse a esa gente tan destructiva, se expuso al riesgo considerable que sus padres representaban para ella, pero lo más grave es que expuso a sus hijos a una forma de violencia no muy sutil, no muy encubierta que no necesitábamos porque con la que se cultivaba en casa era más (mucho más) que suficiente.

Y pensando en todo esto (en relación con Laura), me duele otra vez que se aleje de mí y me expulse de su vida, cuando yo le he valorado y la he querido de una manera absolutamente correcta; siento que hacer tal cosa podría tener una ganancia para ella, argumentando que se deshace de quien la violenta, engañándose ante el hecho de quienes le hacen daño son su familia de origen.

Una vez más debo aclarar que en todo esto hay mucho de especulación.

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