Vi en una red social el perfil que creó Laura para ofrecer
sus servicios de psicología, y las diferentes imágenes que ha colocado durante
unos cinco años, tal vez un poco más.
En algunas aparece asistiendo a la entrega de diplomas como
reconocimiento por un buen desempeño. Lleva puesto un vestido de color oscuro
(posiblemente negro) lo que hace resaltar su feminidad, y ante mis ojos, una
mujer bellísima. Contemplo otras imágenes y vuelvo a percatarme de que su
rostro no es bonito, ni el color de su piel, ni su pelo; y sin embargo, entre
más la contemplo más hermosa la encuentro.
En lo que aparece publicado en su ‘biografía’, lo que ella
escribe, encuentro muchas faltas de ortografía, como sucede con tantísimas
personas (mayoría), lo que habla de una educación incompleta, de gente que no
le da a la redacción y la escritura la importancia que merece, pero todavía más
importante, aparecen imágenes con monitos, una de las cuales dice que lo que
hagas con tu vida (o lo que haya de negativo en ella) no es culpa de tus
padres.
Me parece inaceptable que un psicólogo diga una aberración
de ese tamaño, esta es la clase de pendejada que esperaría escuchar de un
farsante como Carlos Cuauhtémoc Sánchez o uno de sus similares, que son legión,
pero no de esa psicóloga a quien he considerado tan competente y tan humana.
Es un hecho que durante la niñez se forma el carácter y las
fortalezas y las debilidades que tendrán efectos a lo largo de toda la vida.
Los infantes son impotentes ante padres violentos y abusivos y muchas personas
padecemos los efectos devastadores del abuso físico, emocional o incluso sexual
recibido en la infancia. De hecho, mi trastorno límite de la personalidad tuvo
como principales causas un ambiente invalidante, un abuso emocional
sistemático, una falta de atención ante los problemas de aprendizaje que
presenté desde que inicié mi educación, y una violencia que nunca disminuyó,
simplemente fue cambiando de forma.
Un detalle como este me refuerza la suposición de que Laura
fue víctima de muy malos padres, me parece muy probable que le hayan fallado
miserablemente y una vez que se fue de casa (estando bastante joven) se alejó
de forma casi permanente hasta que su madre le pidió que los visitara
periódicamente. De ahí mentir sobre sí misma, describiéndose como asocial, a
todas luces una característica muy ajena a ella.
He notado esos apegos insanos a la familia en personas muy
religiosas, y por eso me extraña encontrar esas ideas en Laura (que no es
creyente), que los vínculos familiares son un baluarte en nuestras vidas. ¿Estará
también cerrando los ojos al posible riesgo que representa no alejarse de
personas dañinas? Ese fue el error que cometió mi madre en 1973 (cuando yo
tenía nueve años) y cambiamos de ciudad, yendo a vivir a la capital del Estado
de México, a una hora de la capital del país, donde radicaban sus padres y
hermanos. Al volver a acercarse a esa gente tan destructiva, se expuso al
riesgo considerable que sus padres representaban para ella, pero lo más grave
es que expuso a sus hijos a una forma de violencia no muy sutil, no muy
encubierta que no necesitábamos porque con la que se cultivaba en casa era más
(mucho más) que suficiente.
Y pensando en todo esto (en relación con Laura), me duele
otra vez que se aleje de mí y me expulse de su vida, cuando yo le he valorado y
la he querido de una manera absolutamente correcta; siento que hacer tal cosa
podría tener una ganancia para ella, argumentando que se deshace de quien la
violenta, engañándose ante el hecho de quienes le hacen daño son su familia de
origen.
Una vez más debo aclarar que en todo esto hay mucho de
especulación.
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