Celia es una psicóloga con especialidad en psicoanálisis,
egresada de la UNAM, con quien hablo vía telefónica dos días por semana: jueves
y domingo. Es una mujer joven (35 años), a todas luces muy preparada, muy
inteligente, con un nivel intelectual y cultural bastante elevado, todo lo cual
hace de ella una mujer muy atractiva.
Le he pedido que lea mi blog, su respuesta ha sido negativa,
argumentando que hacerlo podría viciar el proceso terapéutico. Recuerdo que en
aquel lejano 2008, le pedí a Laura que hiciera lo propio con otro blog (este,
un espacio de Hotmail) ella me respondió
que si lo hiciera, corría el riesgo de involucrarse conmigo y entonces su
trabajo no serviría.
En la llamada de anoche le dije a Celia que tengo una
fascinación por las psicólogas, sexo femenino, porque conocen la naturaleza
humana, lo que les da la posibilidad de comprender muchas cosas sobre mí, el
modo como he vivido, mi aparente ausencia de logros, mis dificultades para
relacionarme con otras personas, mi soledad y particularmente el haber vivido
sin trabajar. No quiero decir que el hecho de que una mujer sea psicóloga
signifique que pueda entender todo esto, sino simplemente que la probabilidad
de que así suceda es mayor. Otro tipo de personas (la inmensa mayoría) juzgan y
no pueden entender algo que no han vivido.
El fin de semana comenzará en unas horas (para mí da inicio
al salir de trabajar en viernes) y lo visualizo como una consecución de horas
pasadas en inactividad, de una manera caótica, mirando por periodos cada vez
más prolongados YouTube en televisión, sintiendo sueño y cansancio, padeciendo
estrés por los vehículos pesados que pasan por la calle, temiendo la llegada de
una persona indeseable, etc.
He decidido ya no ir a al-anon por encontrar ahí gente
demasiado estúpida. El sábado pasado una vieja tomó la palabra para exhibirse
como una madre de familia muy controladora, que no le permitió a su hija lavar
los trastes porque no lo podría hacer tan bien como ella, ni a su esposo tender
la cama porque la sábana no quedaría bien equilibrada, la longitud de la misma
sería mayor de un lado de la cama que del otro. Pareciera una competencia para
ver quién dice la pendejada más grande, para parecer el asistente más idiota.
Al terminar la junta, intercambiamos abrazos y nos despedimos, sin mucha
probabilidad de citarnos para convivir fuera del odioso movimiento en el que se
idealiza a los adictos al alcohol, y se cultiva un exhibicionismo vergonzoso.
Había otra posibilidad de convivir con otras personas,
acudiendo a un servicio de terapia psicológica bastante accesible, para lo cual
hay que asistir a una plática informativa en sábado a las nueve de la mañana.
Esa podría ser una buena idea, además de buscar el antes mencionado taller de
lectura creativa. Algo muy bueno sería cerrar la sesión en Twitter con la
intención de mantenerla así durante la mayor parte del día, pues esa red social
ha resultado ser una evasión a mi realidad difícil (sobre todo a mi soledad),
pero no resuelve mi problema y en cambio obstaculiza que le dedique tiempo a
algo productivo, como podría ser leer y estudiar.
Es necesario hacer cambios significativos en mi vida, que me
ayuden a encontrar personas con quienes convivir de una manera positiva,
escapar de mi soledad y continuar aprendiendo a darle a cada individuo la
importancia que merece. Menciono esto último porque en la última semana he
pensado mucho en dos individuos de la empresa donde trabajo: el médico y el
director de RH, ambos con características indeseables en una persona valiosa,
faltos de honestidad, carentes de carácter para enfrentar conflictos cuando es
necesario, cobardes, pusilánimes; todo lo cual se refleja incluso en su
apariencia. Ambos proyectan imagen de hombres débiles, anodinos, incluso
andróginos. El desempeño de sus diferentes labores permite apreciar que carecen
de una formación académica sólida (por ejemplo en lo mal que redactan, con su
pésima ortografía), lo que ante mis ojos constituye una bochornosa exhibición
de pobreza personal y falta de respeto por sí mismos.
Habrá que valorar todo esto y después desentenderse del
tema, la vida tiene mucho más que ofrecer que pasar el tiempo contemplando las
diferentes manifestaciones de pobreza humana.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario