viernes, 15 de febrero de 2019

Atención psicológica vía telefónica, el fin de semana y cambios que es necesario hacer


Celia es una psicóloga con especialidad en psicoanálisis, egresada de la UNAM, con quien hablo vía telefónica dos días por semana: jueves y domingo. Es una mujer joven (35 años), a todas luces muy preparada, muy inteligente, con un nivel intelectual y cultural bastante elevado, todo lo cual hace de ella una mujer muy atractiva.

Le he pedido que lea mi blog, su respuesta ha sido negativa, argumentando que hacerlo podría viciar el proceso terapéutico. Recuerdo que en aquel lejano 2008, le pedí a Laura que hiciera lo propio con otro blog (este, un espacio de Hotmail)  ella me respondió que si lo hiciera, corría el riesgo de involucrarse conmigo y entonces su trabajo no serviría.

En la llamada de anoche le dije a Celia que tengo una fascinación por las psicólogas, sexo femenino, porque conocen la naturaleza humana, lo que les da la posibilidad de comprender muchas cosas sobre mí, el modo como he vivido, mi aparente ausencia de logros, mis dificultades para relacionarme con otras personas, mi soledad y particularmente el haber vivido sin trabajar. No quiero decir que el hecho de que una mujer sea psicóloga signifique que pueda entender todo esto, sino simplemente que la probabilidad de que así suceda es mayor. Otro tipo de personas (la inmensa mayoría) juzgan y no pueden entender algo que no han vivido.

El fin de semana comenzará en unas horas (para mí da inicio al salir de trabajar en viernes) y lo visualizo como una consecución de horas pasadas en inactividad, de una manera caótica, mirando por periodos cada vez más prolongados YouTube en televisión, sintiendo sueño y cansancio, padeciendo estrés por los vehículos pesados que pasan por la calle, temiendo la llegada de una persona indeseable, etc.

He decidido ya no ir a al-anon por encontrar ahí gente demasiado estúpida. El sábado pasado una vieja tomó la palabra para exhibirse como una madre de familia muy controladora, que no le permitió a su hija lavar los trastes porque no lo podría hacer tan bien como ella, ni a su esposo tender la cama porque la sábana no quedaría bien equilibrada, la longitud de la misma sería mayor de un lado de la cama que del otro. Pareciera una competencia para ver quién dice la pendejada más grande, para parecer el asistente más idiota. Al terminar la junta, intercambiamos abrazos y nos despedimos, sin mucha probabilidad de citarnos para convivir fuera del odioso movimiento en el que se idealiza a los adictos al alcohol, y se cultiva un exhibicionismo vergonzoso.

Había otra posibilidad de convivir con otras personas, acudiendo a un servicio de terapia psicológica bastante accesible, para lo cual hay que asistir a una plática informativa en sábado a las nueve de la mañana. Esa podría ser una buena idea, además de buscar el antes mencionado taller de lectura creativa. Algo muy bueno sería cerrar la sesión en Twitter con la intención de mantenerla así durante la mayor parte del día, pues esa red social ha resultado ser una evasión a mi realidad difícil (sobre todo a mi soledad), pero no resuelve mi problema y en cambio obstaculiza que le dedique tiempo a algo productivo, como podría ser leer y estudiar.

Es necesario hacer cambios significativos en mi vida, que me ayuden a encontrar personas con quienes convivir de una manera positiva, escapar de mi soledad y continuar aprendiendo a darle a cada individuo la importancia que merece. Menciono esto último porque en la última semana he pensado mucho en dos individuos de la empresa donde trabajo: el médico y el director de RH, ambos con características indeseables en una persona valiosa, faltos de honestidad, carentes de carácter para enfrentar conflictos cuando es necesario, cobardes, pusilánimes; todo lo cual se refleja incluso en su apariencia. Ambos proyectan imagen de hombres débiles, anodinos, incluso andróginos. El desempeño de sus diferentes labores permite apreciar que carecen de una formación académica sólida (por ejemplo en lo mal que redactan, con su pésima ortografía), lo que ante mis ojos constituye una bochornosa exhibición de pobreza personal y falta de respeto por sí mismos.

Habrá que valorar todo esto y después desentenderse del tema, la vida tiene mucho más que ofrecer que pasar el tiempo contemplando las diferentes manifestaciones de pobreza humana.

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