En unas horas habrá terminado el turno laboral, y con ello
una semana más de trabajo en este año que inicia. Como ya es costumbre, pienso
en lo que debería de hacer teniendo dos días de descanso, como continuar con la
lectura de Mary Barton, de Elizabeth Gaskell y simultáneamente el libro recién
adquirido sobre TLP, guía de supervivencia.
Esta semana ha sido un tanto extraña en lo que respecta a mi
estado de salud física, pues habiéndome ejercitado el pasado domingo, volví a
hacerlo hasta el miércoles. El martes había sentido mucho cansancio muscular y
dolor óseo (si bien no muy intenso), pero en su conjunto representaron un
malestar acusado. Hoy desperté a las seis de la mañana sintiendo una fuerte
fatiga, por lo que decidí quedarme en la cama aún sin estar dormido. Finalmente
me levanté, quince minutos antes de las siete para bajar a la cocina y
prepararme una taza de café para acompañarla con un trozo de pan mirando videos
de YouTube.
Una vez hecho esto, me puse mis prendas de ciclismo e hice
los preparativos para una sesión de ejercicio en mi bicicleta de carreras,
sobre rodillos. Ahora que he perdido peso y mi índice de masa corporal es
óptimo (un poco menor a 24), puedo realizar mayores esfuerzos durante tiempos
más prolongados, pero esta mañana me pareció difícil prolongar la sesión
durante un tiempo cercano a una hora, aunque la última parte del pedaleo la
realicé con multiplicaciones altas, sintiéndome potente, sin perder el aliento.
El cansancio excesivo se ha presentado de forma discontinua,
por eso dudaba comprar complejo B (Bedoyecta), pero decidí hacerlo esta mañana
en la farmacia cercana a la empresa donde trabajo y unos minutos más tarde pedí
a la médico (una dama de lo más agradable) que me aplicara la primera de cinco
inyecciones. Durante las horas que han transcurrido no he sentido un gran
alivio, pero me imagino que hace falta que pase un número de horas para que
alcance una concentración en sangre y comience a hacer su efecto. Durante el
fin de semana debería hacerme el propósito de salir a hacer un recorrido en
bicicleta en carretera, vencer un temor no específico a que me suceda algo. Al
leer el libro de TLP, guía de supervivencia mencionado en entradas anteriores,
me doy cuenta de que podría estar mostrando un comportamiento de evitación.
Tengo temores no específicos que me impiden realizar actividades importantes,
en este caso salir a carretera en bicicleta, lo que aumentaría la distancia y
el tiempo de entrenamiento, redundando en una mayor condición física con los
beneficios que ello conlleva a mi salud
tanto física como mental.
Al leer el capítulo 4 de ese libro, TLP guía de
supervivencia, me viene a la mente el hecho de que en el documento que pedí en
octubre pasado a la institución pública donde recibo la atención psiquiátrica, el
resumen clínico, se menciona un “trastorno depresivo mayor, con síntomas de
trastorno límite de la personalidad” y al leer sobre factores que pudieran
agravar mi patología (TLP), aparece ese trastorno depresivo mayor como una
causa mayor.
Ahí podría estar el origen del aislamiento en que vivo,
siendo la causa y el efecto de la depresión profunda que me aqueja. No busco la
compañía de otras personas —pese a que me duele mucho mi soledad— debido a la
depresión que padezco, y esta se tiene su origen (por lo menos en parte) en el
aislamiento en que vivo. Es fácil entender el problema, lo que no alcanzo a
imaginar es cómo resolverlo, no sé a quién deba acercarme ni cómo.
Es un hecho que ahora tengo dinero, lo que me da la
posibilidad de acudir a un lugar donde se reúne gente (busco a una dama, para
iniciar una relación de pareja), como pudiera ser un bar, pero la verdad la
idea no me resulta atractiva. Jamás lo he hecho y no sé qué podría esperar de
una mujer a la que conociera en un lugar como ese. En contraste, había pensado
hace algunas semanas en la posibilidad de buscar un taller de escritura
creativa, que se llevara a cabo en sábado, donde además de darle cauce a mi
gusto por esta actividad, por plasmar mis ideas con palabras, encontraría gente
con intereses afines a los míos. El problema es que nada más lo pienso, y
llegado el fin de semana, hago otras cosas, como hablar largo y tendido sobre
el dolor que me aqueja, y su origen.
En los últimos días la he pasado mal por el término de mi amistad
con Laura, la persona a quien más he querido en mi vida. En la llamada de
anoche con la psicóloga Celia, le dije que quiero recordar a este bello ser
humano con cariño y con gratitud, pero saber que no voy a volver a verla me
produce una tristeza que en ocasiones me abruma, y los motivos del conflicto me
sumen en un torbellino de ideas y emociones que es mejor procurar evitar, pues
si desembocan en furia, existe el riesgo de lastimar a alguien y eso es lo
último que quiero hacer.
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