jueves, 28 de febrero de 2019

La mujer que amo, su hijo mayor


El hijo mayor de Laura nació unos días antes de que yo cumpliera 28 años, un mes y días después de que ella cumplió 21 años, en abril de 1992.

A mediados del año 2010 tuve internet en mi casa y pude ver el perfil de esta mujer a quien he amado en Facebook. Entre sus amigos aparecía ese muchacho, en ese momento con la cabeza rapada pues había perdido una apuesta respecto al resultado de un partido del campeonato mundial de futbol correspondiente a ese año, celebrado en Sud África. Los contendientes eran España y Alemania y el primero le ganó al segundo, para después quedar campeón venciendo en la final a Países Bajos. De esto, deduje que este muchacho, el hijo mayor de Laura tiene simpatía por, o admira a los alemanes.

En una de las ocasiones en que fui a desayunar con esta mujer bellísima, me dijo que su hijo había terminado su licenciatura en medicina en la universidad del estado, pero no estaba estudiando una especialidad, sino trabajando en un call center como médico, y estudiando alemán al mismo tiempo. De esto deduje que este muchacho tiene como objetivo irse a estudiar a ese país del centro de Europa, y muy probablemente quedarse allá, con intención de tomar esa ciudadanía.

Todo esto habla de un narcisismo muy patológico, que raya en la locura. De hecho yo había visto una foto de él en su perfil de Google, en que aparecía vistiendo camisa y corbata, sentado en un escritorio, con aires de persona muy importante. Ese rasgo tan patológico (el narcisismo exacerbado) es muy común entre la gente que estudia medicina (más en el sexo masculino), pero con todo y esto, en el caso del hijo de Laura el problema es demasiado evidente y ella parece cerrar los ojos a esto, cuando es ella quien tiene la mayor responsabilidad. ¿Qué espera que suceda?

Tiene sentido suponer que va a pasar el tiempo y este muchacho va a ver frustradas sus aspiraciones irreales, lo que puede tener como consecuencia que se vea envuelto en una espiral descendente hacia una vida desastrosa. No lo conozco y no sé mucho sobre él, pero su aspecto refleja nada más a un individuo con un cociente intelectual medio que le permite adquirir conocimientos y cuyo principal motor es la necesidad de sentirse importante. Esta es la clase de persona que se labra un fracaso vital cotidianamente a brazo partido. Laura es una psicóloga muy competente y parece no querer darse cuenta del peligro que se cierne sobre su hijo mayor, o mediante una actividad frenética busca evadirse también de esa realidad difícil.

Así las cosas en la vida de la mujer que amo.


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