jueves, 28 de febrero de 2019

La mujer que amo se fue de mi vida, y yo sigo pensando en ella


Termina el segundo mes de un año que tuvo un comienzo turbulento, secuela del final del anterior. El rompimiento con mi amiga Laura es ya un hecho y no hay posibilidad de volver atrás, sin embargo no he terminado de decirle adiós, esta mujer ocupa mis pensamientos la mayor parte del tiempo y más que tristeza, lo que siento es el deseo de estar con ella, dialogando en un lugar donde estemos solos (por ejemplo su consultorio), explicándole que el hecho de que haya estado perdidamente enamorado de ella nunca debió suponer un problema, pues siempre supe que ese es un amor platónico, irrealizable.

Volví a buscar a su cónyuge en internet y vi otra vez su perfil en Facebook. Iba a copiar imágenes donde aparece Laura, pero por alguna razón decidí no hacerlo. En una de las fotos más representativas (por el lugar que ocupa en ese perfil en Facebook) aparece Laura con su cónyuge, inclinándose hacia ella, sonriendo y mirando a la cámara. A su lado se encuentra su hijo menor, detrás de ella el mayor. Me llama la atención que ambos se ven de piel morena, cuando en sus perfiles de esa misma red social parecen tener la dermis blanca. El hijo menor tiene un aspecto muy mestizo, que mejoró con el paso de los años, pero el mayor usa el pelo bastante crecido y viste una camisa de manga larga, de apariencia formal, siendo un adolescente en un evento al que podría denominarse familiar.

Una vez que terminé de ver ese perfil de la cónyuge de Laura me di cuenta de que lo había configurado para que muchas imágenes no pudieran verse desde afuera, es decir, no pudiera verlas alguien que no está incluido como su amigo. De esto deduzco que se dio cuenta de que yo había visitado su perfil, cosa que hice aquel domingo 27 de enero, en una visita fallida al Seguro Social en que buscaba ser atendido por una intoxicación alimentaria.

Y en este momento me pregunto si la señora se sentirá celosa por lo que pudo haber sucedido entre su esposa y yo. Una tarde entre semana en el mes de diciembre pasado Laura me pidió vía WhatsApp que hablara con ella unos minutos, pues había gente en SALME siguiendo mi blog y ella creía que yo había puesto en mi espacio virtual información sobre ella (y por tanto sobre su esposa) como el viaje que ambas hicieron a Alaska a principios de diciembre. Laura me dijo que había cosas que no le decía a su cónyuge, dándome a entender que entre esa información se hallaba nuestra amistad. En ese blog que dejé de escribir en los primeros días de este año 2019 hay una entrada (una de las últimas) titulada “la mujer que amo…”, y en ella me refiero a ella, a esta dama que para mí es la mujer más hermosa del mundo. Esa entrada ha recibido más de 150 visitas, lo que me dice que un buen número de personas de esa institución pública de salud mental sospechan que se trata de Laura, cuya esposa trabaja ahí.

De esta mujer no sé casi nada aparte de su nombre y su profesión. Me han dicho que es muy agresiva y es la clase de persona de la que no quiero saber nada. Pienso en la posibilidad de que la razón por la que Laura ha llevado un ritmo de vida demasiado intenso, con un exceso de actividad, es porque se ha sometido voluntariamente a una esclavitud tácita ante su cónyuge, para tener a alguien que la quiera, lo que se ha extendido a la familia de su esposa. Además, sospecho que los padres de Laura son malas personas que le fallaron miserablemente y este conjunto de circunstancias constituyen violencia en la que Laura se ha sumergido por su propio pie, algo que está afectando su salud física (su sistema inmunológico está muy debilitado) y en algún momento podría traducirse en un impacto de gran magnitud para su psiquis.

Todo esto parece tener mucho de especulación, pero para mí tiene mucho sentido.

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