Termina el segundo mes de un año que tuvo un comienzo turbulento,
secuela del final del anterior. El rompimiento con mi amiga Laura es ya un
hecho y no hay posibilidad de volver atrás, sin embargo no he terminado de
decirle adiós, esta mujer ocupa mis pensamientos la mayor parte del tiempo y
más que tristeza, lo que siento es el deseo de estar con ella, dialogando en un
lugar donde estemos solos (por ejemplo su consultorio), explicándole que el
hecho de que haya estado perdidamente enamorado de ella nunca debió suponer un
problema, pues siempre supe que ese es un amor platónico, irrealizable.
Volví a buscar a su cónyuge en internet y vi otra vez su
perfil en Facebook. Iba a copiar imágenes donde aparece Laura, pero por alguna
razón decidí no hacerlo. En una de las fotos más representativas (por el lugar
que ocupa en ese perfil en Facebook) aparece Laura con su cónyuge, inclinándose
hacia ella, sonriendo y mirando a la cámara. A su lado se encuentra su hijo
menor, detrás de ella el mayor. Me llama la atención que ambos se ven de piel
morena, cuando en sus perfiles de esa misma red social parecen tener la dermis
blanca. El hijo menor tiene un aspecto muy mestizo, que mejoró con el paso de
los años, pero el mayor usa el pelo bastante crecido y viste una camisa de
manga larga, de apariencia formal, siendo un adolescente en un evento al que
podría denominarse familiar.
Una vez que terminé de ver ese perfil de la cónyuge de Laura
me di cuenta de que lo había configurado para que muchas imágenes no pudieran
verse desde afuera, es decir, no pudiera verlas alguien que no está incluido
como su amigo. De esto deduzco que se dio cuenta de que yo había visitado su
perfil, cosa que hice aquel domingo 27 de enero, en una visita fallida al
Seguro Social en que buscaba ser atendido por una intoxicación alimentaria.
Y en este momento me pregunto si la señora se sentirá celosa
por lo que pudo haber sucedido entre su esposa y yo. Una tarde entre semana en
el mes de diciembre pasado Laura me pidió vía WhatsApp que hablara con ella
unos minutos, pues había gente en SALME siguiendo mi blog y ella creía que yo
había puesto en mi espacio virtual información sobre ella (y por tanto sobre su
esposa) como el viaje que ambas hicieron a Alaska a principios de diciembre.
Laura me dijo que había cosas que no le decía a su cónyuge, dándome a entender
que entre esa información se hallaba nuestra amistad. En ese blog que dejé de
escribir en los primeros días de este año 2019 hay una entrada (una de las
últimas) titulada “la mujer que amo…”, y en ella me refiero a ella, a esta dama
que para mí es la mujer más hermosa del mundo. Esa entrada ha recibido más de
150 visitas, lo que me dice que un buen número de personas de esa institución
pública de salud mental sospechan que se trata de Laura, cuya esposa trabaja
ahí.
De esta mujer no sé casi nada aparte de su nombre y su
profesión. Me han dicho que es muy agresiva y es la clase de persona de la que
no quiero saber nada. Pienso en la posibilidad de que la razón por la que Laura
ha llevado un ritmo de vida demasiado intenso, con un exceso de actividad, es
porque se ha sometido voluntariamente a una esclavitud tácita ante su cónyuge,
para tener a alguien que la quiera, lo que se ha extendido a la familia de su
esposa. Además, sospecho que los padres de Laura son malas personas que le
fallaron miserablemente y este conjunto de circunstancias constituyen violencia
en la que Laura se ha sumergido por su propio pie, algo que está afectando su
salud física (su sistema inmunológico está muy debilitado) y en algún momento
podría traducirse en un impacto de gran magnitud para su psiquis.
Todo esto parece tener mucho de especulación, pero para mí
tiene mucho sentido.
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