Desperté de madrugada y salí a pasear a mis mascotas, evento
un tanto estresante por el comportamiento de mis perritas, pero más que nada
por mi neurosis. En realidad ellas se comportan como lo que son, animalitos y
yo les exijo que no se detengan a husmear, que no caminen en la dirección
errónea (por ejemplo para evitar enredar la correa en un poste o en un árbol),
etc.
Como quiera que sea, una vez en casa subí a mi habitación y
me puse mi piyama para volver a dormir. Seguí en la cama hasta las 8:30 horas,
me levanté y bajé a tomar mi acostumbrada taza de café con un pedazo de pan,
mientras miraba videos en youtube. Esta vez busqué desnudos femeninos, pero no
fue posible contemplarlos por la restricción de edad, el modo de eliminarla
parece bastante confuso. Terminé viendo un par de videos musicales, de esos que
ya me aburren.
Después de desayunar y bañarme, salí de casa a una hora
bastante temprana (en relación con mi hora de entrada al trabajo) y llegando
con media hora de anticipación, me dirigí a otro edificio. Esperé a la médico,
pero la puerta del consultorio estaba cerrada y decidí dirigirme a mi edificio,
checar la entrada y comenzar a trabajar. Unos minutos más tarde le envié un
mail interno a la médico (de nombre Mónica) y ella me contestó amablemente que
estaría disponible a las 11:30 horas. Acudí al consultorio a esa hora y Mónica
me hizo el favor de aplicarme la tercera inyección de cinco de Complejo B
(Bedoyecta).
Esta dama (unos veinte años más joven que yo) me resulta muy
agradable, una persona muy educada, amable, con buena presencia y un bonito
carácter. Se me ha ocurrido que podría intentar entablar algún tipo de relación
con ella, pero no sé si esto sea factible. Lo que sí es un hecho es que
necesito alguien dentro de la empresa en quien confiar, alguien con quien pueda
dialogar ocasionalmente. Como había mencionado en entradas anteriores, el
director de RH me resulta repulsivo por su naturaleza traidora y cobarde, ya no
puedo confiar en el médico, me he alejado de la directora de mi departamento,
etc.
De hecho, tengo muy poco contacto con otras personas, que
hasta hace unas cuantas semanas se limitaba a hablar por teléfono con una o dos
psicólogas en fin de semana, pero en tiempos más recientes, lo hago también con
otra psicóloga (de nombre Celia) un día entre semana, jueves. Vivo con mi madre
y platico con ella más que antes, pero por razones obvias (edad, diferencias
entre nosotros por nuestra vida en común, bastante difícil) esta comunicación
es bastante limitada, por ejemplo, no puedo hablar más a fondo de temas de
sexualidad, sobre todo porque algunos los vivo en secreto y por tanto, puedo
tratarlos únicamente con algunos profesionales de la salud mental.
Mi libro sobre TLP (The borderline personality disorder,
Survival Guide) dedica el capítulo seis a “comportamiento suicida y auto-daño
deliberado”, haciendo énfasis en la importancia de saber distinguirlos, pues
muchas veces un paciente con TLP se hace daño a propósito (por ejemplo, se
causa algún tipo de lesión) pero sin intenciones de quitarse la vida, mientras
que en otras ocasiones, la intención es matarse y un error de apreciación por
parte de un médico puede tener consecuencias letales.
Menciona el caso de un hombre joven, de nombre Michael, que después de una sesión de terapia difícil se cortó en el inodoro. Recordando el plan de emergencia acordado con su terapeuta, se dirigió en su auto al área de urgencias de un hospital y le dijo al doctor “necesito ayuda, traté de quitarme la vida y todavía tengo la idea”. El médico decidió que la herida no parecía grave y que Michael nada más quería ser atendido (en otras palabras, llamar la atención), por lo que lo dio de alta, al día siguiente Michael se suicidó.
No sé si ese médico era un pendejo, o un hijo de puta, o las
dos cosas. Leer esto me produce mucho malestar porque en diferentes épocas de
mi vida mostré comportamientos suicidas, posiblemente (o seguramente) como una
manera de expresar la desesperación y el sufrimiento tan intenso que me
aquejaba y recibí respuestas terribles de médicos psiquiatras, o de miembros de
mi familia.
En relación con esto, he sentido en las últimas semanas que
en la empresa donde trabajo me están utilizando para ignorar los graves
problemas que se han dado en el departamento al que pertenezco, por ejemplo,
que tiene el peor clima laboral de toda la compañía. De hecho se dice que en el
papel, el departamento al que pertenezco es parte de la empresa, pero en la
práctica, es autónomo, pues no se rige por los reglamentos de la compañía, sino
por la voluntad de su directora, que en realidad es el poder detrás del trono.
El director general (hijo del dueño y fundador de la empresa) es el jefe en la
teoría, pero en los hechos, él hace lo que la directora de mi departamento
quiere. Esto porque esa señora le ha dado a ganar mucho dinero a la compañía, y
se ha convertido en una persona con mucho poder a quien mucha gente (incluso de
su mismo nivel corporativo) teme.
Si yo no me siento bien, mi malestar se atribuye a que
padezco una patología grave, o sea que tengo una percepción alterada de la
realidad (algo absolutamente falso, y por demás perverso) y las encuestas y sus
resultados hacen de esta aseveración un disparate, pero esto no se toma en
cuenta.
Así, el director de RH (que tiene menos de un año en su
puesto), optó por la cobardía y aceptó convertirse en una figura decorativa.
Ahora, su aspecto me parece grotesco y evito siquiera mirarlo, pues para mí
representa el epítome del hombre deleznable, carente del mínimo respeto que
todo ser humano debe de tener por sí mismo.
Escribir esto constituye una forma de terapia, y una
catarsis.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario