miércoles, 27 de febrero de 2019

El empleo que ha cambiado mi vida y una referencia a Viktor Frankl


Hoy cumplo 46 meses en mi empleo, y en dos más cumpliré cuatro años de antigüedad laboral, y 51 de vida. Este trabajo ha cambiado mi vida, para bien. Pienso en mi bicicleta de carreras marca Cannondale de color rojo que compré usada el último sábado de octubre de 2016, a la que en el último año le he comprado rines nuevos, un juego de luces trasera y delantera base leds que se carga con conector USB, y un velocímetro (cyclocomputer) y un monitor de ritmo cardiaco, ambos marca Sigma, tecnología alemana.

Esto está muy presente en mi existencia cotidiana porque he vuelto a cobrar conciencia de que la actividad física definió mi vida en muchos aspectos, constituyó un mecanismo de evasión y mi salvación pues por medio de ella evité caer en el abuso de sustancias, entiéndase alcohol y drogas no legales. Sin ser un espécimen de cualidades sobresalientes, sí cuento con una genética razonablemente buena y mis buenas características anatómicas y orgánicas fueron desarrolladas y conservadas mediante una práctica deportiva constante y presente en mi vida durante los últimos 38 años, habiendo comenzado en la adolescencia.

Pero volviendo al empleo que desempeño, me da para vivir y tengo estabilidad económica, algo de lo que carecí toda mi vida pese a haberme esforzado mucho para conseguirla. Mucho de mi sufrimiento al contemplar mi pasado tiene que ver con la pobreza en que viví, en que no tenía siquiera recursos para procurarme alimento suficiente, algo verdaderamente muy injusto.

A principios del año 2014, a punto de cumplir 50 años comencé a tener ingresos, pues la amiga de una vecina comenzó a darme trabajo para hacer en casa. Un año más tarde ya me había peleado con ella, cansado de que me pagara una miseria por mi labor y además se tardara muchísimo tiempo para entregarme mi dinero. En abril de 2015 (acercándome a los 51 años) busqué empleo en internet, pensando que la posibilidad de encontrarlo era mínima (por mi edad y otras consideraciones), pero encontré una vacante, me comuniqué vía electrónica y se dio un proceso de contratación muy rápido. Mi fecha de ingreso coincidió con mi fecha de nacimiento, algo que me llamó mucho la atención, sobre todo por mi tendencia a pensar de una manera un tanto extraña, tal vez Asperger.

Mi situación económica cambió drásticamente, sobre todo cuando terminó el año 2016 en que recibí una cantidad significativa de dinero por concepto de mi fondo de ahorro. Sin embargo, el sufrimiento cotidiano cambió de forma y he tenido poca ocasión de disfrutar de mi vida. Hablándolo con otras personas, como Laura, esa mujer que durante cerca de tres años fue mi amiga, hago referencia al libro de Viktor Frankl “el hombre en busca de sentido” en que relata cómo al convertirse oficialmente en hombres libres, él y sus compañeros sobrevivientes al Holocausto salieron a caminar, esperando estallar de felicidad, solo para sentirse decepcionados y comentar entre ellos que no habían sentido nada.

Ese fenómeno, llamado entumecimiento psíquico, es lo que me ha aquejado la mayor parte del tiempo. He tenido problemas con malos compañeros de trabajo, inmerso en un clima laboral muy adverso, y en mi vida privada he sentido mucho resentimiento contra mi madre al recordar miles de vivencias en relación con el modo como transcurrieron mi infancia y mi adolescencia siendo violentado por mi padre, con la inconsciencia de mi madre que no se daba cuenta de nada, y su participación frecuente, sobre todo un enojo permanente hacia mí al comenzar cada día, que casi siempre se prolongaba para abarcar la totalidad del mismo.

En esa adversidad provocada por la violencia que mis padres me propinaron, participaron muchas personas, miembros de mi familia nuclear (como mis hermanas Mónica y Yolanda) y de mi familia extendida, hermanos de mis padres con sus cónyuges, etc. En los últimos meses mi soledad me ha dolido más que de costumbre y he cobrado conciencia de que yo sí soy muy asocial, sin ser mi naturaleza. Esa tendencia a aislarme de otras personas tiene mucho que ver con mi patología, pero ha estado presente desde que era un niño en que evité acercarme a mis compañeros de escuela porque temía ser rechazado por mi mal desempeño académico.

Ha pasado mucho tiempo desde que tuve una relación con una mujer que pudiera llamarse de pareja y lo que más quisiera es tenderme en un lecho con una dama, abrazarme a ella e intercambiar besos y caricias, platicar durante muchas horas y dejar que transcurriera así un tiempo muy prolongado. Nunca aspiré a hacer eso con Laura, la mujer que he amado durante años pues ella y yo solamente podíamos ser amigos, pero su partida sigue provocándome una gran tristeza que se funde con otros sentimientos como el enojo y en ocasiones la necesidad de comunicarle las razones de la furia que siento al pensar que faltó a la verdad y mi sufrimiento provocado por una psicóloga delincuente e inmoral, compañera de ella, no significó nada para ella.

¿Le dará Silvia mi mensaje? ‘Dile a Laura que la quiero mucho,’ le dije.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Centro de Intervención en Crisis, SALME

  Un poco antes del amanecer del miércoles 17 de enero, volví a marcar el número de teléfono del Centro de Intervención en Crisis de SALME (...