Hoy cumplo 46 meses en mi empleo, y en dos más cumpliré
cuatro años de antigüedad laboral, y 51 de vida. Este trabajo ha cambiado mi
vida, para bien. Pienso en mi bicicleta de carreras marca Cannondale de color
rojo que compré usada el último sábado de octubre de 2016, a la que en el
último año le he comprado rines nuevos, un juego de luces trasera y delantera
base leds que se carga con conector USB, y un velocímetro (cyclocomputer) y un
monitor de ritmo cardiaco, ambos marca Sigma, tecnología alemana.
Esto está muy presente en mi existencia cotidiana porque he
vuelto a cobrar conciencia de que la actividad física definió mi vida en muchos
aspectos, constituyó un mecanismo de evasión y mi salvación pues por medio de
ella evité caer en el abuso de sustancias, entiéndase alcohol y drogas no
legales. Sin ser un espécimen de cualidades sobresalientes, sí cuento con una
genética razonablemente buena y mis buenas características anatómicas y
orgánicas fueron desarrolladas y conservadas mediante una práctica deportiva
constante y presente en mi vida durante los últimos 38 años, habiendo comenzado
en la adolescencia.
Pero volviendo al empleo que desempeño, me da para vivir y
tengo estabilidad económica, algo de lo que carecí toda mi vida pese a haberme
esforzado mucho para conseguirla. Mucho de mi sufrimiento al contemplar mi
pasado tiene que ver con la pobreza en que viví, en que no tenía siquiera
recursos para procurarme alimento suficiente, algo verdaderamente muy injusto.
A principios del año 2014, a punto de cumplir 50 años
comencé a tener ingresos, pues la amiga de una vecina comenzó a darme trabajo
para hacer en casa. Un año más tarde ya me había peleado con ella, cansado de
que me pagara una miseria por mi labor y además se tardara muchísimo tiempo
para entregarme mi dinero. En abril de 2015 (acercándome a los 51 años) busqué
empleo en internet, pensando que la posibilidad de encontrarlo era mínima (por
mi edad y otras consideraciones), pero encontré una vacante, me comuniqué vía
electrónica y se dio un proceso de contratación muy rápido. Mi fecha de ingreso
coincidió con mi fecha de nacimiento, algo que me llamó mucho la atención,
sobre todo por mi tendencia a pensar de una manera un tanto extraña, tal vez
Asperger.
Mi situación económica cambió drásticamente, sobre todo
cuando terminó el año 2016 en que recibí una cantidad significativa de dinero
por concepto de mi fondo de ahorro. Sin embargo, el sufrimiento cotidiano
cambió de forma y he tenido poca ocasión de disfrutar de mi vida. Hablándolo
con otras personas, como Laura, esa mujer que durante cerca de tres años fue mi
amiga, hago referencia al libro de Viktor Frankl “el hombre en busca de
sentido” en que relata cómo al convertirse oficialmente en hombres libres, él y
sus compañeros sobrevivientes al Holocausto salieron a caminar, esperando
estallar de felicidad, solo para sentirse decepcionados y comentar entre ellos
que no habían sentido nada.
Ese fenómeno, llamado entumecimiento psíquico, es lo que me
ha aquejado la mayor parte del tiempo. He tenido problemas con malos compañeros
de trabajo, inmerso en un clima laboral muy adverso, y en mi vida privada he
sentido mucho resentimiento contra mi madre al recordar miles de vivencias en
relación con el modo como transcurrieron mi infancia y mi adolescencia siendo
violentado por mi padre, con la inconsciencia de mi madre que no se daba cuenta
de nada, y su participación frecuente, sobre todo un enojo permanente hacia mí
al comenzar cada día, que casi siempre se prolongaba para abarcar la totalidad
del mismo.
En esa adversidad provocada por la violencia que mis padres
me propinaron, participaron muchas personas, miembros de mi familia nuclear
(como mis hermanas Mónica y Yolanda) y de mi familia extendida, hermanos de mis
padres con sus cónyuges, etc. En los últimos meses mi soledad me ha dolido más
que de costumbre y he cobrado conciencia de que yo sí soy muy asocial, sin ser
mi naturaleza. Esa tendencia a aislarme de otras personas tiene mucho que ver
con mi patología, pero ha estado presente desde que era un niño en que evité
acercarme a mis compañeros de escuela porque temía ser rechazado por mi mal
desempeño académico.
Ha pasado mucho tiempo desde que tuve una relación con una
mujer que pudiera llamarse de pareja y lo que más quisiera es tenderme en un
lecho con una dama, abrazarme a ella e intercambiar besos y caricias, platicar
durante muchas horas y dejar que transcurriera así un tiempo muy prolongado.
Nunca aspiré a hacer eso con Laura, la mujer que he amado durante años pues
ella y yo solamente podíamos ser amigos, pero su partida sigue provocándome una
gran tristeza que se funde con otros sentimientos como el enojo y en ocasiones
la necesidad de comunicarle las razones de la furia que siento al pensar que
faltó a la verdad y mi sufrimiento provocado por una psicóloga delincuente e
inmoral, compañera de ella, no significó nada para ella.
¿Le dará Silvia mi mensaje? ‘Dile a Laura que la quiero
mucho,’ le dije.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario