Anoche llegué a casa a la hora acostumbrada, un poco después
de las nueve, y tras subir a mi habitación a quitarme la camisa y cambiarme los
zapatos, le pedí a mi madre que me diera de cenar. Al terminar me dirigí otra
vez a mi habitación y le eché un ojo a mi cuenta de Twitter desde mi Smartphone
y me dispuse a llevar a caminar a mis mascotas, mis perritas Chora y Clara.
Regresé cerca de la media noche y tomé mis medicamentos, una
dosis muy baja de risperidona y un cuarto de tableta de Clonazepam. Me quedé
dormido y desperté poco después de las seis de la mañana, con sed, tomé agua y
me quedé en la cama hasta cerca de las siete, después de lo cual bajé a la sala
a ver videos en YouTube mientras tomaba una taza de café con una pieza de pan.
Antes de las ocho subí a mi habitación e hice los preparativos para ejercitarme
en mi bicicleta de carreras sobre rodillos, usando por segundo día consecutivo
mi monitor cardiaco Sigma, de fabricación alemana, recibido el lunes pasado.
Tenía intenciones de hacer ejercicios con pesas pero al
mismo tiempo deseaba completar una hora de pedaleo, por lo que al terminar eran
casi las nueve de la mañana, hora de bajar a desayunar para después tomar un
baño y salir de casa rumbo a mi lugar de trabajo. Antes de entrar en la regadera
me dirigí a una habitación trasera donde tengo mis alteras, un banco para hacer
el ejercicio denominado bench-press y una báscula. Me pesé y la lectura mostró
74 kg. Esto representa una satisfacción, pues me agrada sentirme delgado y un
tanto atlético, tener una apariencia agradable a dos meses de cumplir 55 años.
Me parece que existen niveles de vanidad bastante sanos y mi persona refleja un
estilo de vida saludable, algo que tuve ocasión de meditar mientras ingería mi
desayuno consistente en avena hervida en agua con pasitas, acompañada de una
pera. Hace más de dos años incorporé ensaladas a mi dieta diaria y mi estado de
salud parece óptimo, lo que supongo, ayuda a preservar mi salud mental por lo
menos dentro de ciertos límites. Si me gusta lo que soy, lo que he logrado (así parezca poco), resultará
difícil hacerme daño, ya sea mediante hábitos destructivos o una agresión
directa con intenciones de lastimarme seriamente o de acabar con mi vida.
He pensado mucho en mi hermana Yolanda, que desde hace más
de tres años está residiendo en un área costera, turística, vendiendo bienes
raíces. En agosto de 1993 contrajo nupcias con un individuo verdaderamente muy
pobre, por su nula educación y su orientación en la vida encaminada a una
existencia de holganza, creyéndose insoportablemente hermoso, por lo que una mujer estaría dispuesta a mantenerlo.
Eso es lo que Yolanda ha estado haciendo durante más de 25 años, arruinando su
vida. Ella y él me agredieron una vez más hace cinco años, lo que tuvo una
afectación grave por mi historia de vida, en que muchas personas significativas
me han atacado, lo que ha tenido como efecto un dolor psíquico muy intenso,
sintiendo que he vivido en la indefensión. Llamé a esto en entradas anteriores,
una forma compleja de síndrome por estrés post-traumático.
Conversando con mi madre, mientras ceno, le he dicho que a
ese vividor con el que se casó mi hermana le he estado rompiendo el hocico
durante los últimos tres años y diez meses, siendo productivo y autosuficiente,
con todo lo que ello implica. Ese lacra me atacó aprovechando mi condición de
debilidad por no haber podido trabajar la mayor parte de mi vida, cuando esto
ha sido consecuencia de una patología muy grave complicada por la violencia que
padecí desde mi más temprana infancia; en cambio él, además de no trabajar (sin
ninguna justificación para ello) ha pasado todos sus años de matrimonio
tratando de guardar las apariencias, cuando su esposa (mi hermana) y sus hijos
(mis sobrinos) saben muy bien que este señor es una vergüenza para ellos y
participan en la simulación, fingiendo que las circunstancias no han ayudado
para que su ‘jefe de familia’ cumpla con ninguna de sus responsabilidades.
En fecha reciente mi hermana recibió la visita de un primo
paterno, de nombre Héctor al que yo no he visto en 40 o 41 años. En las
imágenes que Yolanda le envió a mi mamá vía WhatsApp, aparece ella con Héctor y
otras personas de las familias de ambos, con el cónyuge de mi hermana por un
lado y al observarlo aparece en mi mente la idea de que este individuo
impotente padece el dolor psíquico de saberse un paria, sin mucho éxito al
tratar de suprimir ese sentimiento.
Hay una frase en inglés que tiene mucho sentido: Success is
the best revenge.
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