miércoles, 27 de febrero de 2019

Venganza como un cauce natural


Anoche llegué a casa a la hora acostumbrada, un poco después de las nueve, y tras subir a mi habitación a quitarme la camisa y cambiarme los zapatos, le pedí a mi madre que me diera de cenar. Al terminar me dirigí otra vez a mi habitación y le eché un ojo a mi cuenta de Twitter desde mi Smartphone y me dispuse a llevar a caminar a mis mascotas, mis perritas Chora y Clara.

Regresé cerca de la media noche y tomé mis medicamentos, una dosis muy baja de risperidona y un cuarto de tableta de Clonazepam. Me quedé dormido y desperté poco después de las seis de la mañana, con sed, tomé agua y me quedé en la cama hasta cerca de las siete, después de lo cual bajé a la sala a ver videos en YouTube mientras tomaba una taza de café con una pieza de pan. Antes de las ocho subí a mi habitación e hice los preparativos para ejercitarme en mi bicicleta de carreras sobre rodillos, usando por segundo día consecutivo mi monitor cardiaco Sigma, de fabricación alemana, recibido el lunes pasado.

Tenía intenciones de hacer ejercicios con pesas pero al mismo tiempo deseaba completar una hora de pedaleo, por lo que al terminar eran casi las nueve de la mañana, hora de bajar a desayunar para después tomar un baño y salir de casa rumbo a mi lugar de trabajo. Antes de entrar en la regadera me dirigí a una habitación trasera donde tengo mis alteras, un banco para hacer el ejercicio denominado bench-press y una báscula. Me pesé y la lectura mostró 74 kg. Esto representa una satisfacción, pues me agrada sentirme delgado y un tanto atlético, tener una apariencia agradable a dos meses de cumplir 55 años. Me parece que existen niveles de vanidad bastante sanos y mi persona refleja un estilo de vida saludable, algo que tuve ocasión de meditar mientras ingería mi desayuno consistente en avena hervida en agua con pasitas, acompañada de una pera. Hace más de dos años incorporé ensaladas a mi dieta diaria y mi estado de salud parece óptimo, lo que supongo, ayuda a preservar mi salud mental por lo menos dentro de ciertos límites. Si me gusta lo que soy, lo  que he logrado (así parezca poco), resultará difícil hacerme daño, ya sea mediante hábitos destructivos o una agresión directa con intenciones de lastimarme seriamente o de acabar con mi vida.

He pensado mucho en mi hermana Yolanda, que desde hace más de tres años está residiendo en un área costera, turística, vendiendo bienes raíces. En agosto de 1993 contrajo nupcias con un individuo verdaderamente muy pobre, por su nula educación y su orientación en la vida encaminada a una existencia de holganza, creyéndose insoportablemente hermoso, por lo  que una mujer estaría dispuesta a mantenerlo. Eso es lo que Yolanda ha estado haciendo durante más de 25 años, arruinando su vida. Ella y él me agredieron una vez más hace cinco años, lo que tuvo una afectación grave por mi historia de vida, en que muchas personas significativas me han atacado, lo que ha tenido como efecto un dolor psíquico muy intenso, sintiendo que he vivido en la indefensión. Llamé a esto en entradas anteriores, una forma compleja de síndrome por estrés post-traumático.

Conversando con mi madre, mientras ceno, le he dicho que a ese vividor con el que se casó mi hermana le he estado rompiendo el hocico durante los últimos tres años y diez meses, siendo productivo y autosuficiente, con todo lo que ello implica. Ese lacra me atacó aprovechando mi condición de debilidad por no haber podido trabajar la mayor parte de mi vida, cuando esto ha sido consecuencia de una patología muy grave complicada por la violencia que padecí desde mi más temprana infancia; en cambio él, además de no trabajar (sin ninguna justificación para ello) ha pasado todos sus años de matrimonio tratando de guardar las apariencias, cuando su esposa (mi hermana) y sus hijos (mis sobrinos) saben muy bien que este señor es una vergüenza para ellos y participan en la simulación, fingiendo que las circunstancias no han ayudado para que su ‘jefe de familia’ cumpla con ninguna de sus responsabilidades.

En fecha reciente mi hermana recibió la visita de un primo paterno, de nombre Héctor al que yo no he visto en 40 o 41 años. En las imágenes que Yolanda le envió a mi mamá vía WhatsApp, aparece ella con Héctor y otras personas de las familias de ambos, con el cónyuge de mi hermana por un lado y al observarlo aparece en mi mente la idea de que este individuo impotente padece el dolor psíquico de saberse un paria, sin mucho éxito al tratar de suprimir ese sentimiento.

Hay una frase en inglés que tiene mucho sentido: Success is the best revenge. 

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