Ayer llegué a casa a la hora acostumbrada, las nueve de la
noche y subí a mi habitación a cambiarme de ropa. Era un hecho que no llevaría
a pasear a mis mascotas y me dirigí a la habitación de mi madre para pedirle
que me diera de cenar. Olvidé el hecho de que había un paquete de amazon.com
que había llegado durante la tarde, mi nuevo monitor de ritmo cardiaco (también
llamado pulsómetro), marca Sigma, igual que un cyclocomputer adquirido también
en amazon.com a finales de 2017, tecnología alemana.
Después de cenar hablé con la psicóloga Silvia, lo que
definitivamente me hizo sentir mejor y al dirigirme a mi recámara recordé mi
nuevo dispositivo y lo saqué de su envoltura y me encargué de configurarlo,
algo bastante sencillo. La banda para el pecho, en la que va el sensor, que se
coloca sobre el área cardiaca, cierra mejor que la del pulsómetro que usaba,
marca Patito, de fabricación china. Hoy en la mañana lo usé poco tiempo (menos
de 30 minutos) y su funcionamiento me dejó satisfecho; se ve bien montado en el
manubrio de mi bicicleta, junto con el cyclocomputer y una luz potente,
tecnología leds que se carga mediante conexión USB. Todo esto ayuda a motivarme
para seguir con mi estilo de vida saludable.
Al salir de casa hoy en la mañana vi a mi pendejo vecino a
quien le doy el mote de Pelochas, un poco más alto que yo, supuestamente cinco
años más joven, un individuo de lo más desagradable a quien considero un
pendejo bien hecho. Sin embargo no me cae tan mal como su esposa, típica vieja
babosa de camioneta Town & Country que mira hacia la casa con una jeta de
desagrado que no disimula, cuando mi madre y yo somos gente decente que vive de
mi trabajo y jamás le hemos pedido nada. Es un hecho que esa mujer estúpida se
ha sentido atraída por mí, pero yo jamás haría ningún intento por seducirla en
primer lugar porque es una mujer casada, en segundo lugar porque representa
todo aquello que yo considero indeseable por su orientación en la vida, el de
gente metida en una competencia con el prójimo a ver quién tiene mayor
capacidad de compra, mirando de manera despectiva a quien a todas luces se
encuentra en una situación económica por debajo de la suya, etc.
Salí a tomarme mi tiempo de descanso y tomé mi Smartphone
para meterme a la red social Twitter. Encontré que una vieja babosa de nombre
Gabriela Emmanuelle, licenciada en derecho, me había bloqueado en mis dos
cuentas, porque le reclamé que me ignorara. De sus diálogos con otro individuo
me di cuenta de que esta señora está pasando por una situación de vida muy
difícil, que involucra a un miembro de su familia (posiblemente su cónyuge) con
una mala salud mental e implicaciones de otro tipo, posiblemente jurídicas,
además de conflictos familiares muy serios.
Yo había tratado de participar en su conversación y ella se
desentendió de mí, ignorándome, excluyéndome, lo que me hizo sentir muy mal. Le
manifesté ese malestar de forma clara pero respetuosa y ella pareció no
enterarse, hasta que de pronto intento ver su perfil y como dije antes, me
encuentro con que me ha bloqueado. Bueno, que te aproveche, vieja babosa.
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