He pensado mucho en David, el infame que al comenzar el año
1998 me pegó por la espalda, siendo mi jefe en una empresa de la maquiladora
electrónica en el que era el primer empleo de mi vida, que creí había cambiado
mi realidad y el curso de mi vida, solo para ser expulsado y que los siguientes
17 años se convirtieran en una pesadilla de la que no pude despertar y con
mucha frecuencia un verdadero infierno.
No entiendo cómo alguien puede hacerle tanto daño a otra
persona (que incluso lo consideró su amigo) y seguir con su vida. Si yo hubiera
hecho algo así no hubiera podido con la culpabilidad y habría buscado a la
víctima de mi traición para pedirle perdón y tratar de resarcir el daño. Ese
mal nacido, lisiado de espíritu se desentendió de la infamia que cometió y
nunca miró atrás, tuvo dos hijos más (el primero había nacido a mediados de
1997) y en algún momento en el año 2013 (teniendo 48 años de edad) fue
contratado por una empresa para trabajar en Estados Unidos, primero en
Indianápolis, más tarde en Atlanta. Hasta donde yo sé, ahí sigue. Yo le propiné
un golpe describiendo lo que me hizo y haciéndoselo llegar a él y a sus
allegados. Sé bien que ese podría considerarse un agravio mayor, pero es
simplemente una respuesta a lo que él me hizo a mí.
Anoche soñé con él, que me hallaba en la sala de mi casa y
sonaba mi teléfono fijo, yo contestaba y David me preguntaba qué buscaba
atacándolo. No sé cómo se desarrollaba el diálogo, pero sí recuerdo que yo le
preguntaba si iba a enfrentarse conmigo y él me decía como respuesta: siempre
he sabido pelear.
Hablando con la psicóloga que me atiende los fines de semana
(una mujer joven con muy buenas características) le he hablado de David y lo
que hizo cuando tuvo un poco de poder, cómo llevó el abuso al extremo. Una vez
le pregunté por qué me trataba así, por qué me levantaba la voz en presencia de
otras personas (mis compañeros, que también le reportaban a él, gerente de
ingeniería) y él me dijo que no me estaba tratando mal, que eran mis complejos
de inferioridad. Me parece que no hace falta decir nada sobre una bajeza de ese
tamaño. Teniéndolas todas consigo, este hijo de puta era implacable. Ahora,
después de varios años de que puse en la red que él sabe muy bien de lo que
hablaba, complejos de inferioridad por haberse casado con una mujer que parece
su sirvienta, no aparece en mi vida para enfrentarme. Ha demostrado
contundentemente la clase de cobarde que es, algo que en realidad no necesitaba
corroborar.
Han pasado 21 años y tres meses y nunca he vuelto a ver a ese
infame, y tal vez sea lo mejor. Siempre he sabido cuál es el origen de su
envidia y la furia que lo llevó a atentar contra mí, poniendo incluso mi vida
en peligro. He comentado con otras personas que ese mal individuo siempre fue
mucho más agresivo que yo. Una vez, cuando tenía poco de haberse juntado con
esa mujer de aspecto muy autóctono con la que después tuvo tres hijos, andaba
buscando vivienda y me mencionó una colonia donde rentaría un departamento. Yo
le dije “está feo por ahí”, a lo que él respondió “está mejor que donde tú
vives”. Yo debí colgarle el teléfono, después de mandarlo a chingar a su madre,
pero estando tan joven, falto de experiencia no sabía en qué podía desembocar
una relación con una persona que vive con tanto dolor (en el caso de David por
su apariencia, carente de toda virilidad y hombría, con un físico
extremadamente débil motivo de una gran vergüenza y de la idea de ser víctima
de una enorme injusticia). Este remedo de Heinrich Himmler (aunque más alto) se
enteró un año después de haberme conocido de que yo era un deportista serio y
al corroborarlo conviviendo conmigo, sintió que él no podía ser tal cosa porque
yo lo despojé de lo que le correspondía por derecho.
Parece innecesario decir que no podemos reclamarle a nadie
de lo que carecemos hablando de genética, o de lo que no está bien con el
organismo con el que nacimos. David era hijo de dos personas con genéticas muy
pobres, era el tercero de cinco hijos, tres varones y dos hembras. Los tres
individuos del sexo masculino eran altos y enjutos, de complexión muy débil;
las dos mujeres bajitas y redondas, con mucho tejido adiposo en su anatomía. No
entiendo cómo es que David no pudo entender que yo no tenía nada que ver con su
pobreza física, con que tuviera aspecto de espantapájaros y el que yo
presentara buenas características anatómicas (ser delgado y razonablemente
fuerte, físicamente apto) no tendría por qué llenarlo de amargura ni
despertarle un odio que lo cegara y lo llevara a arruinar a alguien a quien
llamó amigo.
He pasado los últimos 21 años de mi vida odiando a este
despojo humano. Si me referí a él haciendo alusión a Heinrich Himmler es porque
David comparte con ese monstruo sanguinario ciertas características como un
cociente intelectual medio que le permitió tener buen aprovechamiento escolar y
una tendencia irrefrenable a hacerle daño a otras personas a tal grado de
arruinar sus vidas; además de una excepcional cobardía.
Soñar con esta basura, con David Iturbe Gutiérrez podría ser
simplemente una manifestación de que lo he tenido en mi mente cada día de mi
vida desde aquel ya lejano inicio de 1998, o tal vez sería una señal del
destino de que el infame malnacido tiene un pie en la tumba, o los dos.
Ya me enteraré.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario