martes, 9 de abril de 2019

Soñar con un enemigo, la hora de la venganza ha llegado


He pensado mucho en David, el infame que al comenzar el año 1998 me pegó por la espalda, siendo mi jefe en una empresa de la maquiladora electrónica en el que era el primer empleo de mi vida, que creí había cambiado mi realidad y el curso de mi vida, solo para ser expulsado y que los siguientes 17 años se convirtieran en una pesadilla de la que no pude despertar y con mucha frecuencia un verdadero infierno.

No entiendo cómo alguien puede hacerle tanto daño a otra persona (que incluso lo consideró su amigo) y seguir con su vida. Si yo hubiera hecho algo así no hubiera podido con la culpabilidad y habría buscado a la víctima de mi traición para pedirle perdón y tratar de resarcir el daño. Ese mal nacido, lisiado de espíritu se desentendió de la infamia que cometió y nunca miró atrás, tuvo dos hijos más (el primero había nacido a mediados de 1997) y en algún momento en el año 2013 (teniendo 48 años de edad) fue contratado por una empresa para trabajar en Estados Unidos, primero en Indianápolis, más tarde en Atlanta. Hasta donde yo sé, ahí sigue. Yo le propiné un golpe describiendo lo que me hizo y haciéndoselo llegar a él y a sus allegados. Sé bien que ese podría considerarse un agravio mayor, pero es simplemente una respuesta a lo que él me hizo a mí.

Anoche soñé con él, que me hallaba en la sala de mi casa y sonaba mi teléfono fijo, yo contestaba y David me preguntaba qué buscaba atacándolo. No sé cómo se desarrollaba el diálogo, pero sí recuerdo que yo le preguntaba si iba a enfrentarse conmigo y él me decía como respuesta: siempre he sabido pelear.

Hablando con la psicóloga que me atiende los fines de semana (una mujer joven con muy buenas características) le he hablado de David y lo que hizo cuando tuvo un poco de poder, cómo llevó el abuso al extremo. Una vez le pregunté por qué me trataba así, por qué me levantaba la voz en presencia de otras personas (mis compañeros, que también le reportaban a él, gerente de ingeniería) y él me dijo que no me estaba tratando mal, que eran mis complejos de inferioridad. Me parece que no hace falta decir nada sobre una bajeza de ese tamaño. Teniéndolas todas consigo, este hijo de puta era implacable. Ahora, después de varios años de que puse en la red que él sabe muy bien de lo que hablaba, complejos de inferioridad por haberse casado con una mujer que parece su sirvienta, no aparece en mi vida para enfrentarme. Ha demostrado contundentemente la clase de cobarde que es, algo que en realidad no necesitaba corroborar.

Han pasado 21 años y tres meses y nunca he vuelto a ver a ese infame, y tal vez sea lo mejor. Siempre he sabido cuál es el origen de su envidia y la furia que lo llevó a atentar contra mí, poniendo incluso mi vida en peligro. He comentado con otras personas que ese mal individuo siempre fue mucho más agresivo que yo. Una vez, cuando tenía poco de haberse juntado con esa mujer de aspecto muy autóctono con la que después tuvo tres hijos, andaba buscando vivienda y me mencionó una colonia donde rentaría un departamento. Yo le dije “está feo por ahí”, a lo que él respondió “está mejor que donde tú vives”. Yo debí colgarle el teléfono, después de mandarlo a chingar a su madre, pero estando tan joven, falto de experiencia no sabía en qué podía desembocar una relación con una persona que vive con tanto dolor (en el caso de David por su apariencia, carente de toda virilidad y hombría, con un físico extremadamente débil motivo de una gran vergüenza y de la idea de ser víctima de una enorme injusticia). Este remedo de Heinrich Himmler (aunque más alto) se enteró un año después de haberme conocido de que yo era un deportista serio y al corroborarlo conviviendo conmigo, sintió que él no podía ser tal cosa porque yo lo despojé de lo que le correspondía por derecho.

Parece innecesario decir que no podemos reclamarle a nadie de lo que carecemos hablando de genética, o de lo que no está bien con el organismo con el que nacimos. David era hijo de dos personas con genéticas muy pobres, era el tercero de cinco hijos, tres varones y dos hembras. Los tres individuos del sexo masculino eran altos y enjutos, de complexión muy débil; las dos mujeres bajitas y redondas, con mucho tejido adiposo en su anatomía. No entiendo cómo es que David no pudo entender que yo no tenía nada que ver con su pobreza física, con que tuviera aspecto de espantapájaros y el que yo presentara buenas características anatómicas (ser delgado y razonablemente fuerte, físicamente apto) no tendría por qué llenarlo de amargura ni despertarle un odio que lo cegara y lo llevara a arruinar a alguien a quien llamó amigo.

He pasado los últimos 21 años de mi vida odiando a este despojo humano. Si me referí a él haciendo alusión a Heinrich Himmler es porque David comparte con ese monstruo sanguinario ciertas características como un cociente intelectual medio que le permitió tener buen aprovechamiento escolar y una tendencia irrefrenable a hacerle daño a otras personas a tal grado de arruinar sus vidas; además de una excepcional cobardía.

Soñar con esta basura, con David Iturbe Gutiérrez podría ser simplemente una manifestación de que lo he tenido en mi mente cada día de mi vida desde aquel ya lejano inicio de 1998, o tal vez sería una señal del destino de que el infame malnacido tiene un pie en la tumba, o los dos.

Ya me enteraré. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Centro de Intervención en Crisis, SALME

  Un poco antes del amanecer del miércoles 17 de enero, volví a marcar el número de teléfono del Centro de Intervención en Crisis de SALME (...