De acontecimientos que se han dado en los últimos meses,
apareció en mi mente la idea de que alguien de SALME (Instituto Jalisciense de
Salud Mental) pudo haber dado información sobre mí a la empresa donde trabajo,
con intención de hacerme daño, de que lo pierda. Tengo buenas razones para
pensar en esta posibilidad, una de ellas que un día, cuando ingresé a la
oficina, la directora de mi departamento me miró con una expresión de mucho
miedo. ¿A qué pudo deberse esto? Si alguien le dijo que soy un paciente peligroso
y hay un antecedente de una psicóloga a quien orillé al suicidio (una
inexactitud absoluta).
Hablando con una de las psicólogas del Centro de
Intervención en Crisis (una dama de quien tengo muy buena opinión) me externó
su preocupación ante la posibilidad de que en mi trabajo vieran mis blogs, y
decidieran despedirme por lo que ahí puede leerse. Mi respuesta fue que tenía
la intención de escribir en un cuaderno sobre asuntos que considero graves, no
publicarlo en la red; ante esta respuesta ella pareció tranquilizarse. ¿Será
posible que esa psicóloga se haya enterado de que alguno de sus compañeros hizo
algo incorrecto como enviar la dirección de mi blog a la empresa donde trabajo,
tal vez información sobre asuntos graves que ocurrieron en esa institución, de
los que me consideran responsable?
En fecha más reciente, hablé con la misma persona (la
directora de mi departamento) y el diálogo fue difícil. En un momento ella me
externó la idea de que mi patología no me ha dañado tanto, puesto que ya tengo
años en la empresa “produciendo”. Me parece poco probable que me dijera algo
así si no se enteró, de alguna manera de algo que yo escribí en otro blog
(donde aparece mi identidad real, no un pseudónimo), que he pasado la mayor
parte de mi vida sin trabajar, lo que me impidió hacerme de un patrimonio y me
condenó a la pobreza y una especie de ostracismo, dos de los factores que me
llevaron a perder por segunda vez la voluntad de vivir y a pensar seriamente en
la posibilidad de quitarme la vida.
Después me quedé pensando, ¿y si se supiera todo eso, qué
pasaría? De hecho, haber vivido así no es algo de lo que tenga que
avergonzarme, pues he padecido un trastorno muy grave (TLP) y mi vida comenzó
mal con un daño neurológico que nunca se detectó (incluso estrabismo en el ojo
izquierdo, con el que no veo), TDAH que dio lugar a problemas de aprendizaje, y
padres que fallaron miserablemente.
¿Qué hice en mi juventud? Educarme a mí mismo, ante la
dificultad (podríamos llamarle imposibilidad) de aprender en las aulas. Me
esforcé una barbaridad viviendo en condiciones muy difíciles, en pobreza por no
trabajar, en una violencia intrafamiliar de pesadilla, con un padre que llevaba
en sus entrañas un odio hacia mí que crecía cada día, con una madre que me utilizó
para perpetuar su relación destructiva con mi padre y sumido en una soledad muy
dolorosa por todas mis circunstancias.
Hice mi mejor esfuerzo y obtuve muy poco a cambio, casi
nada. Hasta la actualidad, la idea del suicidio sigue presente y es un hecho
que no quiero vivir. Perdí la voluntad de seguir adelante unos días después de
que murió mi hermana menor (30 de abril de 2006), hace casi 13 años y siento
que ya no la voy a recuperar, pese al giro que dio mi vida hace cuatro años.
¿Debería vivir ocultando un pasado de adversidad del que no
soy responsable? La respuesta parece obvia. Otras personas deberían de
avergonzarse por optar por vivir en la cobardía e ir por la vida con una
actitud pragmática, predicando principios y valores, humanismo y muchas ideas
que están de moda y hacen ver bien a quien las toma como bandera, cuando en
realidad se acomodan a las circunstancias, aun si eso implica traicionarse a sí
mismos y convertirse en farsas ambulantes. Lo que ese tipo de personas parecen
ignorar es que adoptar estos estilos de vida (de farsantes acomodadizos)
conduce a una destructividad que afecta a quien se flagela a sí mismo de esa
manera y a las personas que le rodean, especialmente a sus familias y seres
queridos.
Si mi suposición fuera correcta y se supiera qué ha habido
en mi vida, podría continuar con la frente en alto y lejos de estar
avergonzado, sentirme orgulloso por lo que sí he logrado, una formación
académica sólida, un buen nivel cultural e intelectual, estar físicamente apto
habiendo optado por un estilo de vida caracterizado por el deporte y los buenos
hábitos de higiene, etc.
Si alguien de SALME trató de hacerme daño, a todas luces
falló. Lo que es un hecho es que si tuviera razón en mi suposición, esa persona
(y tal vez la institución) habrían violado la ley, divulgando datos personales.
Ya no soy joven, he vivido y sé muy bien que si alguien quebrantó la ley, no
tiene nada que temer pues en mi país rara vez se castiga el delito y la
impunidad anda arriba del 90 por ciento.
Que les aproveche a las autoridades de esa institución
fallida y a sus malos elementos, los cuales son muy numerosos.
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