Me tomé mi tiempo de descanso en una cómoda silla
reclinable. Al ingresar a la red social Twitter de pronto sentí una súbita
tristeza, muy intensa. Pensé en esa psicóloga de la que decidí alejarme al
menos por un tiempo y durante algunos minutos sentí mucho dolor. Después sentí
sueño y dormí algunos minutos.
El rechazo que muchos habitantes de mi país me producen, contrasta
con lo escrito en la entrada anterior (mi preocupación por la deshumanización
de tantas personas). Al llegar a trabajar esta mañana, encontré con que no
estaba la guardia de seguridad (sexo femenino) que con otra ha estado las
últimas semanas, en turnos de 24 horas sino un muchacho (sexo masculino)
acompañado de un individuo mayor, también del género masculino, lo que me
preocupó ante la posibilidad de que esas dos personas del sexo femenino hayan
sido cambiadas y ya no vayan a estar en esa posición, la que corresponde a mi
edificio.
Esos dos individuos mencionados en el párrafo anterior
tienen una apariencia que me molesta mucho, la cual es abrumadoramente
frecuente entre millones de habitantes del país donde vivo, donde me tocó
nacer, al que no amo y donde mi vida cotidiana es muy difícil. No puedo verlos
como personas iguales a mí, incluso me resulta difícil verlos siquiera como
seres humanos, su fealdad repulsiva me provoca rechazo y un malestar intenso difícil
de manejar. No sé por qué gente tan horrorosa y tan dada a la chingada sigue
reproduciéndose y una de muchas razones por las que no creo en un ser superior,
es que no parece tener sentido que existan diferencias raciales abismales, en
las que unos pueblos del mundo están habitados por personas con buena
apariencia (en una gran proporción), con un intelecto mucho mayor, en
sociedades mucho más igualitarias con un desarrollo humano y tecnológico muy
alto, mientras que muchos países están poblados por una alta proporción de
gente deforme, con cocientes intelectuales muy bajos, profundamente analfabeta
que por esas características parecen seres infrahumanos.
Regresé de mi descanso y al ingresar a mi edificio, el
guardia tenía la vista clavada en su celular, por lo que tuve que pedirle que
me recibiera el mío para que se quedara en el mueble al que se da ese uso. El
muchacho presenta obesidad, un tono de piel oscuro y facciones de un ente
asexuado, que no pertenecen a un macho ni a una hembra, sino a algo indefinido.
Su presencia resulta un insulto y una afrenta a la raza humana.
Por otra parte, dos compañeras del área a la que pertenezco,
de recién ingreso, han mostrado hostilidad hacia mí no disimulada sin que yo
les haya dado el menor motivo y eso me molesta y me provoca furia. La única
explicación que le encuentro a eso es que los peores compañeros que tengo (como
el homosexual horrendo y otra marrana) les hayan hablado mal de mí. Esto ha
ocupado mis pensamientos durante el transcurso de la jornada, pero ahora que
regreso a terminarla, me encuentro completamente solo y eso es favorable.
No sé qué hacer respecto a esa psicóloga, una mujer con
grandes cualidades en todos aspectos, incluso en su belleza física. Hay gente
que parece tenerlo todo, y hay despojos humanos que parecen representantes de
la mayor de las pobrezas y estos últimos son abrumadoramente numerosos.
No sé si estos pensamientos (que asustarían a otras
personas) son una manifestación de mi patología o les son comunes a muchos
individuos que simplemente no los externan, o los mantienen ocultos incluso
ante sí mismos. Me parece que lo segundo podría ser la respuesta, pues se ha
determinado que en mi país impera un racismo y las personas de piel clara
tienden a prevalecer en las universidades (incluso públicas) y en consecuencia
en los estratos más altos de la sociedad. No creo que la repulsión que siento
por esa porquería de gente pueda cambiar.
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