jueves, 4 de abril de 2019

Otra idiota cerca de mí


Apenas ayer escribí una entrada en referencia a dos compañeras en la oficina, una obesa y con mala actitud; la otra delgada y bonita, con una actitud amable y al día siguiente, es decir hoy, la segunda ha mostrado hostilidad. Esto me lleva a pensar que alguna de las compañeras que de las que tiene a su alrededor le habló mal de mí, pues es un hecho que con esas características que tienen (una de ellas, cocientes intelectuales extremadamente bajos) y la pobreza que cultivan, esa es una de sus ocupaciones.

Otra idiota en mi lugar de trabajo. Pareciera una maldición, que lo que más detesta uno es lo que aparece una y otra vez y esto no debería sorprenderme tanto teniendo presente que me encuentro en una sociedad de gente bien jodida, bien dada a la chingada en parte por sus circunstancias, y en gran parte por vocación, por un apego a la pobreza más lacerante.

Más allá de las causas que dan lugar a que una persona se comporte así, me preocupa esa sensibilidad tan extrema que me caracteriza. A muchas personas no les provocaría tanta frustración ni tanto malestar encontrar una persona jodida e idiota, simplemente se encogerían de hombros, pero a mí me abruma toparme con otra porquería ambulante que probablemente va a convertirse en una integrante de este departamento, el más sucio, contaminado y tóxico de toda la empresa.

¿Cómo manejar este tipo de situaciones?

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