Apenas ayer escribí una entrada en referencia a dos
compañeras en la oficina, una obesa y con mala actitud; la otra delgada y
bonita, con una actitud amable y al día siguiente, es decir hoy, la segunda ha
mostrado hostilidad. Esto me lleva a pensar que alguna de las compañeras que de
las que tiene a su alrededor le habló mal de mí, pues es un hecho que con esas características
que tienen (una de ellas, cocientes intelectuales extremadamente bajos) y la
pobreza que cultivan, esa es una de sus ocupaciones.
Otra idiota en mi lugar de trabajo. Pareciera una maldición,
que lo que más detesta uno es lo que aparece una y otra vez y esto no debería
sorprenderme tanto teniendo presente que me encuentro en una sociedad de gente
bien jodida, bien dada a la chingada en parte por sus circunstancias, y en gran
parte por vocación, por un apego a la pobreza más lacerante.
Más allá de las causas que dan lugar a que una persona se
comporte así, me preocupa esa sensibilidad tan extrema que me caracteriza. A
muchas personas no les provocaría tanta frustración ni tanto malestar encontrar
una persona jodida e idiota, simplemente se encogerían de hombros, pero a mí me
abruma toparme con otra porquería ambulante que probablemente va a convertirse
en una integrante de este departamento, el más sucio, contaminado y tóxico de
toda la empresa.
¿Cómo manejar este tipo de situaciones?
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