viernes, 5 de abril de 2019

Las horas que le quedan al día, el fin de semana que está por empezar...


En las horas que siguen, aproximadamente la mitad del turno, seguiré sintiendo la satisfacción de avanzar en mi trabajo, en este momento en un archivo muy grande de más de 700 páginas de las cuales faltan  204, lo que significa que ya hice más del 70 por ciento. Teniendo la posibilidad de detenerme y buscar información de mi interés en la red, seguiré con mi ejercicio de escritura que consiste en plasmar mis ideas con palabras procurando darle cauce a esta actividad, que deje de ser caótica y me lleve a algo.

En relación con esto, puedo tomar notas y al hablar con una psicóloga vía telefónica (lo que haré el fin de semana), intentaré dejar de hablar de los acontecimientos de la semana (en especial los negativos, frustrantes) y si los menciono será solamente como información relevante pero la intención será plantear esa necesidad de apreciar el presente, de vivir el aquí y el ahora, de disfrutar el momento y de dejar de sufrir por lo que ya pasó y no es posible modificar y por un futuro que todavía no llega pero que podría ser bueno si dirijo mis esfuerzos a desarrollar mi talento para la escritura, ya sea escribiendo ensayos o relatos de ficción disciplinándome, algo que sería sencillo y fácil de lograr si aprendo a disfrutarlo en lugar de vivirlo como una obligación que de no llevar a cabo me provocaría preocupación y sentimientos de culpa.

Hace tiempo, a finales del año antepasado compré un libro en Amazon titulado “the happiness road” de Emma Seppala, que disfruté mucho y tengo intención de volver a leer. Di con ese material buscando técnicas en internet para manejar el estrés y me encontré con esta mujer en un video de YouTube en el que habla de algo que todos tenemos a nuestro alcance en todo momento y en todo lugar: la respiración. Mediante esta podemos lograr la relajación evitando la necesidad de fármacos ansiolíticos con sus efectos colaterales. Seppala habla también en sus videos de YouTube de la importancia de conectarnos con otras personas de una manera positiva, de la soledad en la que podemos vivir tantos seres humanos, viviendo rodeados de cientos de miles o incluso millones de personas, algo muy dañino para nuestra salud física y mental.

He pensado mucho en poner en práctica esas técnicas de respiración, una de las cuales consiste en inhalar profundamente, contener el aliento durante cuatro segundos y exhalar lentamente. La inhalación acelera el ritmo cardiaco, la exhalación lenta tiene el efecto contrario y el resultado es un bienestar inmediato. Pese a la mejoría en mis condiciones de vida, he sufrido en estos últimos cuatro años por las dificultades que he enfrentado en mi lugar de trabajo. No voy a recriminarme eso, pues debido a mi falta de experiencia en situaciones laborales complicadas por haber vivido la mayor parte de mi vida sin trabajar y por lo poco que me he relacionado con otras personas, no podría haberlo enfrentado de otra manera. He sentido mucho dolor, pero el efecto deberá ser positivo porque habiendo aprendido, contaré con recursos permanentes que me serán útiles en experiencias futuras.

Durante muchos años he hablado con psicólogas (sexo femenino) sobre mis problemas cotidianos, sobre lo difícil que ha sido mi vida desde el principio y esto no ha sido malo, pero tengo que alcanzar una etapa en la que cambie esta manera de abordar la terapia y empiece a enfocarla en solucionar mis problemas, que la interacción con una terapeuta deje de tener un efecto catártico y en cambio cumpla la función de lograr la recuperación, dejar de lado el sufrimiento que se puede evitar y ser feliz con lo que sí tengo, con lo que no he perdido e incluso con la fortaleza que surge de la adversidad que tuve que enfrentar y de cuya contienda no salí derrotado.

Todavía estoy aquí, esto no ha terminado.

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