Desperté demasiado temprano, como me ha sucedido tanto estas
últimas semanas. Al cabo de un rato decidí vestirme y llevar a caminar a mis
mascotas, dimos un paseo de unos 40 minutos. Al regresar me dirigí a la sala e
intenté comunicarme a diferentes servicios de atención psicológica, cuyos números
había tomado ayer de un portal de internet. No tuve ningún éxito, solamente
escuché grabaciones que se repetían incesantemente. Marqué otro número, de una
unidad de Cruz Verde en Guadalajara y nadie contestó, algo que probablemente
tiene justificación pues los psicólogos que ahí trabajan tienen otras labores y
hay una sola línea telefónica.
Haciendo un intento que de antemano parecía fallido, marqué
el número del Centro de Intervención en Crisis de SALME y me contestó una
psicóloga sin darme su nombre. Yo no sabía con quién estaba hablando y le
pregunté si era una de esas personas que habían optado por no atenderme y ella
respondió negativamente, entonces la identifiqué, una dama con la que había
hablado en pocas ocasiones, pero su desempeño había sido bueno, al igual que su
actitud.
Le hablé entonces de los problemas que he tenido en mi
trabajo, donde en tres semanas cumpliré cuatro años, y específicamente de la
última semana, en que ingresó una compañera que al conocerla mostró una actitud
correcta para al día siguiente mostrar hostilidad, haciendo gala de estupidez y
falta de educación. Le dije a Gloria (así se llama esta psicóloga) que de
pronto cobré conciencia (de hecho lo había hecho antes, varias veces) de que
tengo que dejar de contemplar el lado negativo de la vida, especialmente mi
pasado terrible para poder disfrutar de lo bueno que sí hay en mi existencia;
estoy sufriendo innecesariamente.
Hace un poco más de tres años compré un libro de yoga, parte
del cual se compone de la autobiografía de la autora, una mujer sueca que en su
adolescencia tuvo problemas de salud serios por abusar del consumo del alcohol.
Su madre la inscribió en un taller de meditación, que le fue muy útil y más
tarde emprendió un camino cuyo vehículo principal fue la práctica del yoga y
cambió el rumbo de su vida. Hay una frase en este libro que me gustó, porque
parece tener mucho sentido: “para poder amar el futuro, es necesario amar el
pasado”. Esto último es mi gran problema, el principal reto, dejar de sufrir
por lo que pasó durante mi en mi niñez, en mi adolescencia, en mi juventud, en
mi edad adulta, por tanto sufrimiento y tanta injusticia, por las pérdidas
enormes que incluso me llevaron a perder la voluntad de vivir en dos ocasiones
y de lo cual he sentido que ya no me voy a recuperar.
Se me viene a la mente el título de una canción del grupo “Letters
to Cleo”, Here and now… El aquí y el ahora.
He sido productivo los últimos cuatro años de mi vida, he
tenido la capacidad de ser autosuficiente e incluso de hacerme cargo de mi
madre; he tenido lejos a las dos hermanas que me quedan, mi padre ha estado
muerto durante los últimos once años. Soy un deportista serio y si no aparento
menos edad de la que tengo, sí proyecto la imagen de una persona que ha vivido
bien, a pesar de todos mis problemas. Hago un trabajo especializado que
involucra no nada más un conocimiento a profundidad de dos idiomas, sino además
conocimientos técnicos que aprendí como un autodidacta, teniendo problemas de
aprendizaje propiciados por un TDAH no diagnosticado, emprendí diferentes
procesos para la adquisición de conocimiento que involucraban enseñarme a mí
mismo, de lo cual si bien no conseguí lo que deseaba (concluir una licenciatura
en ingeniería), sí obtuve una formación académica muy sólida.
No tengo un proyecto de vida, no sé hacia dónde ir, no
emprendo nada porque parezco no tener la voluntad para perseguir un objetivo,
una meta. Pudiera ser que esté deprimido y no me dé cuenta, o tal vez es el
hecho de que no quiero vivir, voy por la vida como un robot haciendo lo que
tengo que hacer, cumpliendo con mis responsabilidades y disfrutando algunas
actividades como mi deporte, escuchar música, sexo ocasional…
Sin embargo, todo esto tiene solución, sabiendo bien que no
será fácil encontrarla. Todavía estoy vivo y no he llegado a la vejez; todavía
estoy a tiempo.
Es tiempo de mirar hacia adelante, dejar mi pasado atrás,
donde pertenece.
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