viernes, 5 de abril de 2019

Para poder amar el futuro, es necesario amar el pasado...


Desperté demasiado temprano, como me ha sucedido tanto estas últimas semanas. Al cabo de un rato decidí vestirme y llevar a caminar a mis mascotas, dimos un paseo de unos 40 minutos. Al regresar me dirigí a la sala e intenté comunicarme a diferentes servicios de atención psicológica, cuyos números había tomado ayer de un portal de internet. No tuve ningún éxito, solamente escuché grabaciones que se repetían incesantemente. Marqué otro número, de una unidad de Cruz Verde en Guadalajara y nadie contestó, algo que probablemente tiene justificación pues los psicólogos que ahí trabajan tienen otras labores y hay una sola línea telefónica.

Haciendo un intento que de antemano parecía fallido, marqué el número del Centro de Intervención en Crisis de SALME y me contestó una psicóloga sin darme su nombre. Yo no sabía con quién estaba hablando y le pregunté si era una de esas personas que habían optado por no atenderme y ella respondió negativamente, entonces la identifiqué, una dama con la que había hablado en pocas ocasiones, pero su desempeño había sido bueno, al igual que su actitud.

Le hablé entonces de los problemas que he tenido en mi trabajo, donde en tres semanas cumpliré cuatro años, y específicamente de la última semana, en que ingresó una compañera que al conocerla mostró una actitud correcta para al día siguiente mostrar hostilidad, haciendo gala de estupidez y falta de educación. Le dije a Gloria (así se llama esta psicóloga) que de pronto cobré conciencia (de hecho lo había hecho antes, varias veces) de que tengo que dejar de contemplar el lado negativo de la vida, especialmente mi pasado terrible para poder disfrutar de lo bueno que sí hay en mi existencia; estoy sufriendo innecesariamente.

Hace un poco más de tres años compré un libro de yoga, parte del cual se compone de la autobiografía de la autora, una mujer sueca que en su adolescencia tuvo problemas de salud serios por abusar del consumo del alcohol. Su madre la inscribió en un taller de meditación, que le fue muy útil y más tarde emprendió un camino cuyo vehículo principal fue la práctica del yoga y cambió el rumbo de su vida. Hay una frase en este libro que me gustó, porque parece tener mucho sentido: “para poder amar el futuro, es necesario amar el pasado”. Esto último es mi gran problema, el principal reto, dejar de sufrir por lo que pasó durante mi en mi niñez, en mi adolescencia, en mi juventud, en mi edad adulta, por tanto sufrimiento y tanta injusticia, por las pérdidas enormes que incluso me llevaron a perder la voluntad de vivir en dos ocasiones y de lo cual he sentido que ya no me voy a recuperar.

Se me viene a la mente el título de una canción del grupo “Letters to Cleo”, Here and now… El aquí y el ahora.

He sido productivo los últimos cuatro años de mi vida, he tenido la capacidad de ser autosuficiente e incluso de hacerme cargo de mi madre; he tenido lejos a las dos hermanas que me quedan, mi padre ha estado muerto durante los últimos once años. Soy un deportista serio y si no aparento menos edad de la que tengo, sí proyecto la imagen de una persona que ha vivido bien, a pesar de todos mis problemas. Hago un trabajo especializado que involucra no nada más un conocimiento a profundidad de dos idiomas, sino además conocimientos técnicos que aprendí como un autodidacta, teniendo problemas de aprendizaje propiciados por un TDAH no diagnosticado, emprendí diferentes procesos para la adquisición de conocimiento que involucraban enseñarme a mí mismo, de lo cual si bien no conseguí lo que deseaba (concluir una licenciatura en ingeniería), sí obtuve una formación académica muy sólida.

No tengo un proyecto de vida, no sé hacia dónde ir, no emprendo nada porque parezco no tener la voluntad para perseguir un objetivo, una meta. Pudiera ser que esté deprimido y no me dé cuenta, o tal vez es el hecho de que no quiero vivir, voy por la vida como un robot haciendo lo que tengo que hacer, cumpliendo con mis responsabilidades y disfrutando algunas actividades como mi deporte, escuchar música, sexo ocasional…

Sin embargo, todo esto tiene solución, sabiendo bien que no será fácil encontrarla. Todavía estoy vivo y no he llegado a la vejez; todavía estoy a tiempo.

Es tiempo de mirar hacia adelante, dejar mi pasado atrás, donde pertenece.

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