lunes, 28 de enero de 2019

Fin de semana difícil, decirle adiós a la mejor persona que he conocido en mi vida


Ayer domingo 27 de enero fue un día de lo más complicado. Acudí al sistema de seguridad social para que se me hiciera un examen médico, con intención de conseguir un documento para comprobar que había ameritado la atención, y después de pasar cuatro horas entre un hospital y una clínica, obtuve un papel que no sirve absolutamente para nada y para ello tuve que tratar con burócratas hostiles e inútiles, la clase de personas que se comprometen a ser una porquería. Parte de la realidad terrible del país en que vivo, al que justificadamente podría considerarse un estado fallido.

Durante ese tiempo pensé en el trance en que me hallaba —sintiendo mucha tristeza— al darme cuenta de que ha llegado el momento de alejarme de mi amiga Laura, la mejor persona que he conocido en mi vida, y a la que más he querido. Horas antes le había escrito diciéndole que no podía describir con palabras el pesar que me aquejaba al darme cuenta de que no iba a volver a verla, pero no podía seguir humillándome, mendigándole su amistad. Con esto me refiero a que el sábado 12 de enero (un día antes de la caída en bicicleta) acudí a la asociación psicoanalítica, y al desocuparme me dirigí al consultorio de Laura (relativamente cercano a la mencionada asociación) y no la encontré. Se lo comenté vía WhatsApp y ella me respondió un escueto “hoy empecé a las doce”.

En enero de 2018 había pasado por su consultorio un miércoles en que no trabajé porque acudí a mi cita en psiquiatría en el Hospital Civil y aproveché para visitar a mi querida amiga y entregarle un obsequio simbólico (la película Ordinary People, dirigida por Robert Redford, 1980). Laura se sorprendió al verme ahí (habíamos hablado por teléfono unas dos horas antes) y me saludó con mucho cariño y me abrazó. La visita duró unos cuantos minutos, pues Laura acababa de terminar una sesión de terapia para empezar otra inmediatamente. Poco más tarde, esta queridísima amiga me envió mensaje vía WhatsApp diciéndome que hubiera querido ofrecerme un café para acompañar la plática. Yo le respondí que no se preocupara, que yo entendía que estaba ocupada trabajando; no le dije que a mí me había hecho feliz ser recibido con tanto afecto por esa persona tan especial a la que considero el mejor ser humano que he conocido en toda mi vida.

Será fácil entender el contraste entre una situación y otra.

En las últimas semanas, me comuniqué con Laura vía WhatsApp con frecuencia, como lo he hecho habitualmente y al saludarla, quedaba implícito que yo tenía la esperanza de que pudiéramos platicar por teléfono aunque sea unos minutos, pero la respuesta de Laura siempre fue un saludo escueto, como para cumplir, y una despedida; deshacerse de mí por esta ocasión.

El viernes pasado sucedió esto último otra vez y le hice saber a esta todavía amiga que me había dolido el “cortón”. Ella reaccionó molestándose y después de un diálogo difícil, nos despedimos dejando la comunicación para mejor ocasión. El sábado Laura me saludó otra vez y a mí me pareció percibir de nuevo esa absoluta falta de interés en mí, como quien envía un mensaje por compromiso, lo que me lastimó y se lo hice saber. De nuevo Laura se enojó y el diálogo que se dio a partir de ese momento fue más difícil que el de la noche anterior. Con el paso de las horas, me di cuenta de que ya no hay nada que hacer, que Laura ya no quiere saber nada de mí y que esta relación de amistad ha llegado a su fin, lo que me provoca una tristeza profunda, que es el sentimiento más doloroso que conozco.

Tengo un duelo. No sé qué voy a hacer sin este bello ser humano en mi vida.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Centro de Intervención en Crisis, SALME

  Un poco antes del amanecer del miércoles 17 de enero, volví a marcar el número de teléfono del Centro de Intervención en Crisis de SALME (...