Esta semana que se acerca a su fin ha sido particularmente difícil. El domingo anterior, 20 de enero, sufrí una intoxicación alimentaria, al parecer por haber comido pollo en mal estado, pero asistí a trabajar de lunes a miércoles. Esa noche del miércoles al jueves dormí poco y mal, despertando numerosas veces e incluso se me presentó diarrea a partir de las cuatro de la mañana. Al amanecer ya había decidido no ir a trabajar y se lo comuniqué a mi compañera Esmeralda, vía telefónica.
A este padecimiento se sumó el efecto del golpazo que me había dado al caer en mi bicicleta el domingo 13 de enero, en la que afortunadamente no sufrí ninguna fractura, pero sí me mandó a tres días de incapacidad que nadie me paga. Lo peor que me ocurrió fue que el jueves en la noche me comuniqué con mi amiga Laura vía WhatsApp con la esperanza de que pudiéramos platicar unos minutos y ella me dio el saludo habitual, para cumplir e inmediatamente después el cortón. Hola, adiós.
Esto me hizo sentir muy mal y se lo hice saber, lo que despertó en ella mucha molestia y enojo y de pronto comencé a pensar en algo que siempre he sabido, que no hay lugar en su vida para mí y que lo único que estoy haciendo es mendigarle su amistad, apelar a su caridad, que por lástima tenga comunicación conmigo y una o dos veces al año podamos ir a desayunar. Y esto se hace extensivo a las pocas personas que conozco, nadie tiene tiempo para mí, nadie tiene ningún interés en establecer una relación significativa conmigo, cercana, de afecto, de amor, en la que podamos compartir nuestras vidas en la medida de lo posible.
Y de pronto empiezo a sentirme muy enojado con Laura ante su insensibilidad al contemplar mi sufrimiento. Ella me aceptó como amigo hace tres años, en enero de 2016 en que me propuso que fuéramos a tomar café en un mensaje de WhatsApp y poco después en una llamada telefónica, “un desayunito”. Así lo hicimos, fuimos a desayunar por primera vez un sábado 30 de enero de 2016 y muy rápidamente cobré conciencia de la presencia tan fuerte que ella cobró en mi vida. Diciéndolo de manera más clara, me di cuenta de que estaba perdidamente enamorado de ella.
Laura comenzó a atenderme como psicóloga, vía telefónica al día siguiente de que murió mi padre (un hijo de puta bien hecho que arruinó mi vida y casi me destruyó) en diciembre de 2007 e inmediatamente se dio un nivel de comunicación muy alto entre nosotros. Sin tener conciencia plena de ello, yo me sentía muy atraído por las mujeres inteligentes y en Laura encontraba esa característica, acompañada de otras cualidades. La cercanía entre nosotros (pese a estarnos comunicando vía telefónica) me permitió decirle: “no sé cómo eres físicamente, pero por tu voz, tu personalidad, tu inteligencia, tu nivel de preparación y tu cultura, yo te veo como una mujer súper atractiva; y sin embargo, no me hago ilusiones de llegar a tener una relación de pareja contigo.”
Ella aceptó esto, que siguió dándose de forma frecuente y conforme fue transcurriendo el año 2008, comencé a tener problemas que estallaron en junio de ese año, en que una compañera de Laura (de triste memoria) se involucró conmigo sentimentalmente, violando la ética y las reglas, además de cometer adulterio pues estaba casada, para después arrepentirse y cometer una serie de faltas gravísimas en mi contra, incurriendo entre otras cosas en conductas delictivas; todo lo cual fue encubierto por la institución, el Instituto Jalisciense de Salud Mental.
A partir de entonces, mi realidad (de por sí difícil) se convirtió en una pesadilla de la que no me era posible despertar, y con mucha frecuencia degeneró en un verdadero infierno; pero Laura estuvo ahí para mí y gracias a ella pude sobrevivir. Si Laura no hubiera estado ahí atendiéndome, muy probablemente no hubiera sobrevivido, pues en mis crisis tan dolorosas que hacían surgir pensamientos suicidas, habría sido fácil que llegara a mi casa (donde vivía completamente solo y en la pobreza) y hubiera tomado un cutter para hacerme una incisión profunda en un brazo que provocara una hemorragia abundante que no fuera posible detener.
Esta mujer a la que quiero tanto tuvo que irse en abril de 2009, pues estaba cubriendo un interinato y yo tuve comunicación esporádica con ella, que terminó unos meses más tarde. Pasaron bastantes años y el destino hizo que volviéramos a encontrarnos a mediados de 2015, esta vez en persona. Ese año vi a Laura tres veces en consulta, dos en el mes de julio, una en el mes de diciembre y como decía a principios de esta entrada, en enero de 2016 nos hicimos amigos.
Esa amistad ha terminado y no puedo describir con palabras la tristeza que siento. Se ha ido de mi vida la mujer a la que más he querido en toda mi existencia y no sé qué voy a hacer sin ella. Me siento terriblemente mal.
Inicia otro año y tomo la decisión de continuar escribiendo un blog sobre mi trastorno límite de la personalidad (TLP [Borderline]) en otro espacio, ahora anónimo para evitar problemas y tener mayor libertad de expresión.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
Centro de Intervención en Crisis, SALME
Un poco antes del amanecer del miércoles 17 de enero, volví a marcar el número de teléfono del Centro de Intervención en Crisis de SALME (...
-
Ayer regresé a casa cerca de la una de la tarde, y en el último tramo, ya dentro de la ciudad, habiendo recorrido unos 96 km circulaba por...
-
El infame cobarde que hace 21 años me pegó por la espalda se llama David Iturbe Gutiérrez y tiene cuenta en la red del pajarito, que no us...
No hay comentarios.:
Publicar un comentario