miércoles, 23 de enero de 2019

Día de agotamiento y enfermedad, decido no preocuparme por lo que pudiera suceder...


Salí a comer (más bien me tomé mi tiempo de descanso, pues estoy omitiendo esa comida) y le envié dos mensajes vía WhatsApp a la mujer que amo, mismos que ella evitó leer y por supuesto, responder. Regresé a la oficina después de las seis, pero muchos de mis compañeros todavía no se iban, lo que supone una molestia para mí pues a partir de esa hora quisiera estar solo.

Soy demasiado sensible a las actitudes de otras personas y me hice el propósito de que la inacción de esa mujer tan hermosa que ha conquistado mi corazón no haya siquiera leído mis mensajes, no me haga sentir mal, y mucho menos me vaya a provocar que se me venga el mundo encima. Si ella llegara a confrontarme, yo le respondería que hace muchos años, cuando la conocí (vía telefónica) me di cuenta de que tiene una inteligencia muy fuera de lo común, un cociente intelectual muy alto, y si pone atención a lo que he escrito sobre ella, se dará cuenta de que no tiene nada de que preocuparse.

En los últimos tres días (lo que lleva de la semana) he sentido un tremendo cansancio físico, acompañado de un malestar estomacal, como si no digiriera lo que como y con un dolor abdominal difícil de describir. Anoche me desperté a las 3:30 horas y después de tomar agua, me tendí boca arriba haciendo un esfuerzo por relajarme y respirar profundamente, palpando mi abdomen con mis manos; mi imaginación desbordada me había llevado a pensar en la posibilidad de que se estuviera desarrollando un cáncer en mis entrañas, pero las palmas de mis manos no detectaron ninguna protuberancia y con la ayuda de un cuarto de tableta de Clonazepam, pude volver a dormir.

Desperté bastante tarde, alrededor de las 8:30 horas habiendo dormido unas nueve, pero sintiéndome cansado y con el cuerpo adolorido por el accidente ocurrido hace ya más de una semana. Bajé a tomar café con una rebanada de pastel comprado por mi madre con motivo de su cumpleaños (setenta y siete, hoy 23 de enero) mientras miraba unos videos musicales en youtube. Después me comí mi avena hervida en agua con pasitas y subí a bañarme con agua fría, como hago todos los días del año. El cansancio y el dolor seguían presentes, junto con un aletargamiento y una tristeza profunda acompañada de un desgano, pero curiosamente sin la sensación de que iba a suceder ninguna calamidad.

Y sin embargo, el transcurrir del día ha sido bastante difícil. A la hora a la que se vacía la oficina porque todo mundo se va a comer, dormí unos minutos (posiblemente 20) y al despertar continué con mi trabajo sintiendo que caminaba muy agotado por un terreno abrupto, árido y aburrido. Algo positivo es tener vacía el área a mis espaldas, pues las personas que ahí trabajan asistieron a un curso que duró todo el turno laboral y eso me dio la libertad de moverme cómodamente, sin sentirme observado si bien no tengo nada que temer, pues en ningún momento he hecho algo indebido.

El mayor sufrimiento en mucho tiempo ha sido mirar hacia atrás y contemplar mis enormes pérdidas. Hace poco (posiblemente dos semanas) me enteré de que mi queridísima amiga estaba redactando un informe sobre una investigación que hizo, me lo dijo en una fugaz conversación telefónica mencionando unas entrevistas que poner por escrito, resultaba más difícil de lo esperado.

Pensé entonces en las grandes capacidades de esta mujer extraordinaria a la que considero la mejor persona que he conocido en mi vida, y en lo mucho que me supera. Esto último no es motivo de sufrimiento, pues puedo aceptar que ella sea mejor que yo (algo de lo que no tengo duda), pero sí lo es el hecho de que todos mis años de inactividad me impidieron desarrollar facultades que de otra manera me habrían permitido realizar trabajos más acordes con mi formación académica y mis facultades, con una remuneración mucho mayor que la que percibo en mi trabajo monótono, aburrido y en gran medida ajeno a mí.

Te quiero mucho, amiga. Tú sabes quién eres.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Centro de Intervención en Crisis, SALME

  Un poco antes del amanecer del miércoles 17 de enero, volví a marcar el número de teléfono del Centro de Intervención en Crisis de SALME (...