Salí a comer (más bien me tomé mi tiempo de descanso, pues
estoy omitiendo esa comida) y le envié dos mensajes vía WhatsApp a la mujer que
amo, mismos que ella evitó leer y por supuesto, responder. Regresé a la oficina
después de las seis, pero muchos de mis compañeros todavía no se iban, lo que
supone una molestia para mí pues a partir de esa hora quisiera estar solo.
Soy demasiado sensible a las actitudes de otras personas y
me hice el propósito de que la inacción de esa mujer tan hermosa que ha
conquistado mi corazón no haya siquiera leído mis mensajes, no me haga sentir
mal, y mucho menos me vaya a provocar que se me venga el mundo encima. Si ella
llegara a confrontarme, yo le respondería que hace muchos años, cuando la
conocí (vía telefónica) me di cuenta de que tiene una inteligencia muy fuera de
lo común, un cociente intelectual muy alto, y si pone atención a lo que he
escrito sobre ella, se dará cuenta de que no tiene nada de que preocuparse.
En los últimos tres días (lo que lleva de la semana) he
sentido un tremendo cansancio físico, acompañado de un malestar estomacal, como
si no digiriera lo que como y con un dolor abdominal difícil de describir.
Anoche me desperté a las 3:30 horas y después de tomar agua, me tendí boca
arriba haciendo un esfuerzo por relajarme y respirar profundamente, palpando mi
abdomen con mis manos; mi imaginación desbordada me había llevado a pensar en
la posibilidad de que se estuviera desarrollando un cáncer en mis entrañas,
pero las palmas de mis manos no detectaron ninguna protuberancia y con la ayuda
de un cuarto de tableta de Clonazepam, pude volver a dormir.
Desperté bastante tarde, alrededor de las 8:30 horas
habiendo dormido unas nueve, pero sintiéndome cansado y con el cuerpo adolorido
por el accidente ocurrido hace ya más de una semana. Bajé a tomar café con una
rebanada de pastel comprado por mi madre con motivo de su cumpleaños (setenta y
siete, hoy 23 de enero) mientras miraba unos videos musicales en youtube.
Después me comí mi avena hervida en agua con pasitas y subí a bañarme con agua
fría, como hago todos los días del año. El cansancio y el dolor seguían
presentes, junto con un aletargamiento y una tristeza profunda acompañada de un
desgano, pero curiosamente sin la sensación de que iba a suceder ninguna
calamidad.
Y sin embargo, el transcurrir del día ha sido bastante
difícil. A la hora a la que se vacía la oficina porque todo mundo se va a
comer, dormí unos minutos (posiblemente 20) y al despertar continué con mi
trabajo sintiendo que caminaba muy agotado por un terreno abrupto, árido y
aburrido. Algo positivo es tener vacía el área a mis espaldas, pues las
personas que ahí trabajan asistieron a un curso que duró todo el turno laboral
y eso me dio la libertad de moverme cómodamente, sin sentirme observado si bien
no tengo nada que temer, pues en ningún momento he hecho algo indebido.
El mayor sufrimiento en mucho tiempo ha sido mirar hacia
atrás y contemplar mis enormes pérdidas. Hace poco (posiblemente dos semanas)
me enteré de que mi queridísima amiga estaba redactando un informe sobre una
investigación que hizo, me lo dijo en una fugaz conversación telefónica
mencionando unas entrevistas que poner por escrito, resultaba más difícil de lo
esperado.
Pensé entonces en las grandes capacidades de esta mujer
extraordinaria a la que considero la mejor persona que he conocido en mi vida,
y en lo mucho que me supera. Esto último no es motivo de sufrimiento, pues
puedo aceptar que ella sea mejor que yo (algo de lo que no tengo duda), pero sí
lo es el hecho de que todos mis años de inactividad me impidieron desarrollar
facultades que de otra manera me habrían permitido realizar trabajos más
acordes con mi formación académica y mis facultades, con una remuneración mucho
mayor que la que percibo en mi trabajo monótono, aburrido y en gran medida
ajeno a mí.
Te quiero mucho, amiga. Tú sabes quién eres.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario