miércoles, 23 de enero de 2019

Devolver golpes, y mi filosofía de la vida


La hermana menor de mi enemigo me buscó en la red social Facebook, habiendo creado un perfil apócrifo, inventando una identidad inspirándose en una prima radicada en el estado de Morelos. Su intención era insultarme por el daño infligido a su familiar, con a su esposa y sus hijos.

Leer la sarta de majaderías me produjo hilaridad y una satisfacción innegable, lo primero porque esta mujer (con una licenciatura en nutrición) escribe como el típico analfabeta funcional; y lo segundo porque el que se tomara tantas molestias para comunicarse conmigo indicaba que la afectación a su hermano, mi enemigo, había sido grave.

La existencia de ese individuo patético y cobarde que selló su destino cometiendo una infamia incalificable se halla caracterizada por el deterioro que se precipita sobre un ser humano cuando este decide acabar con su vida de una manera lenta, que tomará años, en lugar de hacerlo de golpe. Eso sí es cobardía, pues buscando evitar el terror de enfrentar una muerte inmediata, prefiere que la vida se disuelva lentamente, sin darse cuenta de que este proceso es mucho más doloroso y destructivo no solamente para él, sino para quienes lo rodean.

Sus familiares quieren señalarme a mí como responsable, lo cual no me preocupa en lo más absoluto y en cambio me produce un bienestar que no voy a negar. No me gusta dármelas de rudo, pero este es otro caso de un individuo que pensó que podía hacerme daño y seguir con su vida, que no tenía nada que temer de mí. El que sus seres queridos salgan muy lastimados al presenciar  la autodestrucción de este imbécil, no me produce ninguna satisfacción, pero tampoco ningún pesar. Cuando el suicidio de este hijo de puta se haya consumado (no tomará mucho tiempo pues el reverendo maricón es de una constitución física muy débil) me habré anotado otra victoria en uno de mis deportes favoritos, devolver golpes, con grandes dividendos para quienes me vieron vulnerable y se ensañaron conmigo.

Yo no creo en Dios, no creo en el perdón y no creo en la piedad para personas despiadadas. Después de decir esto, quiero aclarar que esta es solo una faceta de mi persona, pues en el otro lado hay una fuerte tendencia a hacer el bien, a llevar una vida correcta y ordenada, a buscar la justicia y a considerar el amor el bien supremo que debería regir la conducta de todo ser humano.

Solamente estoy pensando en voz alta.  

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Centro de Intervención en Crisis, SALME

  Un poco antes del amanecer del miércoles 17 de enero, volví a marcar el número de teléfono del Centro de Intervención en Crisis de SALME (...