martes, 12 de febrero de 2019

Martes, tristeza, depresión y malestar


Pasa de las 13 horas de este segundo día de la semana laboral, yo llevo aquí apenas dos horas, muchos de mis compañeros (la mayoría) salen a comer a esta hora. Estaba platicando con una compañera sobre un asunto en relación con la renuncia de un buen integrante de nuestro departamento, el pasado viernes, cuando llegó una idiota a interrumpir y terminó nuestra plática.

Luego sale otro compañero que me es particularmente desagradable a decir pendejadas y yo me alejo de él. El asunto que quería comentar con mi compañera tenía que ver con el director de RH, que tiene en la empresa menos de un año y resultó ser otro individuo pusilánime y cobarde, que no va a hacer lo que es su obligación, lo que indica su descripción de puesto en relación con el mal clima laboral que pueda presentarse, optando en cambio por participar en una farsa. Este tipo de personas me revuelven el estómago, gente que elige vivir en la cobardía, traicionarse a sí mismos, olvidarse de sus principios y la ética y convertirse en cambio en parte de la descomposición social. Un individuo como ese merece lástima.

Por otra parte, anoche me contactó vía Twitter una dama a la que he estado siguiendo durante algún tiempo, y ella me ha seguido a mí. Me envió mensaje directo y eso me agradó, pues es una mujer bonita, a todas luces joven, y de lo más agradable. Me dijo que trabajaba de noche y estaba a punto de iniciar su turno, por lo que dejamos la comunicación para continuarla cuando tuviéramos la oportunidad.

Al llegar a mi trabajo, cerca de las once de la mañana, ella todavía no había revisado su WhatsApp y yo le di información sobre mí. Hace 20 minutos pedí mi Smartphone en Seguridad y comprobé que ya había leído el mensaje que le envié, pero no me dio ninguna respuesta. Esto se suma a la frustración que ya sentía.

Pienso mucho en las situaciones injustas que he padecido en mi trabajo, y a ese respecto le atribuyo la mayor responsabilidad a la directora de mi departamento. He decidido alejarme de ella, pues no soy la clase de persona que se falta al respeto a sí misma, pero la lejanía de esa persona me molesta, lo que me hace cobrar conciencia de mi fuerte tendencia (a todas luces patológica) a prestarle demasiada atención a ciertas personas cuya importancia es muy relativa en mi vida.

Como he expresado antes, estoy viviendo la mejor época de mi vida porque cuento con un empleo que si bien no me da mucho dinero, sí me proporciona estabilidad económica, algo que nunca antes tuve pese a haber trabajado mucho para conseguirla. Ciertos aspectos de mi presente no están bien y es necesario hacer algo para corregirlos, uno de los más apremiantes la soledad en la que vivo, la cual se ha intensificado cuando me di cuenta de que mi relación con Laura, esa amiga a la que quise tanto, había llegado a su fin. En este momento pienso en ella y siento mucha tristeza, pero también resentimiento por su actitud deliberada de abandono, cuando sabía lo mucho que la quería y la necesitaba. No quiero enojarme con ella sino por el contrario, recordar todo aquello por lo que la he considerado una persona excepcional no olvidar todo lo que recibí de ella, procurando comprender aquello que ella hizo que me lastimó y aceptando el hecho de que se fue de mi vida y no va a regresar.

Mi situación es buena, pero me siento triste y deprimido y necesito cambiar eso.  

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