Durante la noche del sábado al domingo dormí bastante y
amanecí sintiéndome razonablemente bien, pero al mismo tiempo cansado y con
sensación de sueño. Así transcurrieron muchas horas, en las que no hice gran
cosa, lavé unas cuantas prendas de ropa en el lavadero y cerca de las dos de la
tarde, tras tomar más café, subí a mi habitación y me preparé para una sesión
de ejercicio en mi bicicleta de carreras. Inflé las llantas a la presión
adecuada y pedaleé sobre rodillos bastante tiempo, mientras ‘recorría’ 20 km.
Me sorprendió que habiéndome sentido tan cansado y con sueño, pudiera pedalear
con un ritmo rápido y potente. Tenía duda sobre si salir o no a completar el
ejercicio con un recorrido en un circuito cercano a mi casa, de 4000 m, una
gran parte con pendientes fuertes y sintiéndome así, fuerte y lleno de energía,
decidí hacerlo.
De hecho fue mi primera salida en cuatro semanas, pues el
domingo 13 de enero había sufrido una caída fuerte que afortunadamente no me
causó fracturas y quedó en raspones profundos y hematomas. Estrené mi casco de
ciclismo (ahora de color rojo) porque el anterior quedó inservible por el
impacto recibido y habiendo perdido peso (ahora estoy en 75 kg), es más fácil
ir más rápido, lo que me proporciona un gran bienestar, una gran satisfacción.
No parezco estar cerca de cumplir 55 años, tanto por mi
apariencia como por el nivel de energía y mi aptitud física. Este es uno de mis
logros importantes, algo de lo que puedo sentirme orgulloso pues pese a mi
historia de vida tan difícil, logré evitar el abuso de sustancias
convirtiéndome en un deportista serio en el ya lejano año 1980, hace 38 años,
un estilo de vida que mantuve y los frutos cosechados constituyen un fuerte
asimiento a la vida.
A otras personas, esto podría parecerles una victoria
pírrica, a mí no.
Horas antes había hablado por teléfono con otra psicóloga,
una mujer joven, excelente, repitiendo mucho de lo que le dije a su compañera
el día anterior, pero con un nivel de confianza aún mayor. Las conversaciones
con buenas psicólogas son muy productivas, con un gran contenido y de ahí debo
tomar notas porque es en esos momentos cuando aparece una gran comprensión
sobre los problemas, o sobre los fenómenos más importantes de mi existencia. En
inglés hay una palabra que define esto: insight.
Al mismo tiempo, sigue dominando mis pensamientos los
conflictos que he tenido con individuos del sexo masculino (con enorme
importancia por las consecuencias que estos han tenido) provocados por un
antagonismo, rivalidad o competencia de la que yo no estaba consciente, con una
fuerte carga de envidia.
Es un hecho que lo que he provocado una gran violencia
contra mí no han sido mis grandes defectos, sino mis grandes cualidades. Mi
padre me odió desde que yo era un niño que no tenía la edad para pisar el
kínder, y eso nunca cambió. Una vez, cuando yo estaba saliendo de la
adolescencia, ese mal individuo me miró con un odio no disimulado y exclamó ‘Rafael
(el nombre con el que siempre se refirió a mí) va a estar gordo’, refiriéndose
a mi futuro en la edad adulta. Cualquier padre se habría sentido orgulloso de
tener un hijo con un aspecto varonil, deportista, que reflejara un estilo de
vida saludable; pero este no sería el caso con mi padre.
Platicando con mi madre, le he expresado la idea de que si
yo hubiera sido un mamarracho, obeso, ignorante, de mal aspecto y peores
modales, propenso a abusar del alcohol, tal vez mi relación con mi padre no
habría sido tan terrible, incluso podría haber sido muy satisfactoria, pues un
pendejo de ese tamaño no le habría despertado una furia tan intensa, mucho
menos un odio homicida.
Otro conflicto con consecuencias devastadoras se dio con mi ‘amigo’
David, que hace 21 años (en noviembre de 1997) me dio el primer empleo de mi
vida para despojarme de él dos meses y medio más tarde, porque careciendo de
experiencia laboral y habiendo fallado en la universidad en dos ocasiones (en
otras palabras, pareciendo el prototipo de un perfecto fracasado), resulté ser
excelente en mi trabajo y quienes me rodeaban se dieron cuenta de que mis
capacidades intelectuales eran poco comunes. El verdadero problema fue que
David se diera cuenta de esto y de que él no era infinitamente superior a mí,
lo que le despertó una furia homicida y lo motivó para propinar una puñalada
por la espalda y arruinar a otro ser humano.
Ha sucedido lo mismo con personajes de menor importancia,
pero ha sido una constante a lo largo de toda mi vida (por lo menos como
adulto) que he sido objeto de ataques injustificados por mis buenas
características, más que por las malas.
Esto me lleva a darme cuenta de que si bien mi situación
laboral no es buena (porque he recibido un trato que no merezco), al mismo
tiempo, se me ha considerado un empleado valioso, de hecho excelente por la
calidad de mi trabajo, la rapidez con la que lo hago, mi productividad, mi
disciplina, puntualidad y asistencia, etc., lo que debería ayudarme a apreciar
este hecho y restarle importancia al lado negativo, a lo que sucedió a partir
de junio de 2017 en que regresé de una incapacidad de seis semanas (por una
fractura de clavícula, por una caída en bicicleta) y el deterioro de esa
situación durante los últimos meses de 2018.
Es necesario hacer análisis más racionales y menos emotivos.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario