El sábado en la mañana tuve un diálogo con Laura vía
WhatsApp, muy difícil, cargado de fuertes sentimientos, de mi parte dolor y
tristeza, de parte de ella, incomodidad y frustración por sentirse atacada,
careciendo de argumentos… o no sé, eso le tocaría decirlo a ella.
El resto del día fue difícil, me sentí muy mal anímicamente,
incluso con una gran necesidad de llorar y al llegar a casa, después de
desayunar (había acudido a una junta de al-anon, a la que no me quedé), hablé
por teléfono con una psicóloga a la que conocí en la misma época que Laura, en
diciembre de 2007 cuando mi padre acababa de morir. La llamada fue larga y mi
discurso se centró en lo que sentía, en lo que pensaba sobre esa mujer a la que
he querido tanto y a quien decirle adiós resulta tan triste, y que por otra
parte me despierta una profunda frustración por un asunto que no alcanzo a
comprender, ocurrido hace cerca de 10 años, en relación con una persona que se
convirtió en mi enemigo mortal, por quien Laura tomó partido sabiendo el daño
tan tremendo que me había hecho.
Durante la tarde, me senté a ver videos en YouTube, ahora no
musicales sino deportivos, unos de tennis con figuras de los 80s como John
McEnroe e Iván Lendl y poco más tarde, videos de ciclismo de pista,
específicamente de Victoria Pendleton, una ciclista inglesa que dominó el
sprint hace unos cuantos años y fue campeona olímpica y del mundo, una mujer
bellísima.
Mientras transcurría todo ese tiempo, yo hablaba con mi
madre (en voz bastante alta por su sordera parcial) acerca de Laura y lo que
ella hizo por mí, lo importante que ha sido desde aquella época en que me
atendió, lo mucho que he llegado a quererla y lo difícil que es hacerme a la
idea de que ya no la voy a volver a ver. Con todo esto, venían otras ideas
sobre lo que ha sido mi vida desde el principio, las enormes dificultades que
tuve que enfrentar, los esfuerzos que hice y la poca (casi nula) utilidad que
tuvieron, y cómo en el año 2006, poco tiempo después de la muerte de mi hermana
menor, de pronto me di cuenta de que había perdido la voluntad de vivir por
segunda vez y al parecer no la he recuperado y en momentos tan difíciles como
el presente, siento que esto ya no va a cambiar.
Estoy cansado de vivir, me siento muy solo, no encuentro ya
ninguna motivación y casi ninguna inspiración, pese a que mis circunstancias
son mucho mejores de lo que nunca fueron en toda mi vida, voy por la vida como
un robot, acudiendo a mi trabajo, regresando, haciendo deporte, conviviendo con
mis mascotas y con mi madre, tratando de evitar el dolor psíquico, sin un
rumbo, a la deriva, sin un proyecto de vida. No sé si esto pueda cambiar, pero
no vivir con un sufrimiento tan fuerte que me provoque pensamientos suicidas,
ya es bastante bueno.
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