lunes, 11 de febrero de 2019

El fin de semana pasado, sábado


El sábado en la mañana tuve un diálogo con Laura vía WhatsApp, muy difícil, cargado de fuertes sentimientos, de mi parte dolor y tristeza, de parte de ella, incomodidad y frustración por sentirse atacada, careciendo de argumentos… o no sé, eso le tocaría decirlo a ella.

El resto del día fue difícil, me sentí muy mal anímicamente, incluso con una gran necesidad de llorar y al llegar a casa, después de desayunar (había acudido a una junta de al-anon, a la que no me quedé), hablé por teléfono con una psicóloga a la que conocí en la misma época que Laura, en diciembre de 2007 cuando mi padre acababa de morir. La llamada fue larga y mi discurso se centró en lo que sentía, en lo que pensaba sobre esa mujer a la que he querido tanto y a quien decirle adiós resulta tan triste, y que por otra parte me despierta una profunda frustración por un asunto que no alcanzo a comprender, ocurrido hace cerca de 10 años, en relación con una persona que se convirtió en mi enemigo mortal, por quien Laura tomó partido sabiendo el daño tan tremendo que me había hecho.

Durante la tarde, me senté a ver videos en YouTube, ahora no musicales sino deportivos, unos de tennis con figuras de los 80s como John McEnroe e Iván Lendl y poco más tarde, videos de ciclismo de pista, específicamente de Victoria Pendleton, una ciclista inglesa que dominó el sprint hace unos cuantos años y fue campeona olímpica y del mundo, una mujer bellísima.

Mientras transcurría todo ese tiempo, yo hablaba con mi madre (en voz bastante alta por su sordera parcial) acerca de Laura y lo que ella hizo por mí, lo importante que ha sido desde aquella época en que me atendió, lo mucho que he llegado a quererla y lo difícil que es hacerme a la idea de que ya no la voy a volver a ver. Con todo esto, venían otras ideas sobre lo que ha sido mi vida desde el principio, las enormes dificultades que tuve que enfrentar, los esfuerzos que hice y la poca (casi nula) utilidad que tuvieron, y cómo en el año 2006, poco tiempo después de la muerte de mi hermana menor, de pronto me di cuenta de que había perdido la voluntad de vivir por segunda vez y al parecer no la he recuperado y en momentos tan difíciles como el presente, siento que esto ya no va a cambiar.

Estoy cansado de vivir, me siento muy solo, no encuentro ya ninguna motivación y casi ninguna inspiración, pese a que mis circunstancias son mucho mejores de lo que nunca fueron en toda mi vida, voy por la vida como un robot, acudiendo a mi trabajo, regresando, haciendo deporte, conviviendo con mis mascotas y con mi madre, tratando de evitar el dolor psíquico, sin un rumbo, a la deriva, sin un proyecto de vida. No sé si esto pueda cambiar, pero no vivir con un sufrimiento tan fuerte que me provoque pensamientos suicidas, ya es bastante bueno.

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