Este ha sido un día difícil, por varias razones, la primera
que estaba platicando con una compañera y llegó la otra idiota a interrumpir.
Después revisé mi Smartphone y me encontré que esa dama que me contactó por
Twitter vía DM no había respondido el mensaje que le envié por WhatsApp y hace
unos minutos, otra compañera con puesto de coordinadora me dijo una pendejada,
algo no desacostumbrado en ella pues es bastante tonta, pero lo hizo en el peor
momento posible.
No pienso mucho en Laura, algo un poco extraño pues decirle
adiós ha sido difícil, motivo de un duelo. Ocupan mis pensamientos personas de
mi trabajo con puestos importantes, de dirección, como la señora que encabeza
el departamento al que pertenezco y su homólogo de RH.
Conocí a ese individuo en abril del año pasado cuando él
tenía aquí alrededor de un mes y me causó muy buena impresión, por alguna
extraña razón me inspiró confianza. En los meses que siguieron me hizo sentir
importante por el modo como me saludaba cuando nos encontrábamos, y una
cercanía que asemejaba la que se da entre dos buenos amigos. Mi malestar siguió
incrementándose por la presencia cotidiana de la alimaña de mi departamento con
puesto de jefatura que me declaró la guerra a mediados del año 2017, cuando
regresé de una incapacidad de seis semanas. Por esto motivo acudí al director
de RH escribiendo documentos breves pero con información precisa sobre la
naturaleza del conflicto con este mal individuo. Poco antes había hablado con
el médico de la empresa sobre este asunto y había encontrado en él a un hombre
respetuoso, responsable y empático.
En octubre, estos dos individuos, el director de RH y su
subalterno el médico me llamaron a la oficina del primero porque la directora
de mi departamento había reportado una situación que ellos interpretaron como
de riesgo. Yo le había comunicado a mi directora que me iba a encargar que esa
alimaña con puesto de jefatura dejara de ser un problema para mí y ella se asustó
y creyó que iba a hacerle daño físicamente, pese a que yo había escrito
textualmente “todo dentro de la legalidad”.
Entonces el director de RH, en presencia del médico,
hallándonos los tres en la oficina hizo gala de una absoluta falta de ética, de
una naturaleza traidora y de una gran cobardía, manejando el asunto como si yo
fuera el origen del problema, separándome de mi trabajo por un espacio de casi
dos semanas, y enviándome a la institución pública donde recibo la atención
psiquiátrica a conseguir un certificado de persona no peligrosa.
Pasó el tiempo y seguí trabajando sin sentirme mal a este
respecto, mas en diciembre me negué a asistir a la comida del departamento con
motivo de la época navideña y de fin de año. Muchos de mis compañeros habían
expresado meses antes su firme intención de no asistir, pero llegado el momento
se mostraron cobardes y fueron, argumentando que lo hacían “para no tener
problemas”.
Hace menos de dos semanas se nos convocó a un aula para una
junta en la que ese director de RH, a petición de la directora de mi
departamento, nos expondría las razones por las que no se nos permite ingresar
a nuestras oficinas con Smartphone. Yo asistí porque era obligatorio a lo que
sabía sería un evento de lo más desagradable e innecesario. Cerca de concluir
esta bazofia, el director de RH se dirigió a todos los asistentes
preguntándoles si ya me conocían, haciendo que todos voltearan a verme. Esto me
molestó mucho, en primer lugar por ser una pregunta de lo más idiota (no sé
cómo podrían no conocerme, si pasamos muchísimo tiempo juntos en la misma
oficina). Al terminar esta porquería de evento esperé afuera al director de RH
y lo confronté, preguntándole para qué me señaló, a lo que él respondió “porque
estás aquí”, otra reverenda pendejada. Entonces me dijo “vamos caminando” a lo
que yo respondí “¿para qué?” Él me dijo “si quieres ahorita hablamos con tu
directora”. Yo di media vuelta y me fui.
Esta última idiotez, ‘si quieres ahorita hablamos con tu
directora” me dio a entender que ella se había quejado porque no asistí a la
comida del departamento y el directorcito cobarde estuvo dispuesto a hacerle el
juego, en lugar de darle la respuesta lógica, que esa clase de eventos son
voluntarios y ningún empleado tiene ninguna obligación de asistir.
Esta clase de actitudes de ineptitud, falta de ética y
cobardía llevadas al extremo me provocan repugnancia. Ya estoy en la edad
madura y tal vez por el modo como he vivido (en un tremendo aislamiento, debido
a mi patología), no me he dado cuenta de lo cruda que es nuestra realidad, de
que en nuestro entorno abunda la gente que acepta la cobardía, el engaño y la
simulación como una forma de vida y ni siquiera tienen conciencia de ello.
Independientemente de todo esto, para mí gente como esa no
merece más que desprecio y lástima.
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