martes, 12 de febrero de 2019

Un día difícil


Este ha sido un día difícil, por varias razones, la primera que estaba platicando con una compañera y llegó la otra idiota a interrumpir. Después revisé mi Smartphone y me encontré que esa dama que me contactó por Twitter vía DM no había respondido el mensaje que le envié por WhatsApp y hace unos minutos, otra compañera con puesto de coordinadora me dijo una pendejada, algo no desacostumbrado en ella pues es bastante tonta, pero lo hizo en el peor momento posible.

No pienso mucho en Laura, algo un poco extraño pues decirle adiós ha sido difícil, motivo de un duelo. Ocupan mis pensamientos personas de mi trabajo con puestos importantes, de dirección, como la señora que encabeza el departamento al que pertenezco y su homólogo de RH.

Conocí a ese individuo en abril del año pasado cuando él tenía aquí alrededor de un mes y me causó muy buena impresión, por alguna extraña razón me inspiró confianza. En los meses que siguieron me hizo sentir importante por el modo como me saludaba cuando nos encontrábamos, y una cercanía que asemejaba la que se da entre dos buenos amigos. Mi malestar siguió incrementándose por la presencia cotidiana de la alimaña de mi departamento con puesto de jefatura que me declaró la guerra a mediados del año 2017, cuando regresé de una incapacidad de seis semanas. Por esto motivo acudí al director de RH escribiendo documentos breves pero con información precisa sobre la naturaleza del conflicto con este mal individuo. Poco antes había hablado con el médico de la empresa sobre este asunto y había encontrado en él a un hombre respetuoso, responsable y empático.

En octubre, estos dos individuos, el director de RH y su subalterno el médico me llamaron a la oficina del primero porque la directora de mi departamento había reportado una situación que ellos interpretaron como de riesgo. Yo le había comunicado a mi directora que me iba a encargar que esa alimaña con puesto de jefatura dejara de ser un problema para mí y ella se asustó y creyó que iba a hacerle daño físicamente, pese a que yo había escrito textualmente “todo dentro de la legalidad”.

Entonces el director de RH, en presencia del médico, hallándonos los tres en la oficina hizo gala de una absoluta falta de ética, de una naturaleza traidora y de una gran cobardía, manejando el asunto como si yo fuera el origen del problema, separándome de mi trabajo por un espacio de casi dos semanas, y enviándome a la institución pública donde recibo la atención psiquiátrica a conseguir un certificado de persona no peligrosa.

Pasó el tiempo y seguí trabajando sin sentirme mal a este respecto, mas en diciembre me negué a asistir a la comida del departamento con motivo de la época navideña y de fin de año. Muchos de mis compañeros habían expresado meses antes su firme intención de no asistir, pero llegado el momento se mostraron cobardes y fueron, argumentando que lo hacían “para no tener problemas”.

Hace menos de dos semanas se nos convocó a un aula para una junta en la que ese director de RH, a petición de la directora de mi departamento, nos expondría las razones por las que no se nos permite ingresar a nuestras oficinas con Smartphone. Yo asistí porque era obligatorio a lo que sabía sería un evento de lo más desagradable e innecesario. Cerca de concluir esta bazofia, el director de RH se dirigió a todos los asistentes preguntándoles si ya me conocían, haciendo que todos voltearan a verme. Esto me molestó mucho, en primer lugar por ser una pregunta de lo más idiota (no sé cómo podrían no conocerme, si pasamos muchísimo tiempo juntos en la misma oficina). Al terminar esta porquería de evento esperé afuera al director de RH y lo confronté, preguntándole para qué me señaló, a lo que él respondió “porque estás aquí”, otra reverenda pendejada. Entonces me dijo “vamos caminando” a lo que yo respondí “¿para qué?” Él me dijo “si quieres ahorita hablamos con tu directora”. Yo di media vuelta y me fui.

Esta última idiotez, ‘si quieres ahorita hablamos con tu directora” me dio a entender que ella se había quejado porque no asistí a la comida del departamento y el directorcito cobarde estuvo dispuesto a hacerle el juego, en lugar de darle la respuesta lógica, que esa clase de eventos son voluntarios y ningún empleado tiene ninguna obligación de asistir.

Esta clase de actitudes de ineptitud, falta de ética y cobardía llevadas al extremo me provocan repugnancia. Ya estoy en la edad madura y tal vez por el modo como he vivido (en un tremendo aislamiento, debido a mi patología), no me he dado cuenta de lo cruda que es nuestra realidad, de que en nuestro entorno abunda la gente que acepta la cobardía, el engaño y la simulación como una forma de vida y ni siquiera tienen conciencia de ello.

Independientemente de todo esto, para mí gente como esa no merece más que desprecio y lástima.

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