La dificultad de este día aumentó cuando me tomé mi tiempo
de descanso, en que pude ver mi WhatsApp y la bella dama me había enviado un
mensaje avisándome que la próxima semana tal vez estaría libre y ella me
avisaría, lo que interpreté como un alejamiento, casi seguramente definitivo.
Me senté entonces en una de esas sillas reclinables de otro
edificio y me dispuse a escribir tweets reflejando la tristeza y la
desesperanza que sentía. Ser presa de sufrimiento despierta furia en muchas
personas, en otras provoca rechazo y en otras más, un desdén que expresan
haciendo juicios. ¿Cómo explicar esto?
Mi intención en ningún momento ha sido manipular a nadie,
sabiendo bien que sentirse mal anímicamente (sobre todo cuando se trata de una
patología) atrae violencia de parte de otras personas o en el mejor de los
casos indiferencia. Decirle a otros que no te sientes bien, o que sufres es una
buena manera de quedarte solo.
No obstante, no pretendo ir por la vida fingiendo ser feliz,
o por lo menos fingir que me siento bien si no es así. He enfrentado mis
circunstancias lo mejor que he podido y a cambio de ello he recibido muy poco.
Muchas personas me han juzgado sin elementos de juicio, sin ningún derecho y
sin que el modo como vivo les haya afectado de ninguna manera, haciéndome
sentir como un paria. Estoy muy enojado con la vida y por ello he albergado
dentro de mí mucho resentimiento, el dolor psíquico está presente la mayor
parte del tiempo y en ocasiones es excesivo, es entonces cuando sobreviene una
crisis.
Pensé en Laura y en el detalle del libro que compré en
amazon.com en el año 2016, con un precio de 1200 pesos, de terapia dialéctico
conductual en el idioma original (inglés), que le presté a esta mujer en
diciembre de ese año cuando éramos amigos, un sábado que fuimos a desayunar.
Tiempo después ofreció pagármelo y yo le dije que eso no era necesario, que lo
usara todo el tiempo que quisiera. A raíz de que decidió alejarse de mí, hace
unas dos semanas, se olvidó del asunto del libro, lo que me despierta dudas
sobre su honestidad.
En el diálogo difícil que sostuvimos vía WhatsApp el sábado
pasado le mencioné este asunto y ella me respondió que si quería ese libro me
dijera a dónde enviármelo. Yo se lo obsequié, lo que no disminuyó su enojo pues
no me expresó ninguna gratitud.
En este momento en que me siento tan mal, en que me duele
tanto mi soledad y la violencia de la que he sido objeto toda mi vida, cobrar
conciencia del desastre que esta ha provocado en mi existencia, empiezo a
preguntarme si lo que he pensado de esta mujer es real (mis sentimientos de
afecto hacia ella, considerándola una ser humano excepcional) o son producto de
haberla idealizado, ignorando muchas cosas sobre la vida que ha llevado y
pasando por alto lo mucho que revelaría sobre su persona aquel acto de traición
cometido hace cerca de 10 años en relación con la psicóloga que delinquió
contra mí, a quien Laura obsequió impunidad, pegándome por la espalda.
Al mismo tiempo pienso en esa joven que hace menos de 24
horas me contactó por Twitter, que me despertó en mí sentimientos de afecto e
interés en ella, pensando seriamente en que podía darse una relación
sentimental entre nosotros y muy rápidamente sobreviene un desengaño, la
conciencia de que en realidad no sé prácticamente nada sobre ella y su
comportamiento parece indicar una actitud de desinterés y carencia de humanidad,
de capacidad por sentir empatía y respeto por otro ser humano.
En este momento parece necesario volver a pensar en mi
situación actual, que es la mejor de toda mi vida. Mi trabajo no es el que yo
quisiera, pero me da estabilidad económica y finalmente hago algo que me gusta,
que cae dentro del campo de la escritura: traducir. En cuanto a mi salud, cuido
mi alimentación y me ejercito varios días por semana, lo que se refleja en una
buena apariencia física y ha ayudado mucho a mantener por lo menos en cierta
medida una salud mental, aunque esta sea bastante precaria.
No soy tan poquito como para merecer que otras personas me
juzguen sin conocerme, y he logrado mucho al llegar a la edad que tengo sin
haberme destruido, como han hecho tantas personas que no han tenido que
enfrentar circunstancias tan graves como las que a mí me tocaron, como parte de
una vida que yo no elegí.
Habrá que revalorar muchas cosas.
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