miércoles, 13 de febrero de 2019

Miércoles, empezar el día cansado y pensar en gente desagradable


Desperté en la madrugada, antes de las cinco de la mañana pero volví a conciliar el sueño, poco profundo. Cuando volví a despertar ya eran más de las seis, pero sentía mucho cansancio y fatiga muscular, como si el día anterior me hubiera sometido a una sesión de ejercicio muy intenso, lo cual no hice pues lunes y martes fueron días de descanso.

Poco antes de las siete salí de la cama y me dirigí a la cocina a tomar una taza de café para después prepararme para una sesión de ejercicio en bicicleta, sobre rodillos, que tomó poco menos de una hora cubriendo una distancia de 31 km. La noche anterior había salido a caminar con mis mascotas, mis perritas Chora y Clara, ejercicio que tomó unos 40 minutos. El regresar a casa tomé mi libro recién adquirido “The Borderline Personality Disorder Survival Guide”, pero me sentí muy cansado y sin darme cuenta me quedé dormido.

El día de ayer había sido bastante difícil porque me sentí molesto con varios compañeros de trabajo y la respuesta de la joven que me había contactado en Twitter la noche anterior me dio a entender que no iba a haber nada entre nosotros. Hoy me di cuenta de que es necesario disminuir drásticamente el tiempo que paso en esa red social y en lugar de ello pasar más tiempo leyendo. Hacer esto último me da una satisfacción, me hace sentir que hay una actividad adicional disfrutable en los días en que trabajo (que toma muchas horas cada día, dejando poco tiempo para hacer algo más) además de ejercitarme. He sentido que cinco séptimas partes de la semana transcurren sin ningún disfrute, dejando los últimos dos para dedicarme a algo que me produzca alguna satisfacción. Por ello he decidido hacer un mayor esfuerzo en perseguir actividades provechosas que disminuyan la frustración en la que vivo y aumenten mi bienestar personal y en consecuencia mi calidad de vida.

El médico de la empresa ha ocupado mis pensamientos en la última semana, de forma obsesiva y bastante negativa pues evocar su imagen y su comportamiento me produce rechazo por la clase de persona que es. Lo conocí el día que se me hizo el examen médico, después de lo cual firmé mi contrato; debió ser viernes 24 de abril de 2015. Esa primera vez que lo vi me causó muy buena impresión, pero con el paso del tiempo encontré en él a un individuo lejano y frío, su actitud parecía un tanto despectiva, la de un hombre en las puertas de la tercera edad profundamente frustrado, la imagen inequívoca de un fracasado.

A mediados del año pasado acudí al departamento médico porque me sentía muy mal tanto física como anímicamente y más tarde pude hablar con él, que me preguntó quiénes de entre mis compañeros en la oficina me habían hecho sentir mal y al darle la repuesta, los identificó como “bien conocidos”. En octubre jugó un papel en las medidas que tomó Recursos Humanos para separarme casi dos semanas de mi trabajo y enviarme a conseguir un “certificado de persona no peligrosa”. De todos modos, seguí confiando en él, pero el miércoles de la semana pasada me di cuenta de que es un individuo bastante tonto, además de acomodadizo y carente de valor; en otras palabras, otro cobarde igual que su jefe, el director de RH.

La razón de esto es que me dijo que mi compañero alimaña, que me hizo la guerra desde mediados de 2017 cuando regresé de una incapacidad de seis semanas, era un individuo común, sin grandes defectos ni malas costumbres, que él había tenido una leve diferencia con él que se había arreglado favorablemente, cuando unas semanas antes me había expresado su firme convicción de que esa persona era verdaderamente dañina, protegida por la directora de mi departamento.

Un indicativo de la clase de fracasado que es este señor es que aparenta de ocho a diez años más de los que tiene, carece de toda presencia y lleva una vida insana, sedentaria, abusando del tabaco, a todas luces gris, sumido en una profunda depresión que jamás va a poder superar. Proyecta una imagen muy negativa y es la clase de persona que no invita ninguna cercanía, como un ser animado desprovisto de voluntad y de vitalidad.

Otra persona por la que habría que sentir lástima.

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