Me tomé mi tiempo de descanso, llevándome el libro
mencionado en la entrada anterior, pero sintiéndome muy cansado leí solamente
un apartado del capítulo 2, en el que se mencionan mitos del trastorno límite
de la personalidad [Borderline personality disorder], pero me referiré a eso
más adelante.
Lo que en este momento quisiera expresar es que estoy
tremendamente deprimido, siento una tristeza horrible, un tedio insoportable y
dolor tanto físico como psíquico (mucho mayor el segundo), creo que todo esto motivado
en buena parte por el fin de mi relación con Laura, la mejor persona que he
conocido en mi vida, y a la que más he querido.
Había borrado su número de los contactos de mi Smartphone
para que no apareciera en mi WhatsApp y que al mirar su avatar me causara
dolor, pero no verla resulta más doloroso. Dice un refrán que ‘mientras haya
vida hay esperanza’, y con mi tendencia a soñar despierto, imagino una
situación en que ella me sugiere que volvamos a ser amigos, algo absolutamente
irreal, pero de alguna manera me proporciona un alivio, así sea temporal.
Y no sé qué la motivó a dejarme solo, se me ocurre que pudo
haber sido mi tendencia a expresar mis sentimientos hacia ella de una manera
muy abierta, con un número de personas (colegas de ella, algunas de las cuales la
conocen) y es posible que tenga razón, pero yo siempre dejé claro que lo único
que esperé es que fuéramos amigos, sabiendo que otro tipo de relación era una
imposibilidad.
Me he dado cuenta de que Laura asume responsabilidades que
no le tocan (como cuidar a sus suegros, ancianos y con problemas de salud muy
serios, si bien la señora murió tempranamente en el 2018), motivada, según mi
hipótesis por la necesidad de que otras personas la quieran; con esto me
refiero a que parece haber encontrado en los hermanos de su cónyuge a la
familia que siempre quiso. Su afirmación con la que se describe como “muy
asocial” me llamó mucho la atención, y me imagino que la ha usado con todas
aquellas personas que la conocen de lejos, que no conviven mucho con ella y cuyo
trato no involucra al círculo social de ella. ¿Su motivación? Explicar mediante
una racionalización su alejamiento de sus padres, que deduzco que le fallaron,
tal vez miserablemente.
Bueno, en estos últimos cuatro párrafos he expuesto el
motivo del estado depresivo que me aqueja, después de lo cual me referiré a
otros asuntos.
He estado en mi empleo actual durante tres años y nueve
meses, un tiempo considerable tomando en cuenta que en los poquísimos empleos
que tuve antes, el mayor tiempo en uno fue de nueve meses y medio (en una
empresa de la maquiladora electrónica), desempeñando una labor denigrante,
operador (eufemismo de la palabra obrero). El empleo que desempeñé entre el 17
de noviembre de 1997 y el 2 de febrero de 1998 (escasos dos meses y medio), en
una empresa de la maquiladora electrónica donde no trabajé como obrero, sino
como técnico ambiental y de seguridad e higiene, dejó heridas abiertas que
sangraron profusamente durante muchos años. De hecho fue el primer empleo de
toda mi vida, ingresé sin ninguna experiencia pero pude desempeñarlo (de forma
sobresaliente) en buena parte por mi dominio del idioma inglés, y por contar
con una formación académica muy sólida en ingeniería, aun si no concluí mi
licenciatura.
Mi sueldo asignado era el equivalente a mil dólares,
muchísimo dinero tomando en cuenta que jamás había tenido una remuneración.
Sentía que cada 14 días se renovaba mi condición de hombre rico. Trabajé una
barbaridad, mucho más de lo que estipulaba el contrato, sin esperar pago de
horas extras ni compensación tipo ‘tiempo por tiempo’ ni nada parecido. Yo lo
hacía porque tenía la firme intención de aprovechar esa oportunidad, tener el
mejor desempeño posible e iniciar de forma excelente una carrera en un sector
de la industria.
Todo esto llegó a su fin en la última semana de enero de
1998, cuando mi ‘amigo’ David, abrumado por no ver realizada su expectativa de
demostrar una superioridad intelectual absoluta sobre mí, hizo gala de un
carácter vil y traidor y me humilló profiriendo palabras extremadamente
ofensivas. Manifestó su sufrimiento surgido de su debilidad física congénita
que siempre quiso compensar con un intelecto formidable (una masturbación
mental permanente, y descomunal), y habiéndome elegido para probar sus fuerzas,
creyéndome débil, esperando una victoria segura, al verse superado por un rival
que ni siquiera sabía que era tal, mostró su verdadera naturaleza y cometió una
infamia que a mí me mandó a un infierno peor que el que ya conocía.
Pasaron muchos años y a mediados del año 2006 (ocho años
después de la caída), a unas semanas de la muerte de mi hermana menor, cobré
conciencia —muy dolorosa— de que había vuelto a perder la voluntad de vivir y
se fueron los años que quedaban de mi juventud sin que trabajara y fuera productivo,
lo cual representó dirigirme hacia un precipicio sin poder detenerme. Cuando
comencé a recibir la primera atención psiquiátrica eficiente de toda mi vida,
en febrero de 2011, a dos meses de cumplir 47 años, caí en un estado de
anedonia, pasando incluso la mayor parte del día y de la noche en la cama,
dormido, y cuando no era así, escuchando la radio.
En una consulta, la médico psiquiatra que me atendía (de
nombre Fabiola) me preguntó ‘¿qué espera de la vida?’, a lo que yo respondí
‘nada, solamente quisiera dejar de sufrir’. Después le dije que quisiera haber
muerto hace muchos años, que no quisiera estar vivo.
Como quiera que sea, el empleo que he desempeñado durante
los últimos tres años y tres cuartos ha representado la etapa más importante de
mi vida adulta, caracterizada por la capacidad de asumir una responsabilidad
durante un tiempo muy prolongado y enfrentar diversas situaciones difíciles,
como conflictos con compañeros de trabajo, cansancio crónico, tedio y la
conciencia de que se perdieron 17 años de mi vida y de que me veo obligado a ir
por la vida ocultando mi pasado, pues casi nadie puede entender que haya pasado
la mayor parte de mi vida sin trabajar.
Parece importante tener en mente el enorme avance que he
conseguido en estos últimos años, demostrándome a mí y a otras personas que
tengo una capacidad intelectual innegable y no pasé mi juventud en la
irresponsabilidad y la holganza, como han afirmado enemigos gratuitos como
Jeffery Jung, el esposo gringo de mi hermana Mónica, o el esposo padrote
mantenido y vividor de mi hermana Yolanda.
Mi historia laboral en esta empresa es una insignia de distinción, y un logro en sí
misma. También es una faceta muy importante en mi recuperación. Me referiré a
esto último en la siguiente entrada.
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