El sábado no salí de casa más que a una tienda de
conveniencia, a unas cuantas cuadras de distancia a comprar cerveza y tortillas
que me encargó mi madre y por esa razón no me bañé durante el día. Pasé mucho
tiempo en la cama, durmiendo siestas y ya tarde decidí ejercitarme en mi
bicicleta de carreras, sobre rodillos. Llegué a un número significativo, 600 km
(no sé cuándo comencé el conteo, debió ser a mediados de enero) lo que
significa que el kilometraje está verdaderamente muy bajo, estoy entrenando poco,
pero pese a ello la sesión me hizo sentir bien y la concluí haciendo ejercicios
con pesas.
Habiendo terminado de ejercitarme hablé por teléfono con la
dama que encontré en una red social, algo muy agradable porque el contenido de
nuestra conversación estuvo caracterizado por un nivel intelectual y cultural
muy alto, por la exposición libre de ideas dejando de lado inhibiciones,
tapujos y falso pudor, y en cambio mostrando honestidad de la mano con
sinceridad. Lucy y yo hablamos de nosotros mismos, dándonos información uno al
otro sin intentar mentir, ocultar algo sobre nuestras respectivas historias o
asumir actitudes pretenciosas. Cerca del final de la llamada le dije a esta
dama que me llegaba un mal olor pues tenía su fuente muy cerca de mi nariz: mi axila;
no me había bañado en cerca de 36 horas (el viernes en la mañana) y tenía que
hacerlo urgentemente, con agua fría. Ella me preguntó por qué me baño con agua
fría y yo le hablé de los beneficios de hacerlo así, cómo la baja temperatura
del agua constriñe los vasos sanguíneos aumentando la irrigación de sangre a
todo el organismo, cómo se propicia una respiración profunda y el agua fría
tonifica la piel. Lucy me invitó a suponer algo acerca de ella y entonces intuí
que ella tiene esa misma costumbre, lo que no me sorprendió tratándose de una
persona que lleva un estilo de vida muy sano.
Una vez terminada la llamada procedí a tomar el susodicho
baño, después de lo cual salí a caminar con mis mascotas, un evento un tanto
estresante por el comportamiento tan impetuoso y falto de disciplina de mis
perritas, a las que a decir verdad no me he tomado el tiempo para educarlas
pese a que ya cumplieron 23 meses en casa.
Al día siguiente me levanté razonablemente temprano y
comencé el día viendo videos en YouTube mientras tomaba café con pan. Poco más
tarde tomé el teléfono y busqué con una psicóloga de una institución de salud
pública que me ha atendido durante unos dos años y medio y le hablé de los
últimos acontecimientos y le expresé ideas importantes, una de las cuales que
yo considero que ella tiene un cociente intelectual muy alto, es probable que
sea más inteligente que yo y eso lejos de intimidarme o hacerme sentir un
complejo de gusano, me proporciona un gran bienestar pues lo mejor que me puede
pasar es tratar con personas inteligente, una de cuyas características es que
no asumen actitudes de superioridad, no ven a nadie desde arriba ni van por la
vida con la actitud idiota y destructiva de competir con el prójimo.
Al terminar la llamada (cerca de las diez de la mañana) me
dirigí a Walmart a comprar el mandado de la semana, regresé a casa en taxi y le
pedí a mi madre que me diera de desayunar. Sentía una inquietud respecto a la
práctica de mi deporte, el ciclismo, que limito casi exclusivamente a entrenar
en rodillos y en domingo a hacer un recorrido corto cerca de casa, en un
circuito que incluye pendientes fuertes pero de todos modos resulta
insuficiente como entrenamiento para mi deporte específico. Unos minutos
después del desayuno decidí ponerme mi atuendo de ciclista y dirigirme a la
carretera, eran las 12:30 del día, una hora bastante tardía para iniciar un
recorrido.
Durante el ejercicio observé mi ritmo cardiaco en mi nuevo
monitor, bastante arriba del promedio (superior a 160 pulsaciones por minuto)
que había registrado durante la semana (ciento cuarenta y tantas pulsaciones
por minuto). Pasé por un pueblo a 16 km de mi punto de partida y me enfilé
hacia una autopista, con intención de recorrer 10 km (donde se encuentra la
primera caseta de cobro) para ahí dar media vuelta. Al llegar a ese punto, el
velocímetro de mi bicicleta marcaba 31 km y medio.
Llegué a casa dos horas y media más tarde, habiendo
recorrido 63 km, lo que habla de un promedio de velocidad bastante bajo, aunque
habría que mencionar que buena parte del recorrido fue cuesta arriba, en
pendientes prolongadas. Hallándome de regreso en mi hogar tomé mucha agua, pues
me había deshidratado principalmente por haber acompañado el desayuno con unos
sorbos destilado de caña y una cerveza y no haber llevado suficiente agua para
el recorrido. Tomé un baño y más tarde noté que la piel de mi rostro, mi
cuello, mis brazos y mis piernas estaba muy enrojecida por la exposición al sol
en las horas en que pega más fuerte.
Pasé bastante tiempo descansando en la sala, mirando videos
en internet (por televisión), ahora buscando material erótico, fino, bello, la
exhibición de la anatomía al desnudo de una manera muy estética, artística. Una
vez que tuve hambre le hablé a mi madre para que me diera de comer, después de
lo cual (cerca de la hora en que se oculta el sol) salí al patio trasero a lavar
un mínimo de prendas de ropa en el lavadero y bañar a mis mascotas, después de
lo cual salí a caminar con ellas, lo cual sirvió para pasearlas y al mismo
tiempo se les secara el pelo.
El fin de semana fue bueno, si bien no leí prácticamente
nada y esa es una actividad crucial en mi presente, que en conjunto con
escribir de forma creativa puede constituir mi realización y mi recuperación
para llevar una vida plena y dejar de sufrir por un pasado que ya no es posible
cambiar.
Seguiré intentándolo.
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