Desperté veinte minutos antes de las seis y decidí llevar a
caminar a mis mascotas. Al regresar eran cerca de las siete y sentía un
tremendo cansancio físico, por lo que regresé a la cama y dormí hasta que sonó
la alarma de mi celular, las 8:50 horas. Esa fatiga me hace preguntarme si su
origen no será simplemente mi edad, en 50 días habré cumplido 55 años y pese a
mi buen aspecto físico y mis habilidades atléticas (nada del otro mundo)
empiezo a pensar que mi pérdida de vitalidad tiene que ver simplemente con mi
edad cronológica. No importa, puedo vivir con eso.
Por otra parte, a menos de haber empezado a usar una red
social para conocer gente del sexo opuesto e intentar establecer una relación
de amistad cercana o de pareja, es altamente probable que este fin de semana
vea a una dama, doce años más joven que yo. He visto su perfil en esa red
social, que tiene una sola foto y al pasarnos a WhatsApp, aparece la misma
imagen en su avatar. Su nombre es María y tiene 42 años, dice medir 1.60 m de estatura
y tener sobrepeso, lo cual no me importaría mucho, pues lo que busco es una
mujer especial a quien tomar de la mano mientras caminamos, a quien abrazar, a
quien besar su epidermis, con quien tenderme en el lecho mientras dialogamos…,
en otras palabras, alguien a quien amar.
Mañana sábado tendré que ir al trabajo, pues el próximo
lunes tengo cita en Psiquiatría en el Hospital Civil Fray Antonio Alcalde y
llegaré a trabajar unas dos o tres horas
más tarde de lo acostumbrado. Veré a la linda dama residente de psiquiatría que
me ha atendido desde septiembre del año pasado, a quien he visto tres veces en
consulta y una vez a principios del mes de octubre pasado, en que acudí en un
estado anímico lamentable por el problema que tuve en mi trabajo. Deberé hablarle
a mi médico tratante de los acontecimientos importantes, por ejemplo aquel
diálogo a principios de diciembre con una psicóloga vía telefónica en que me di
cuenta de que es muy común que quienes padecen mi trastorno límite de la
personalidad vivan sin trabajar, y lo grave que es eso. Yo lo equiparo a
dirigirme directamente hacia un precipicio, sin poder hacer nada para
detenerme.
Otro tema será el fin de mi amistad con Laura y no sé si
vaya a mencionarle el acto de traición de esta psicóloga hace cerca de 10 años,
cuando rompió la neutralidad a favor de su compañera mujerzuela y delincuente
(otra psicóloga, que se había involucrado conmigo sentimentalmente) y en contra
mía. No sé si la tristeza y el desgano que he sentido hoy se deban en parte a
que Laura se fue de mi vida, o la causa pudiera ser otra, simplemente un
desequilibrio químico en mi encéfalo, cosas así.
En la noche, después de cenar hablaré por teléfono con
María, una mujer que parece tener tanta necesidad de compañía como yo. He
pensado proponerle que nos veamos mañana, cerca de mi trabajo para de ahí irnos
a algún lado. En la primera cita le hablaría de lo solo que me siento y de la
necesidad de una compañera y le pediría que me dejara ser muy afectuoso con ella,
tanto verbal como físicamente. ¿Podemos hacer eso, María? En la foto de su
perfil, se ve un rostro simétrico y bello, piel clara y pelo oscuro, me imagino
abrazando su cuerpo y el contacto dando lugar a una reacción en mi organismo
que me produce una felicidad intensa. ¿Sucederá mañana sábado, el domingo tal
vez? Lo sabré en unas horas.
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