jueves, 7 de marzo de 2019

El deporte como un estilo de vida, un mecanismo de evasión e ideas un tanto irreales


Anoche, al llegar a casa sentí un fuerte cansancio físico, dándome cuenta de que el ejercicio realizado el pasado domingo, y el martes constituyó actividad física considerable tanto en distancia recorrida como en intensidad y haberle dicho adiós a Luz contribuyó a hacerme sentir mal anímicamente. Era afortunado que hubiera llevado a pasear a mis mascotas a las cinco de la mañana, pues así podría irme a la cama sin sentir culpa por no darles lo que les es tan necesario, su caminata cotidiana.

Desperté bastante tarde, unos minutos antes de las ocho y bajé a la cocina a tomar café y un pedazo de pan para regresar a mi habitación a ejercitarme en mi bicicleta de carreras sobre rodillos. A las nueve de la mañana debo bajar a desayunar para inmediatamente subir a bañarme y vestirme y salir rumbo a mi lugar de trabajo; por ello, empezando mi sesión de entrenamiento unos minutos después de las ocho no tenía mucho tiempo y decidí pedalear unos 40 minutos, lo que implica veintitantos kilómetros de recorrido (una distancia corta) pero además quería realizar unos cuantos ejercicios con pesas. Así lo hice y el resultado fue muy positivo, pues me ayudó a comenzar bien el día dándome la sensación de que estoy viviendo correctamente, trabajando y siendo productivo, llevando un estilo de vida saludable y cambiando el rumbo de mi vida. Sin embargo, también tengo la dolorosa conciencia de que estoy muy solo y este es un problema grave que no sé si pueda resolver.

En aquel lejano 1997, en que cumplí 33 años, inicié el año con un sobrepeso bastante serio, indicando la báscula más de 80 kg cuando toda mi etapa adulta había andado por los 70 kg. Había pasado la mitad del año anterior internado en una clínica de rehabilitación, donde tomaba medicamentos para mi grave patología (que yo ignoraba, nunca se me informó que la padecía) y cuando me dieron de alta dejé de tomarlos, principalmente porque me provocaban eyaculación retardada y mis relaciones sexuales con una novia que conocí en esa clínica, no eran satisfactorias. El sobrepeso fue otro motivo para abandonar la ingestión de medicamentos.

Al principio de ese año (1997) comencé a ejercitarme cotidianamente en mi bicicleta de carreras y pese a aumentar considerablemente mi ingesta calórica, perdí mucho peso en muy poco tiempo. Al cabo de unos dos meses y medio había perdido 13 kg y me hallaba en 70 kg. Para finales de ese año, obtuve el primer empleo de toda mi vida, lo que se convirtió en uno de los mejores acontecimientos de mi existencia; perderlo dos meses y medio más tarde, en uno de los peores.

Ahora que he perdido mi sobrepeso y mi índice de masa corporal es óptimo, tengo en mente ese cambio que se dio en mi vida, al que además vinculo con otro hecho, un kilometraje de mis recorridos en bicicleta, acumulado en un periodo de tiempo. Quiero decir, que siento que estos factores hicieron posible que se diera un cambio muy afortunado en mi vida (obtener un empleo bien remunerado). Siempre he sabido que esto es irreal y no tiene sentido, pero durante muchos años me ejercité en mi bicicleta esperando que cuando alcanzara la marca de los 10 000 km se presentaría  un cambio laboral que me sacaría de la pobreza y daría a mi existencia un giro de 180 grados.

A raíz de lo que ha pasado en los últimos meses en mi trabajo, he desarrollado sentimientos ambivalentes hacia el mismo, teniendo conciencia de lo importante que es y los beneficios que ha traído a mi vida, pero al mismo tiempo, sintiendo que mi situación ha sido injusta porque se me separó de mi trabajo durante un periodo cercano a dos semanas tras haber respondido a una agresión de un compañero, que venía dándose desde hacía más de un año y hasta donde yo sé, él no enfrentó ninguna consecuencia por ello.

Otro asunto relacionado con mi práctica del ciclismo tiene que ver con uno de los conflictos más serios que he tenido en mi vida, por las consecuencias que acarreó para mí: aquél que se dio con un individuo de nombre David, al que creí mi amigo, me contrató para ese primer empleo de toda mi vida y al darse cuenta de que no era infinitamente superior a mí en todo aquello que implicara desempeño intelectual me pegó por la espalda, despojándome del empleo y arruinándome. Su motivación fue el odio que despertaron nuestras diferencias como hombres contemporáneos (quiero decir que nos hallábamos en el mismo rango de edad). Cuando comencé a interactuar con él (evito la expresión ‘hacer amistad’) yo había sido ya un deportista serio durante cuatro años y él, un año más joven que yo, llevaba una vida sedentaria y era excepcionalmente débil. Puesto que fue la envidia lo que lo impulsó a cometer una vileza que arruinó a otro ser humano (a mí), una pasión alimentada por mi práctica deportiva (en ese entonces ya era un ciclista y había sido un deportista durante 17 años), que yo siga en actividad causa estragos en la vida de ese hijo de puta, colocándolo al borde del precipicio.

Sé muy bien que todo esto es irreal, pero al mismo tiempo no tengo el convencimiento pleno de ello y eso se debe probablemente a que en el mundo hay fenómenos que no tienen una explicación científica, pero suceden de todos modos.

Espero que la vida de ese hijo de puta se esté convirtiendo en un verdadero infierno, simplemente porque eso sería lo justo.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Centro de Intervención en Crisis, SALME

  Un poco antes del amanecer del miércoles 17 de enero, volví a marcar el número de teléfono del Centro de Intervención en Crisis de SALME (...