En un contexto histórico, el legado de la Rosa Blanca tuvo significado para muchos tanto como una demostración de valor espiritual ejemplar, como un caso bien documentado de disidencia social en una sociedad de represión violenta, censura y presión conformista.
La dramaturga Lillian Garret-Groag afirmó en Newday el 22 de febrero de 1993, que “es posiblemente el momento más espectacular de resistencia en el que puedo pensar en el siglo veinte… El hecho de que cinco jóvenes, en la boca del lobo, donde realmente contaba, tuvieran el tremendo valor para hacer lo que hicieron, es espectacular para mí. Sé que el mundo es mejor porque ellos estuvieron en él, pero no sé por qué”.
En el mismo número de Newsday, el historiador del Holocausto Jud Newborn hizo notar que “usted no puede medir realmente el efecto de esta clase de resistencia respecto a si un número X de puentes fueron volados en pedazos o un régimen cayó.. La Rosa Blanca en realidad tiene un valor simbólico, pero es un valor muy importante”.
Else Gebel compartió la celda de Sophe Scholl y registró sus últimas palabras antes de ser llevada a su ejecución. “Es un espléndido día soleado, y tengo que irme. Pero no sé cuántos tienen que ser llevados a ser ejecutados, cuántas vidas jóvenes promisorias. ¿Qué importa realmente mi muerte si mediante nuestros actos miles son advertidos y alertados? Entre el cuerpo estudiantil habrá con seguridad una revuelta”.
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