martes, 26 de marzo de 2019

Me roban mi Smparthone, pierdo mi número, se cierra otro círculo, este muy grande


Anoche me robaron mi Smartphone en la calle, unos minutos después de salir de mi trabajo y al llegar a casa hablé con un “ejecutivo” de la compañía telefónica que me prestaba el servicio, muchacho imbécil que hizo puras pendejadas y me hizo sentir más frustración y enojo.

Hoy en la mañana acudí a una sucursal de esa empresa de telefonía, AT&T con intención de comprar un Smartphone económico y el dependiente me dijo que no vendían equipos solos, sino con plan. Después de batallar con este imbécil salí rumbo a Telcel (compañía que había abandonado cinco años antes) y compré un equipo de bajo precio, con una recarga correspondiente, siendo atendido por personas muy jóvenes, pero pese a su falta de seriedad en el trato, agradables y con buena disposición.

Mi pensamiento un tanto disfuncional me lleva a pensar en que habiendo perdido ese número que usé desde julio de 2005, es decir desde hace 13 años y ocho meses, se cierra un círculo muy grande y esto es un indicador de grandes cambios en mi vida. Inicié con ese número que usé ayer por última vez  a mediados del año 2005, en que trabajaba como operador en una de las empresas de la maquiladora electrónica, de mala reputación, haciendo un trabajo denigrante que tenía como único aspecto positivo darme para comer, no padecer hambre.

Dos años antes mi hermana Mónica nos había visitado a mi madre y a mí (que en ese entonces vivíamos juntos, como ahora) trayendo a su esposo gringo y me había asestado un golpe devastador, siendo manejada como un títere por su cónyuge de raza blanca. Teniendo 41 años de edad (en 2005), pensaba mucho en el suicidio, ya no veía nada en mi futuro y en realidad nunca tuve una clara idea de lo que sería, posiblemente por vivir con un pie y medio en la locura.

Ahora tengo un empleo en el que estoy a un mes de cumplir cuatro años, en el que he tenido dificultades, pero me ha dado estabilidad económica y la satisfacción de hacer algo que me gusta, una forma de escritura, la traducción de un idioma a otro. Han pasado 21 años desde que David me arruinó y desde entonces no lo he visto, y lo más seguro es que jamás vuelva a encontrarlo en mi vida, es muy probable que le espere una tragedia, pues él también es un enfermo mental, a pesar de que la trayectoria de su vida no evidencie este hecho y con eso me refiero a que él sí concluyó una licenciatura, después comenzó a trabajar siendo un hombre muy joven, estudió un postgrado, se casó y crio una familia, etc.; pero su comportamiento habla de traumas que crecieron en su psiquis durante sus años de crecimiento, mismos que a semejanza del cáncer crecen e invaden órganos vecinos y un día propician la ruina y el deceso de su anfitrión.

El recorrido en bicicleta de 100 km del pasado domingo representa una faceta central de mi existencia, y también un motivo de la violencia de la que he sido objeto por parte de individuos ruines y cobardes como mi padre, mi “amigo” David y ese psiquiatra de nombre Flavio. El primero se fue de este mundo hace ya más de una década, y le seguirá el segundo habiendo recorrido una senda de destructividad análoga, dejando a su familia en la ruina.

Su esposa ya lo odia y les  inocula ese sentimiento a sus hijos, pues es así como el veneno se transmite de generación en generación. Y el pobre imbécil soñó con la gloria; su caída será muy satisfactoria para mí.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Centro de Intervención en Crisis, SALME

  Un poco antes del amanecer del miércoles 17 de enero, volví a marcar el número de teléfono del Centro de Intervención en Crisis de SALME (...