viernes, 29 de marzo de 2019

Pensamiento disfuncional y la expectativa de que mi vida dé un giro afortunado


En noviembre de 2017 compré un Cyclocomputer marca Sigma, de fabricación alemana (maquilada quién sabe dónde, muy probablemente en China) que en ciertos momentos ha dado problemas, como dejar de funcionar de repente, cuando me he hallado pedaleando y la lectura del velocímetro marca 0 km/h y todas las funciones aparecen como si la bicicleta se hallara detenida, y el ciclista en reposo.

Eso me sucedió ayer jueves 28 de marzo, en la mañana, mientras me hallaba ejercitándome en mi bicicleta, sobre rodillos. De pronto ya no se registró ningún avance ni absolutamente nada y yo me detuve, bajé de la bicicleta e intenté acomodar el imán (sujeto a un rayo de la rueda delantera, para que pase muy cerca del sensor), sin ningún éxito. De todos modos seguí pedaleando hasta completar los 60 minutos que me había propuesto, pero la lectura de la distancia total (que inicié hace algunas semanas) quedó en 1288 km, y yo siempre procuro evitar que aparezca el dígito 8 en la lectura del odómetro o del tiempo del recorrido. Esto porque en mi pensamiento disfuncional, siento que si aparece una cifra con ese número, me va a suceder algo muy malo y voy a enfrentar una situación muy mala.

Sé muy bien que esto no tiene sentido, pero eso no me ayuda a deshacerme de estas ideas y de la preocupación que me provocan. Sin embargo, a principios de julio de 2018, un domingo la lectura del odómetro mostró ese número en las dos últimas posiciones (88), y el día siguiente fue muy difícil, al grado que estuve cerca de caer en una de mis crisis emocionales. ¿Fue esto un ejemplo de autosugestión? No tengo la respuesta, pero la verdad lo dudo.

De forma paralela, he perdido peso en los últimos dos meses y ahora estoy en la cifra ideal, 72 kg. Mi índice de masa corporal es de 22.7, lo cual es considerado excelente.

En el año 1997, en que cumplí 33 años de edad, perdí unos 13 kg en menos de tres meses, un sobrepeso que había ganado el año anterior pasando la primera mitad del mismo internado en una clínica de rehabilitación donde dejé de hacer ejercicio,  tomé medicamentos (muy probablemente antipsicóticos) y al ser dado de alta, pasé muchas horas del día durmiendo y pese a volver a ejercitarme, las sesiones no eran regulares ni muy intensas. Al iniciar ese año (1997) comencé a usar mi bicicleta de carreras cotidianamente, y habiendo suspendido la ingesta de medicamentos unos meses antes, la pérdida de peso fue espectacular. Ya cerca de terminar el año (en el mes de noviembre), fui contratado para el primer empleo de toda mi vida, ganando una cantidad de dinero que a mí me parecía una fortuna, el equivalente a mil dólares mensuales, de aquel entonces. Será fácil entender que habiendo vivido todos mis años anteriores sin ingresos y por lo tanto con muy poco dinero, ese sueldo parecía una fortuna.

En mi mente, conecté la pérdida de peso y alcanzar una cifra en una de las funciones de mi cyclocomputer (el odómetro, 10 000 km) con ese acontecimiento, obtener mi primer empleo. Perdí ese trabajo al terminar enero de 1998 y ese fue uno de los acontecimientos más terribles de toda mi vida. En los años que siguieron, viví ejercitándome en mi bicicleta de carrera (en la medida de mis posibilidades debido a la pobreza a la que regresé y mi patología mental tan grave) esperando que al llegar a la cifra de los 10 000 km obtendría otro empleo con una remuneración justa y saldría del infierno en que se había convertido mi vida. Por supuesto, esto nunca sucedió.

Sin embargo, 17 años después de esa caída tan terrible (perder ese empleo), en abril de 2015 obtuve uno digno, que desempeño en la actualidad y en el que en menos de un mes cumpliré cuatro años. Como quiera que sea, a lo que quería llegar es a que ahora que vuelvo a encontrarme en mi peso ideal, y he recorrido miles de kilómetros en mi bicicleta (si bien no podría precisar cuántos, pues las lecturas de mi cyclocomputer han sido borradas por diferentes causas), siento que está por presentarse un acontecimiento trascendental en mi vida, si bien no sé en qué consistirá este.

Cuando me he comentado este tipo de expectativas que a un observador le parecería que su realización es improbable (o tal vez imposible) me he referido a fenómenos que se dieron en épocas pasadas, por ejemplo en Estados Unidos, en que habían hombres que con la rama de un árbol con la forma de un delta, sosteniéndola sobre un área de terreno, podían detectar si bajo su superficie había un cuerpo de agua (posiblemente a bastante profundidad) y cuando detectaban tal cosa, no fallaban. Esto no tiene una explicación científica, y sin embargo sucedía.

Pero no puedo usar este argumento para asegurar que mi presentimiento se va a hacer realidad. No obstante, siento como algo tangible que un acontecimiento muy bueno se va a presentar en mi vida y en algún momento sentiré que vale la pena seguir adelante y la idea del suicidio habrá quedado atrás, definitivamente.

Estaré esperando.

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