Desperté demasiado temprano, de madrugada, posiblemente
antes de las cuatro de la mañana temiendo no poder volver a conciliar el sueño;
después de orinar y tomar agua seguí en la cama con la luz apagada, preocupado
pero sin sentir angustia por no estar durmiendo. Como a las 4:20 decidí
levantarme y bajar a la cocina a tomar una taza de café, después de lo cual me
puse mis prendas de ciclismo para proceder a inflar las llantas de mi bicicleta
a la presión adecuada (120 psi) y pedalear 20 min (una distancia de 10 km)
sobre rodillos. Al terminar salí a la calle y me dirigí a mi circuito de 4000 m
que incluye un tramo prolongado cuesta arriba. La temperatura era muy
agradable, baja y por alguna razón esto pareció darme energía y pude hacer un
esfuerzo más intenso de lo habitual en este recorrido. Usé mis luces de
tecnología led, si bien la luz trasera (colocada en el poste del asiento, de
color rojo) se hallaba descargada. Me ejercité durante una hora 15 minutos,
recorriendo unos 32 km (sumados a los 10 km que había recorrido en rodillos).
La velocidad promedio podría considerarse muy baja, pero habría que tomar en
cuenta la proporción de pendiente cuesta arriba. Al llegar a casa, como a las
6:30 horas se hallaba la puerta abierta, mis perritas en la cochera y mi madre
en la cocina. La autora de mis días me recibió con una sonrisa, habiendo bajado
a prepararse un plato de avena, lo que le ayuda a volver a dormir.
Subí a mi habitación sintiendo un gran bienestar y me
despojé de mis prendas de ciclismo, volví a ponerme las que uso como piyama, me
tapé con sábana y cobijas y volví a dormir, más o menos una hora y media entre
las 7:00 y las 8:30 horas. Había hecho ese recorrido (si bien más prolongado)
el domingo pasado y la proximidad entre un ejercicio y otro es un excelente
indicador de una forma física que progresa significativamente.
El sábado pasado fui a trabajar cuatro horas, de las once de
la mañana a las tres de la tarde para pagar por adelantado el tiempo que me
ausentaría el lunes siguiente para asistir a mi cita en Psiquiatría en el
Hospital Civil, a la cual acudí ayer, llegando una hora antes de la apuntada en
mi tarjetón. La médico residente que me atendió hasta el día de ayer me recibió
porque la paciente citada para esa hora se había retrasado. Esta joven se
hallaba acompañada de otra estudiante de medicina y la sesión transcurrió de
manera apacible, pero muy fructífera.
Le hablé a Aura de los acontecimientos de diciembre pasados,
principalmente de aquella llamada a atención psicológica vía telefónica en que
descubrí que los pacientes con TLP comúnmente viven sin trabajar, y la
afectación que eso tuvo en mí. También le narré los acontecimientos ocurridos
en mi trabajo, como el hecho de que me negué a ir a la comida de mi
departamento, realizada el viernes 14 de diciembre, viernes, y las razones de
mi ausencia.
Algo de particular importancia fue el mal clima laboral de
mi departamento (el peor de toda la empresa) y el hecho de que a mi parecer,
autoridades a las que les toca atender esto han optado por hacer de mí un
recurso muy útil. Pueden argumentar que la situación en mi departamento no es
mala, eso es una percepción mía (equivocada) debida a mi patología. El problema
con esto es que no toma en cuenta que muchísimos empleados de toda la empresa
dicen que esta área “está horrible” y cuando se abre una vacante, no se
presenta ningún candidato interno. Tampoco sirve para explicar el malestar de
un porcentaje muy alto de quienes trabajamos en esta área de la empresa, la
alta rotación y los síntomas de estrés y conflicto.
Mientras hablaba con Aura, teniendo a la otra joven
presente, mencioné que la semana antepasada me había tocado traducir un
artículo médico que trataba de medicamentos con extractos pancreáticos, usados
principalmente para adultos con pancreatitis crónica y por niños con fibrosis
quística. Le pregunté a Aura sobre un término (over the counter, en inglés) que
yo traduje como “medicamentos que se venden sin prescripción médica” y esta
linda joven me dijo que ese término es correcto, tanto como “medicamentos de
venta libre”. Esto en relación con mi interacción con el médico de la empresa,
que según él traduce cuando no domina el idioma inglés (tendrá cuando mucho un
nivel intermedio) y ni siquiera sabe escribir correctamente en español (por
ejemplo, depende del corrector ortográfico, algo inaceptable en un traductor).
Esto sucede con muchas personas, que saben un poco de inglés y se ponen a
traducir, haciendo una labor que debería darles vergüenza, puras cochinadas,
sin tener la menor conciencia de ello.
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