Y esa linda joven, residente de psiquiatría en la
institución pública donde recibo la atención desde hace ocho años (febrero de
2011) me atendió ayer lunes 11 de marzo por última vez, me dijo “va a haber
cambio de médico”, lo que significó una mala noticia para mí, pues el trato con
ella fue excelente desde el principio y he llegado a sentir afecto y gratitud
hacia ella, no solamente por lo bien que hizo su trabajo, sino por su belleza
como ser humano.
Aura me atendió por primera vez en mayo de 2018, la segunda
vez fue en septiembre y entonces le informé que ya no estaba tomando ningún
medicamento. A ella no le gustó esto, pero asumió una actitud de respeto, dando
a entender, sin decírmelo, que yo tenía derecho a decidir. Al despedirse me
dijo “te voy a ver en un mes y medio”. A principios de octubre tuve un problema
en mi trabajo, una situación injusta y entonces busqué a esta linda joven; en
mi empleo me habían pedido un dictamen sobre mi tratamiento para mi trastorno
límite de la personalidad (TLP) considerándome un individuo violento,
posiblemente peligroso. Aura se percató de lo mal que me sentía y mostró su
típica actitud tan humana, empática y respetuosa. Me dijo que en esa
institución no se dan dictámenes (eso solamente en el instituto de ciencias forenses)
sino resúmenes clínicos. Cuando salí del consultorio me dijo “gusto en
saludarte, Oscar”, bonitas palabras que me hicieron sentir mejor.
El último lunes de ese mes volví a ver a esta joven en
consulta y ella me explicó que debido a alteraciones químicas en mi cerebro,
hay sustancias que no produzco o por lo menos no en la cantidad suficiente y es
necesario suministrarlas en forma de medicamento. Platiqué con esta persona tan
bonita, tan especial informándole que a partir de ese día tenía un nuevo
horario de trabajo, de 11:00 a 20:00 horas, un gran avance porque es muy cómodo
y me libra del estrés de ir y venir de y hacia mi trabajo en horas pico.
Me dieron cita para marzo y volver a ver a esta dama tan
joven, tan competente y tan bella fue una vez más una grata experiencia, pero
tristemente fue la última. Al despedirnos le estreché la mano y ella me dijo “cuídate
mucho”, me habría gustado poder abrazarla, pero hay cosas en la vida que no son
posibles. Le estreché la mano a la joven que se hallaba acompañándonos (también
estudiante de medicina) y me retiré.
Te voy a llevar en mi corazón, Aura. A lo mejor un día te
conviertes en mi médico particular. Hasta entonces.
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