miércoles, 13 de marzo de 2019

El transcurrir del día y recordar a personajes de la historia, personas extraordinarias


Esta madrugada salí de la cama a las 5:00 horas con la intención de pasear a mis mascotas y así lo hice, en una caminata de unos 40 minutos de duración. Al regresar subí a mi habitación y volví a la cama a seguir durmiendo, lo que hice hasta las 8:30 horas. No sentí culpa por no haberme ejercitado, pues sentí que era necesario descansar después del esfuerzo realizado ayer en la bicicleta.

Durante la jornada laboral he traducido una sección de un documento que consiste en información sobre numerosas investigaciones relacionadas con un fármaco para el estreñimiento, muy densa y laboriosa, pero no me quejo; es preferible al trabajo monótono que implica mi labor cotidiana.

Recordé a la psicóloga Celia Bucay, con quien hablé durante algunas semanas en un servicio de atención psicológica vía telefónica que al parecer ya llegó a su fin, y no sé si se vaya a reanudar. Esta dama, mucho más joven que yo, resultó una mujer muy especial por su alto grado de preparación, su inteligencia y su disposición a hablar conmigo. Cuando supe cuál era su apellido me llamó la atención y se lo comenté, ella me respondió que posiblemente tenía origen judío. Tiempo después le pregunté si creía en Dios y su respuesta fue afirmativa, en contraste conmigo, pues mi ateísmo es firme. Ella cree en Dios, pero sin religión, lo cual me parece de lo más acertado.

Le hablé a esta terapeuta de diferentes personajes de la historia, entre ellos Glenn Cunningham (un deportista estadounidense que vivió entre los años 1909 y 1988, a quien yo admiro), de los hermanos Hans y Sophie Scholl (estudiantes de la Universidad de Múnich durante la Segunda Guerra Mundial, en la Alemania Nazi, a quienes también admiro) y otras personas como Konrad Lorenz, ganador de un Premio Nobel de histología, a quien desprecio por haber sido un nazi.

En un momento dado recordé a los antes mencionados Sophie y  Hans Scholl, dos personas a las que considero extraordinariamente valientes y busqué en amazon.com algún libro sobre ellos y su grupo de amigos, fundadores y miembros de la Rosa Blanca. Encontré uno en un precio que ronda los 260 pesos (en inglés) y decidí comprarlo. Esa es la clase de personas que necesito tener en mente para por lo menos intentar darle sentido a mi vida, pues estoy en un pantano del que no parezco ser capaz de moverme.

Resulta interesante que en la cita del lunes pasado con Aura, la joven residente de psiquiatría que me atendió hasta ese día, le comenté sobre lo difícil que es para mí tratar con tantas personas, porque muestran la estupidez endémica que afecta a una gran parte de la población del país en que vivo. Le mencioné a una psicóloga de una institución pública que hace muchos años (once, durante el 2008, un año especialmente difícil), en un diálogo le comenté que al terminar la preparatoria fui expulsado de la universidad fascista del estado en el que vivo (a la que yo llamo Universidad Hitleriana de Guadalajara) por no haber estado de acuerdo con su ideología nacional socialista. Ella era egresada de esa institución y cuando le dije que ahí consideran a Adolfo Hitler y sus secuaces héroes incomprendidos de la historia, ella exclamó “muy respetable”, una frase de una estupidez inaudita.

Cuando platico con otras personas, es frecuente que dé a conocer mi postura antifascista y anti nazi, algo que realmente no sé cuántas personas comparten conmigo.


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