viernes, 18 de enero de 2019

A la mujer que amo


Creí que de alguna manera te habías enterado de que había escrito sobre ti. Esta mañana, mientras me dirigía al trabajo borré tu número de entre mis contactos, porque verte en mi WhatsApp, contemplar tu bellísimo rostro es motivo de sufrimiento para mí, pues sé bien que no es a mí a quien amas y eso no va a cambiar jamás.

Me tomo mi tiempo de descanso, saliendo un poco antes de las seis de la tarde y al recoger mi Smartphone en Seguridad, lo enciendo y encuentro dos mensajes de WhatsApp. Uno del tipo que iba a atenderme en la asociación psicoanalítica, de nombre Juan Carlos; dice “nos vemos mañana a las 10 de la mañana”. Al leer eso, decido no asistir y olvidarme del asunto, pero todavía no se lo comunico.

El otro mensaje viene de ti, en que me dice “hola, ¿cómo seguiste?” refiriéndote a mi estado de salud en relación con el accidente del domingo, el estrellón en mi bicicleta. Respondo “qué sorpresa” y más tarde tú continúas con el diálogo. Yo evito seguir, de momento, regreso a la oficina pensando en lo injustas que pueden ser tantas situaciones.

¿Y sabes que te amo? Imagino que en algún momento has leído en uno de mis blogs cuáles son mis sentimientos hacia ti, que te considero la mujer más hermosa del mundo. Tengo un cierto número de imágenes en las que tú apareces (casi ninguna impresa) y en todas tu aspecto me cautiva y al mismo tiempo siento un profundo dolor porque no puedes estar conmigo, porque la consumación del amor que siento por ti es una de tantas cosas que no son posibles en mi existencia, a la que en ciertos momentos reconozco que odio.

El sábado pasé por tu consultorio después de salir de la asociación psicoanalítica y te busqué, te hice saber que no te había encontrado y a todas luces eso no significó nada para ti. Otra vez me queda claro que yo no soy nada para ti, pero alejarme supone un evento tan doloroso, que decido no hacerlo. Así mi vida, caracterizada por la carencia. He vivido en pobreza, en soledad, con mala salud mental, siendo señalado por muchas personas, considerado un paria, avergonzándome por una condición de vida que yo no elegí y de la que ni siquiera tenía conciencia y  por supuesto no podía entender.

La parte más dolorosa ha sido esa soledad. Busco una compañera y no la encuentro. Cuando me acerco a una mujer, ella me ignora, o se aleja de mí como si hubiera visto a un hombre peligroso, cuando lo único que he intentado es establecer un vínculo de respeto, afecto y amor. ¿Cómo explicar todo esto? Hubo una vez en que quise dejar de vivir por eso, hace muchos años. El trance casi me mató.

Ahora es diferente. No tengo casi ningún interés en la vida y si fuera fácil acabar con ella, lo haría uno de estos días. Algo bueno es que puedo pagar para recibir el amor que necesito, ahora que llevo una vida productiva me puedo dar el lujo de hacerlo. Un observador podría decir que eso no es amor, algo que muchos considerarían un acierto. Yo creo que no lo es tanto.

No sé cuántos años más voy a vivir, pero sí sé que estoy muy cansado y que quisiera acostarme a dormir y ya no despertar. Sería más deseable tenerte en mis brazos y besar tus labios, fundirme contigo en una unidad de amor que me hiciera olvidar mis problemas y dejar de sufrir, así fuera por unas horas, pero no va a suceder.

Tu ausencia me duele lo que no te imaginas.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Centro de Intervención en Crisis, SALME

  Un poco antes del amanecer del miércoles 17 de enero, volví a marcar el número de teléfono del Centro de Intervención en Crisis de SALME (...